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miércoles, 17 de septiembre de 2014

"Nunca escuchamos hablar del terrorismo que se le hace a Cuba"

Así lo aseguró Elizabeth Palmeiro, esposa de uno de los '5 héroes' cubanos sentenciados en EE.UU.

Por:  LUIS ALEJANDRO AMAYA | 
Foto: Claudia Rubio / EL TIEMPO

Elizabeth Palmeiro dice que los '5 héroes' frustraron planes contra Cuba

El 12 de septiembre de 1998 cinco ciudadanos cubanos fueron arrestados en Miami (EE. UU.) por el FBI acusados de espionaje y daño severo a la seguridad nacional, tras llevar a cabo misiones que el Gobierno cubano considera como infiltraciones para evitar actos de terrorismo y desestabilización política en la isla.

El objetivo de Fernando González, René González, Antonio Guerrero, Gerardo Hernández y Ramón Labañino, los “5 Héroes”, como se les denomina en Cuba, era el de infiltrar organizaciones del exilio cubano para pasarle información a su gobierno sobre las acciones de éstas en pro de un cambio institucional.
El proceso tuvo todos los avatares posibles en medio de las constantes disputas entre Estados Unidos y Cuba. Tanto Fernando como René ya cumplieron sus condenas de quince años cada uno, mientras que a Labañino le quedan diez años más de presidio y sobre Hernández pesan dos cadenas perpetuas.

Elizabeth Palmeiro, esposa Labañino, habló en una entrevista con EL TIEMPO sobre el caso de los “5 Héroes”.

¿Cuándo fue la más reciente ocasión en la que pudo ver a su esposo?
Fue ahora en agosto, lo vi muy bien, teniendo en cuenta las condiciones en las que se encuentra. Está muy confiado en que pronto se logre un cambio en la situación y él y sus dos “hermanos” que quedan presos puedan ser liberados.

¿Cómo puede cambiar esa situación?
Ya Fernando y René cumplieron hasta el último día de sus condenas. A mi esposo le quedan diez años por cumplir, Antonio debe salir en el 2017 y Gerardo se supone que debe morir en prisión, que es lo que más nos preocupa.
La situación de René en Estados Unidos al final tenía unas condiciones muy anormales, su vida corría peligro porque la gente a la que él infiltró para conocer de sus planes terroristas pagaba por saber su ubicación para hacerle pagar por lo que había hecho. Gracias a las acciones de nuestros familiares se pudieron obstaculizar muchos planes terroristas contra Cuba.

¿A qué organizaciones se infiltró?
Muchas de esas ONGs de Miami, la Fundación Nacional Cubano Americana, Alpha 66, Hermanos al Rescate, Movimiento Democracia, organizaciones del exilio que dicen luchar por la libertad en Cuba, pero que en realidad son terroristas que se han organizado desde el mismo triunfo de la Revolución para aterrorizar Cuba por medio de atentados, sabotaje, bombas y muchas otras formas.
Nunca se habla del terrorismo que desde el propio Estados Unidos, en este caso desde Miami, se ha llevado a cabo contra Cuba, que no conoció el terrorismo el 11 de septiembre de 2001, sino de antes. Por conocerlo de antes es que hombres como mi esposo y sus compañeros decidieron un día aceptar ir a cumplir esas misiones.

¿Cómo supo usted que Ramón las cumplía?
Nunca me lo dijo. Esa conversación nunca la tuvimos. Cuando él empezó a faltar a la casa por razones de trabajo, estaba en España como economista cumpliendo misiones que tendrían que ver con tratar de aliviar la situación económica en nuestro país.
Tiempo después me comenzó a decir que su trabajo no era exactamente en Europa, que tendría tiempo para decirme, pero que estaba en nuestro continente. Que sus misiones eran muy importantes y que iban a requerir mucho sacrificio de mi parte. Nunca me imaginé los peligros que él estaba corriendo.

¿Cómo fue el día en que lo arrestaron?
Terrible. Se me movió la tierra, caí en un abismo del que todavía no he podido salir, que lo voy a hacer el día en que Ramón regrese a la casa. Llegaron unos compañeros y me dijeron que Ramón había sido arrestado y ahí me enteré que estaba en Miami. Sospechaba que podía estar por aquí, pero no precisamente en Miami. Las labores de nuestros familiares estaban destinadas a conocer de planes terroristas contra Cuba, planes de los cuales se le advirtió al gobierno de Estados Unidos.

¿Cómo percibe el manejo judicial que se le ha dado al proceso de los “5”?
Cuando los arrestaron, parecía un caso más sencillo, pero ante la presión de congresistas cubano-estadounidenses como Bob Menéndez e Ileana Ros Lehtinen se empezó a manipular todo lo que tenía que ver con las labores y las misiones verdaderas de nuestros familiares. Silenciaron todo y empezaron a enfilarse hacia involucrar a uno de ellos con el derribo de dos avionetas en el año 1996. Involucraron a Gerardo, que nada tenía que ver con eso y le endilgaron ese cargo para darle un tinte político al caso.

LUIS ALEJANDRO AMAYA
Redacción Internacional 

jueves, 10 de julio de 2014

Entrevista a Carlos Aznárez: "Huir de la imparcialidad que plantea el sistema"

http://www.marcha.org.ar/index.php/elmundo/opinion/5416-carlos-aznarez-huir-de-la-imparcialidad-que-plantea-el-sistema

Domingo, 06 Julio 2014
Foto: Facundo Andicoechea
Por Leandro Albani. Marcha dialogó con Carlos Aznárez, símbolo de quienes eligen fusionar el periodismo y la militancia. Sus inicios junto a Walsh, su extensa trayectoria cubriendo conflictos por todo el mundo y la actualidad mediática en la región.
Periodista que cruzó (y todavía cruza) las fronteras que sean necesarias para obtener información, Carlos Aznárez conjuga el oficio de la prensa y una militancia política de larga trayectoria. Militante de la organización político-militar Montoneros en la década del ´70, tuvo el privilegio de compartir el mismo puesto de combate con Rodolfo Walsh y un grupo de militantes que le dieron forma a la célebre Ancla, la agencia de noticias clandestina que durante el primer año de la dictadura militar (1976-1983) denunció el terrorismo de Estado en Argentina.
Periodista de patear calles y zonas en conflicto, Aznárez transitó la redacción de los diarios argentinos Noticias, La Razón, Página/12 y Sur, y de las revistas Crisis y Fin de Siglo. También es autor de los libros Tupamaros, Lorenzo Miguel. El padrino de la mafia sindical, 500 años después: ¿descubrimiento o genocidio?, Los sueños de Bolívar en la Venezuela de hoy y Rebeldes sin tierra: historia del MST de Brasil. Además, hace más de veinte años dirige Resumen Latinoamericano (www.resumenlatinoamericano.org), colectivo que publica un periódico en Argentina, Cuba, Uruguay, Venezuela y Europa, y semanalmente produce un programa de radio y otro de televisión.
En esta entrevista con Marcha, Aznárez habló sobre el rol del periodista especializado en temas internacionales, pero además demanda que los trabajadores de la prensa tengan un compromiso para el cambio social en el continente. A su vez, analiza el funcionamiento de los grandes medios de comunicación y sus implicancias en la realidad cotidiana.
-En el actual siglo veintiuno globalizado y conflictivo, ¿qué rol cumple un periodista que trata temas internacionales?
-Un periodista que se tome en serio los temas internacionales tiene mucho hilo para cortar en la actual coyuntura. Cada vez más los localismos, incluso los regionalismos, están siendo superados por enfoques macro, y eso permite generar cuadros de situación más estratégicos. Sólo con lo que ocurre en Latinoamérica, a partir de los cambios sucedidos en la última década, podemos establecer comparaciones, armar mapas radicalmente distintos a los antes utilizados; poner, como suele decir Eduardo Galeano, el norte en el sur y viceversa. A partir de allí, cada victoria o retroceso de los movimientos sociales y populares, enfrentando al imperialismo, ilumina, desde el punto de vista informativo, la posibilidad de bucear en el discurso de los nuevos neocolonizadores, y descubrir hasta dónde quieren llegar. Y cuánto se necesita poner en juego para que no lo logren.
Los periodistas no estamos exentos de esta ofensiva, y es por eso que cada vez más se impone huir del escenario de la maldita imparcialidad que nos plantea el sistema, y sumarnos con todo a la lucha de los que se rebelan contra el orden establecido.
-¿Con el paso del tiempo, la cobertura internacional fue cambiando para abordar los temas?
-Han ocurrido algunos cambios pero hay escenarios que se repiten. No parece muy diferente la cobertura que se podía hacer en los ‘70, con la URSS de pie, y la guerra fría generando todo tipo de situaciones y conflictos, a lo que hoy ocurre en Siria e Irak, Ucrania o en la propia Venezuela. En el siglo pasado, el cuadro más realista pasaba por saber que quién apretaba primero el botón de la guerra nuclear tendría sólo segundos más que su contendiente para disfrutar de la vida. Esa dramática advertencia moldeaba cualquier enfoque de la política internacional. O en el período latinoamericano y tercermundista en el que Fidel y el Che, Camilo Torres y Marulanda convocaban a generar “uno, diez y cien Vietnam”, y las guerrillas se levantaban en armas en Latinoamérica, en África y Asia. Escribir sobre ello y empaparse de todo lo que esas gestas trasmitían, provocaron que muchos de nosotros fusionáramos la “profesión” con la militancia, y ésta finalmente se quedara con el todo.
Han pasado los años y, sin embargo, algo sigue siendo noticia: el imperio estadounidense ha subsistido y continúa amenazando la paz mundial. Antes invadía Bahía de Cochinos, Santo Domingo, Panamá o Granada, y ahora se abalanza sobre Sudán, Somalía, Irak, Afganistán, Libia o Siria. A su calor es que surgieron los llamados periodistas “enganchados”, que en los grandes conflictos internacionales se convierten en voceros de los ejércitos invasores de turno o en alcahuetes de los portavoces del imperio. Ahora abundan tanto que llegan a molestar, por el tufillo que generan. Pero también hay otros colegas que ponen el cuerpo para contar la realidad de esos conflictos. Son aquellos que no reciben premios ni salen en las portadas de los diarios y sin duda están haciendo historia anónimamente, reivindicando la esencia no contaminada de la profesión.
-¿Cómo influyen las nuevas tecnologías en la cobertura de las noticias internacionales?
-Para un periodista que se precie, la cantidad de información que hoy circula, gracias a internet y las famosas redes sociales, multiplica por cien las posibilidades de armar un archivo de datos con total inmediatez. Lo importante es saber cómo y dónde se para frente a ese cúmulo de noticias, y además saber discernir cuánta “mercadería en mal estado” circula por las redes, y cuál es el metro-patrón que usaremos para separar la paja del trigo. Es necesario saber usar la tecnología pero no encandilarse demasiado con ella, para que no termine provocando parálisis a la hora de cubrir tal o cual información. Es verdad que se ha ganado en rapidez, pero también es cierto que en otros momentos más incómodos, el cronista estaba obligado a despegarse de su sillón y salir a campear la información allí donde se produzca. Esa posibilidad de contrastar no la cambio por nada.
-¿Pensás que los grandes medios en Argentina no le dan la importancia necesaria a los temas internacionales?
-Piensan que no hace falta, que todo es más fácil cubrirlo por internet, pero se pierde la posibilidad de presenciar in situ los conflictos, sacar conclusiones más valederas, desplegar el ingenio para llegar donde a otros no les interesa llegar. También es cierto que hay bastante de tacañería en ciertos “grandes medios” y eluden el hecho de mandar a alguno de sus escribas al país que está ardiendo por los cuatro costados. Esa tarea ahora, y antes también, parece estar reservada para esa tribu empeñosa que son los freelancers, que sabiendo que van a tener poca competencia se tiran a la pileta en los escenarios más duros.
-Estuviste en muchas partes del mundo realizando coberturas. ¿Cuál es la importancia de que el periodista se encuentre en el lugar del hecho?
-Anduve por muchos países en el momento justo como para aprender y sacar conclusiones que tenían una validez incomparable. Viajé a Irak y Palestina varias veces, al Sahara Occidental, Marruecos, Túnez, Siria, la ex URSS, Europa casi toda, y varios puntos clave de Latinoamérica. En todos esos países, lo más importante fue el contacto directo con sus gentes, con sus sueños y fracasos a la hora de pelear por sus reivindicaciones. Eso no lo cambio por nada, y mucho menos por “mirar la guerra desde lejos para salvar el pellejo”. Hay algunos corresponsales que a pesar de que van a los escenarios de conflicto, es como si no existieran, ya que se encierran en los hoteles de lujo y desde allí transmiten los que otros colegas les cuentan. Obviamente, eso no tiene nada que ver con la palabra periodismo.
-En los procesos progresistas y de izquierda en América Latina, ¿cómo ves el desempeño de los medios públicos?
-Una cosa es lo que deberían ser y otra muy distinta lo que son. Creo que todo consiste en saber de qué tipo de gobierno o de proceso político se está hablando. Si está en marcha un auténtico proceso revolucionario, cuya meta es el socialismo, seguramente habrá que poner todo el empeño en conformar medios públicos que acompañen esa patriada. Pero a pesar de ello, nunca está asegurado el triunfo. Hoy hay países que entran dentro de ese marco, como Venezuela, que han mejorado mucho sus medios, pero sobre todo han apuntado a dar oxígeno a los medios alternativos, algo que resulta indispensable en la idea de enfrentar al terrorismo mediático.
Otros procesos “progresistas” pero asentados en el capitalismo, y con poca o ninguna gana de salirse del mismo, muestran medios públicos que aún tienen muchas lagunas, que incluyen –por ejemplo a nivel televisivo- programas de pésima calidad, que no difieren casi nada de los otros canales comerciales.
La clave fundamental pasa por si desde los gobiernos hay voluntad política de cambio o sólo les interesa mantener prolija la vidriera. Si se da lo primero, los medios públicos deberán acompañar esa movida con entusiasmo. Si no lo hicieran, hay que apurarlos y diría que casi obligarlos. No se pueden perder más oportunidades, no hay tiempo, y nos jugamos mucho en cada uno de estos procesos.

jueves, 26 de junio de 2014

Silvio habla en una entrevista sobre Gera y Los Cinco

"-Hay una cosa que te quiero decir antes de que te vayas, dice: Me parece muy importante. Ayer me llamó Gerardo Hernández, ¿sabes quién es Gerardo?

Lo observo con sospecha, porque quién no conoce en Cuba a Gerardo Hernández, si en cada esquina hay un afiche donde se puede ver su rostro junto al de los otros cuatro que han pasado a conocerse como: Los Cinco.
-Sí, respondo.

-Yo nunca había hablado con él. Cuando estuve en Estados Unidos hace tres o cuatro años tratamos de hablar pero no fue posible. Hablé con otros dos o tres compañeros suyos, pero con él no pude. Primera vez que hablo con él y fue una conversación extraordinaria. Y es porque en Mayarí sentí que el teléfono me sonaba cuando estaba cantando las últimas canciones. Me tapaba el atril y lo saqué disimuladamente. Vi que habían unas cuantas llamadas. Lo desconecté porque estaba sonando y tenía miedo de que se metiera por el micrófono.
Cuando terminé volví a fijarme. Era una llamada de los Estados Unidos porque tenía un uno delante. Y sonó otra vez. Era una emisora de los Ángeles que hacía un programa especial para Gerardo por el día de su cumpleaños. Me hicieron una entrevista. Hablé un ratico con la muchacha que me entrevistó y él oyó la entrevista. Entonces localizó mi teléfono y me llamó, por supuesto que era para agradecerme.
Uno habla con esos hombres que están pasando tantas vicisitudes, que han sido tan maltratados, y tratados con tanta injusticia y realmente le dan lecciones a uno de supervivencia, uno se queja… Yo había llamado a alguien para que me mirara el aire acondicionado, porque no estaba funcionando bien. Y me dije: Caballero, le ronca. Uno está preocupado porque no funciona bien el aire acondicionado y este hombre lleva 16 años presos, tiene dos o tres condenas de por vida y te habla con un optimismo, con una seguridad, con una firmeza, con una fe tan grande en que se va a hacer justicia, en que va a estar un día aquí. Realmente es muy conmovedor. Y nos hace pensar mucho.

Me preguntó: "¿Dónde tú estás?" Le digo: Estoy en Holguín. Entonces dice: "Coño, Holguín, ¿tú sabes, por cierto, que Holguín es una de las provincias de Cuba de las que yo recibo más cartas?"Digo: ¿De verdad? Dice: "Sí, no te puedo decir ahora que es la que más porque tendría que contarlo, pero te garantizo que es una de las provincias de Cuba de las que más cartas recibo. Tú pudieras transmitir de mi parte…" Me dijo eso y por eso te lo estoy trasmitiendo: Tú pudieras transmitir de mi parte mi gratitud al pueblo holguinero por no olvidarse de nosotros. Así que tienes para mí esa mínima misión".

Fragmento de la entrevista de Leandro Estupiñán Zaldívar a Silvio publicada en Cubadebate "Silvio Rodríguez: Uno no es ni famoso, ni exitoso, ni ningún oso"

Gracias a Rosa CBaez por el envio

domingo, 16 de marzo de 2014

Beirut - Entrevista a Kenia Serrano sobre encuentro de solidaridad

ENTREVISTA-CUBA/SOLIDARIDAD

Árabes y cubanos beben de misma savia para tributarse solidaridad
Por Ulises Canales
Beirut, 13 mar (PL) Aunque geográficamente muy distantes, la similitud de luchas, alegrías, dolor y esperanzas hermana a árabes y cubanos, comprometidos a reciprocarse más solidaridad tras una reunión fraternal recién efectuada en la capital de El Líbano.

   Para la presidenta del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), Kenia Serrano, el recién concluido Encuentro Árabe de Solidaridad con Cuba ratificó la admiración que la nación caribeña, su revolución y sus dirigentes siguen provocando en el mundo, sobre todo en la región de Medio Oriente.
   En entrevista a Prensa Latina horas antes de partir este jueves de Beirut, la también diputada al parlamento cubano calificó de “muy especial” para su país el movimiento de solidaridad en las naciones árabes, porque “lleva, a la par de su propia causa, la causa de Cuba, y eso es admirable”.
   “No nos cansaremos de agradecerlo”, expresó Serrano al aclarar que en una reunión como la de Beirut es imposible reflejar todo el estado de la solidaridad, pero alabó que se realizara “en el momento oportuno”.
   Los que más defendieron la reunión fueron los libaneses, agregó Serrano, al concluir que “a los árabes les hace falta ese tipo de encuentros porque es también su manera de construir la unidad propia, en la que Cuba es un aglutinante para esas personas” de variados espectros políticos y sociales.
   Explicó que los árabes también tienen mucha avidez de la solidaridad cubana, de conocer de la realidad de la isla, la actualización de su modelo económico, y defenderla, pero con argumentos sólidos, sin renunciar a idolatrarla, sin apartarse del encanto y el romanticismo que les inspira.
   Nos unen muchísimas cosas más de las que nos pueden hacer diferentes y en eso está la siembra de solidaridad mutua, recalcó.
   La presidenta del ICAP confió en que este movimiento siga creciendo, que en el Líbano y en todos los países árabes se siga haciendo un trabajo de información sobre la realidad cubana y la difícil situación que enfrentan los antiterroristas aún presos en Estados Unidos.
   Cuando se trata de reclamar la liberación de Gerardo Hernández, Antonio Guerrero, Ramón Labañino, René González y Fernando González (los dos últimos ya libres) encomió los distintos tipos de movilizaciones públicas a las que van familias enteras, no solo a personas militantes o de grupos de izquierda.
   Al respecto, demandó difundir más cuán injusta es la pena que han tenido que pagar los Cinco en cárceles estadounidenses. “Que René y Fernando estén en la patria no significa que hayamos alcanzado una victoria, porque estamos hablando de un regreso sin haber alcanzado justicia todavía”, sentenció.
   Recordó que los árabes se identifican con esa causa porque también familiares y compañeros suyos sufren encierro en cárceles israelíes, y los antiterroristas cubanos se solidarizaron con palestinos y demás árabes presos en Israel y con prisioneros políticos árabes en celdas norteamericanas.
   Indicó que en la lucha contra el bloqueo económico norteamericano a Cuba también la defensa de los árabes es vehemente “porque lo han sufrido de todo tipo. ¡Qué decir del propio bloqueo a la franja de Gaza!”, acotó al citar ejemplos de medidas coercitivas unilaterales para castigar a los pueblos.
   “Uno se da cuenta que esta solidaridad no viene de alguien que solamente se conmueve porque lee una noticia y sabe que nosotros no mentimos, sino que se conmueve desde su propio dolor y comparte su propio dolor con el que tenemos los cubanos, y nuestras alegrías son suyas también”, apuntó.
   Otro factor que acerca a los árabes es la enorme admiración que provoca América Latina, con Cuba como referente y ejemplo, según expresaron varios oradores en el encuentro solidario, en el que hubo menciones emotivas al ejemplo y la resistencia del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro.
   Hacia adelante, entendemos que en esas lógicas sinergias de trabajo que hay entre movimientos de solidaridad y redes sociales, también nos llevamos ese mensaje de que en la medida que acerquemos más nuestras estrategias de lucha nos actualizamos recíprocamente.
   Reiteró la invitación a árabes y gente de todo el orbe a participar en octubre próximo en La Habana en el tercer encuentro mundial de solidaridad con Cuba, en el cual espera ver una presencia árabe digna, “sabiendo siempre que en cada árabe que llegue habrá miles de personas representadas”.
   En alusión a limitaciones económicas, situaciones de bloqueo o de conflicto, como en Palestina ocupada y Siria, señaló que “cuando hayan llegado a Cuba nos daremos cuenta que estarán llegando por encima de enorme sacrificio en medio de una crisis que nos afecta a todos”.
   Pero sobre todo, resaltó, dispuestos a tributar a ese propósito nuestro de que sea un encuentro por la paz, por la integración, y por la unidad, y que en todo eso se construya la solidaridad entre todos los pueblos del mundo y en particular de los árabes con los latinoamericanos y caribeños”.
Ucl

miércoles, 26 de febrero de 2014

Argentina - Entrevista a René Gonzalez en Página/12

http://www.pagina12.com.ar/diario/principal/index-2014-02-23.html

ENTREVISTA A RENE GONZALEZ, EL CUBANO QUE SE INFILTRO EN LOS GRUPOS VIOLENTOS DE MIAMI

“Fue difícil dejar el país y quedar como un traidor”      Por Martín Granovsky          Desde La Habana

Empezó a cumplir con la misión que le encargó el gobierno cubano al robar un avión en Cuba. Hasta el comienzo fue clandestino y ni su familia sabía que volaría a Miami para meterse en las organizaciones que buscaban montar acciones agresivas contra su país. Condenado a 15 años, es el único de Los Cinco que fue liberado. Aquí cuenta su historia.
De mañana en una casa de La Habana, una ciudad inundada por especialistas que participan del congreso Universidad 2014 y por editores y escritores invitados a la Feria del Libro. El tipo con altura de basquetbolista que antes de la entrevista conversa con uno de los especialistas, Pablo Gentili, el secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, luce tranquilo. Es uno de los cinco cubanos que fueron procesados en Estados Unidos luego de infiltrarse en Miami para buscar información sobre los grupos violentos contrarios al gobierno de Fidel Castro. René González es el único de Los Cinco que está libre. Los otros siguen presos.
–Me gustaría una definición de Los Cinco a cargo de uno de ellos.
–Primero que todo, somos cubanos comunes. Somos hijos de un país que, como nosotros, ha tenido a muchos hijos. Crecimos bajo la amenaza del terrorismo, presenciando cómo se imponía sobre Cuba la muerte, desde Miami específicamente. Tuvimos que participar en entierros de compatriotas que habían sido asesinados por bandas terroristas establecidas en Miami con el apoyo del gobierno norteamericano. Y como cubanos se nos pidió que nos infiltráramos en esos grupos. Dijimos que sí y lo hicimos. Como resultado de esas acciones, el gobierno norteamericano nos detuvo en 1998 y nos sometió a un proceso fraudulento. La naturaleza de ese proceso es la que ha provocado que haya trascendido esta historia y que ya muchos nos conozcan alrededor del mundo. Hasta hoy yo soy el único que está en libertad y mis cuatro hermanos siguen en prisión. Pero, bueno, básicamente esos somos Los Cinco.
–¿Cómo fue el inicio de la misión de infiltrarse? ¿El gobierno cubano pidió, ofreció u ordenó que lo hicieran?
–Me piden. Esta no es una misión que se pueda ordenar. Y no sé qué hay que ofrecer. Es puro sacrificio. Al pedírmelo me insistieron en que lo pensara y me advirtieron que era una misión riesgosa. No lo pensé mucho y dije que sí.
–¿Era una misión riesgosa o suicida?
–Si todo salía bien, salías ileso. Nosotros no perdimos la vida, tuvimos que ir a la cárcel. Cuando yo hablo con los jóvenes en Cuba, se los digo: “Esto es una misión que si ustedes no quieren, no digan que sí”. Yo no creo que eso demerite a nadie. Sencillamente, tiene muchos riesgos y requiere de características que uno mismo ni siquiera se las imagina en el momento en que le proponen la misión. Las va descubriendo.
–¿Qué características?
–Soy un tipo bastante abierto y me cuesta trabajo fingir, por lo general. Y yo nunca pensé que pudiera hacerlo, realmente para mí fue lo más difícil. Incluso lo fue desde aquí. Yo a veces digo que fue más difícil aquí que allá. Porque aquí tuve que fingir antes de irme frente a mis hermanos, frente a mis compañeros, frente a la gente que me apreciaba, que me tenía en alta estima. Y, de pronto, me tuve que ir convirtiendo poco a poco en alguien distinto a lo que era. A lo mejor eso me fue ayudando, porque uno va dando pasos, pero los va dando con un poco, primero, de trabajo, un poco de dolor, porque a ti no te gusta defraudar a una persona cuya confianza tú estimas. Fue difícil tener que dejar el país y quedar para ellos como un traidor, como una persona que los había abandonado. Lo hice como lo haría cualquier otro, como cualquier policía que en cualquier país del mundo tiene que infiltrarse en una banda de delincuentes o de criminales sin ser él un criminal. Por eso cuando nos detuvieron sentí el alivio de poder volver a ser yo mismo.
–¿En qué consistió el fingimiento inicial en Cuba?
–De ser un militante te vas convirtiendo en una persona que empieza a decepcionarse, a desilusionarse. Pero no perdí el aprecio de mis compañeros. Las personas por lo general son generosas y se resisten a aceptar que tú cambies mucho. Eso es un instinto natural. Consideraron que yo seguía siendo buena gente. Mientras tanto renuncié a mi carrera. Era piloto. Como pasé a trabajar en deportes aéreos, había un espacio para volar.
–¿La misión incluía robar un avión en Cuba y cruzar a la Florida?
–Sí. Eran tiempos difíciles. En 1989 y 1990, la economía del país empezaba a sentir los efectos del derrumbe del campo socialista. Obviamente se resintió el deporte aéreo y volar se hacía más difícil. Un fin de semana logré ir a trabajar como controlador de vuelo. Por una de esas coincidencias del destino fue un argentino el que me llevó al sitio donde saltaban los paracaidistas. Se llama Santiago, un sobrino del Che que era paracaidista. Bueno, ese día me quedé en la torre. Se me dio cuando pararon los vuelos, porque el viento estaba un poco malo y no acompañaba la actividad del salto. Bajé, me monté en el avión y me lo llevé. Ya estaba en el punto de no retorno. Tenía que seguir. Una vez que sigues tienes que tener éxito, porque si no, caes preso o te matan. En realidad había pensado en que ese fin de semana me llevaría el avión en la madrugada del día siguiente. Pero cuando ellos me dicen que van a parar los vuelos, yo les insisto en que le echen gasolina al avión. Tenía 400 litros y no podían echarle más. Saqué mentalmente la cuenta. Me dije: “Bueno, con eso llego justo allá a los Cayos de la Florida”. Y, efectivamente, llegué bastante justo, pero llegué.
–¿Con qué margen, con esos 400 litros?
–Ninguno (risas). El vuelo duró una hora y veinte. Lo hice como un profesional, aunque el despegue fue un poco catastrófico porque me llevé el avión de la misma rampa de parqueo, sin alinearlo en la pista. El avión no estaba listo para el vuelo. Después de que lo despegué tuve que orientar todos los instrumentos en dos o tres minutos. Recuerdo bien cuando dejé la isla. El corazón se me apretó. Miré hacia atrás. Dejaba todo. Mi esposa, mi hija... Pero, bueno, el piloto se impuso. Me ocupó mucho tiempo el cálculo de la potencia, cómo hacía para irme más rápido de Cuba sin gastar demasiado combustible y después cómo reducir para ahorrar más combustible. Finalmente, subir y buscar un poco de visibilidad para encontrar los Cayos de la Florida. Y, bueno, ya al final del vuelo, la decisión de si lanzarme. En un momento pensé que tendría que tirarme en el agua porque no veía los cayos.
–¿Paracaídas o amerizaje?
–Amerizar cerca de algún barco.
–¿Edad en ese momento?
–Tenía 34 años.
–O sea, menos de tres años el día de la Revolución Cubana, el 1ª de enero de 1959.
–La generación mía fue una generación que absorbió mucho de la revolución. Yo nací en Chicago en 1956. Mi padre se integró en Chicago al Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro, cuando Fidel ya estaba en Sierra Maestra. Cuando la invasión a Bahía de Cochinos, en 1961, salen a las calles a protestar y son agredidos en Chicago. Deciden que su suerte está echada con Cuba y, entonces, vienen para acá en uno de los últimos barcos que en aquella época estaban dando viajes entre Nueva York y La Habana. Yo tenía cinco años y sólo algún recuerdo. En una ocasión, mi madre fue a hacer una gestión para el viaje a Cuba y me dejó con alguna amistad o una familia. Y se le ocurrió a la persona ponerme una peluca y recuerdo a mi madre entrando y escandalizándose porque no me reconoció. Recuerdo el viaje que hicimos desde Chicago hasta Nueva York en el automóvil, algunos lugares en que paramos a comer, cómo dormíamos mi mamá y yo en la parte de atrás del auto. Y también recuerdo el viaje en el barco, imágenes así del barco, de la cocina, de la piscina del barco, Guadalupe. En Cuba, mi padre se incorporó a trabajar en la construcción de una fábrica. En ese tiempo, el Che Guevara era ministro de Industria, y se estaban construyendo muchos conglomerados industriales para unificar actividades que más bien estaban dispersas. Y, entonces, el viejo trabajó en la construcción de una fábrica de plásticos, y recuerdo que yo vi al Che ahí, casualmente, le di la mano y todo, yo tenía ocho años, ya cuando ellos terminan de construir la fábrica y el Che la inaugura en diciembre del ‘63. El Che era adorado por nosotros. Cuando él termina, pasa por entre la multitud y la gente lo empieza a saludar, y mi hermano y yo, que estábamos en la plataforma opuesta, les pedimos permiso a los viejos para ir a saludar al Che y bajamos y nos metimos entre la gente y llegamos adonde estaba él y empezamos a decirle: “Che, Che”. Me pasó la mano por la cabeza, me dio la mano. Y a mi hermano. Pero eso nunca se nos olvidó.
–Volvamos al vuelo hacia los cayos y el objetivo de aterrizar vivo.
Tenía que ir al Norte, pero el viento estaba fuerte por la izquierda, del noroeste. Salí, volé con potencia maximal por unos 5 o 6 minutos para alejarme rápido de las costas de Cuba, muy cerca del agua, a dos o tres metros de altura, y ya una vez que me alejé bastante reduje la potencia a potencia económica para poder volar más tiempo, más lejos. Así me mantuve un tiempo, para evadir los radares cubanos y evitar la intercepción cubana, hasta que calculé que ya debía estar cerca de los Cayos de la Florida. Entonces, decidí subir, ya despegarme del agua para buscar visibilidad. A ese régimen yo iba a unos 180 kilómetros más o menos. Empezaron los indicadores de emergencia de combustible a encenderse. Este avión tiene dos tanques, uno en cada ala, y cada uno de los tanques tiene un indicador, cuando le quedan 75 galones. Vi barcos. Decidí volar por arriba de ellos. Si después del último barco no veo tierra, a los cinco minutos regreso y me tiro en el agua al lado del barco para que me saquen. Sobrevolé el primer barco, el segundo, el tercero y empecé a contar y dije: “Bueno, aquí no hay otra, cinco minutos y, si no veo tierra, me regreso y me tiro al lado del barco”. Pasé por arriba del barco y empecé a ver el reloj. Un minuto, dos minutos, tres minutos, cuatro, cinco.. Y la tierra. Una cosa increíble. Pensaba ir a la base de Boca Chica, que es la base naval que tienen los norteamericanos en el Key West. En ese momento me sentí como Cristóbal Colón. Ya dije: “Bueno, por lo menos si me tiro en cualquier lado es pegado a la tierra y ahí llego a tierra”. Y cuando empezó a aclararse ya la visibilidad, o sea, a acercarme, lo primero que tenía delante de mí era la base de Boca Chica, o sea que todo me salió perfecto. Me tiré. Fue un aterrizaje bastante brusco. Estaba muy tenso. El avión dio varios brincos. Recuerdo que ya cuando frené el avión, me quedé en medio de la pista con el motor en bajo, y traía un termo de café, lo abrí, me serví un café, me lo tomé y tiré el termo hacia atrás. Salió dando tumbos por ahí. Y me eché hacia atrás y me empecé a relajar, hasta que llegaron las autoridades. Hay quien dice que todo aterrizaje del que tú puedas salir caminando es un buen aterrizaje. Y, bueno, ése fue el caso. El trámite fue rápido, porque yo había nacido en Estados Unidos y presenté mi inscripción de nacimiento. Ellos no sabían en realidad qué hacer conmigo porque normalmente al inmigrante lo llevan a un centro de detención de inmigración. Pero al final localizaron a mi abuela, se hizo un trámite más bien personal, con un señor de origen cubano que vivía ahí en Cayo Hueso, y él me acogió esa noche y al otro día mi abuela pagó los pasajes y me fui para Sarasota con ella.
–¿Sin ninguna sospecha encima?
–Mi padre no era una personalidad pública. Salí de la base y en mayo de 1990 terminé instalándome en Miami, en lo de una tía abuela. Mi familia de los Estados Unidos no era de revolucionarios pero tampoco de militantes contra la revolución. Gente buena, de buenos sentimientos, con una larga historia de relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Gente sencillamente noble que se había ido para allá en los años ’40. Ni anticastristas ni fanáticos de la política. Su preocupación siempre ha sido familiar, tanto desde que llegué allá como incluso después del arresto y todo. Los aprecio mucho.
–¿Cómo fue el acercamiento a los grupos anticastristas?
–Repetía el credo. El credo de que en Cuba las personas se arrastran por las calles, de que no tienen qué comer, de que se mueren y se caen muertos, de que la policía golpea a todo mundo en todas las esquinas. Cuando tú me preguntabas ahorita sobre la capacidad para fingir, yo te decía que es más fácil fingir allá. Primero, porque no implica un desgarramiento. Pero, segundo, porque es curioso que a ellos tú lo único que tienes que hacer es decirles lo que necesitan escuchar: cosas malas de Cuba.
–Pero muchos decían esas cosas. ¿Cuál era el plus especial?
–La forma en que llegué. Con un avión robado. Durante unos días fui una celebridad en el Miami Herald.
–¿Había un objetivo especial de aproximación?
–Iba viendo las circunstancias y me iba acercando a algunos grupos. Empecé por la CUPA, la Cuban Pilots Association, que era un grupo básicamente de pilotos. Muchos habían estado en Bahía de Cochinos. Otros habían sido mercenarios en el Congo. Había algunos célebres como torturadores en América latina, como Félix Rodríguez El Gato, que fue el que asesinó al Che y también tuvo sus vínculos con los torturadores y la dictadura argentina. Hoy disfrutando de la hospitalidad y la benevolencia del gobierno que lo formó como torturador, el de los Estados Unidos. Muchos habían ido del Congo a Nicaragua. Algunos, oficiales del ejército de Fulgencio Batista. Después me vinculé a HAR, Hermanos al Rescate, más jóvenes que los otros, aunque creados por veteranos como el terrorista Luis Posada Carriles, uno de los mayores criminales del hemisferio. Mi objetivo era primariamente recolectar información y enviarla para Cuba. Después, el gobierno cubano se encargaba de procesarla, analizarla y hacer lo que pudiera para desarticular acciones terroristas de los grupos contra Cuba. De paso, conseguí que terminaran en la cárcel dos narcotraficantes vinculados a esos grupos. Y eso también ayuda a desarticularlo porque se les acaba el sostén económico. Estuve ocho años entre esos grupos, desde el ‘90 hasta el ‘98 en que fuimos arrestados. Uno era el PUND y otro el Comando de Liberación Unido, que también tenía otro narcotraficante que pudimos identificar y lo desarticulamos. Y después al final me incorporé a lo que se llamó Grupo Democracia, que se dedicó a organizar flotillas para venir a provocar a Cuba, entrar en aguas cubanas, crear problemas entre los dos gobiernos. Y ése fue el último grupo en el que entré hasta que, bueno, se produjo la detención.
–¿Cómo reaccionó y cómo fue evolucionando la familia con el tema?
–Yo me voy como desertor. A mis padres eso los golpeó fuerte. No se lo podía decir a nadie porque, nada, son gajes del oficio, por decirlo de alguna forma. Es fuerte, esa es una de las cosas más duras. Mi hija tenía seis años cuando salí de Cuba. Al principio mi mujer decía: “Aquí todo parece indicar que ése es un avión que es un desertor, bueno, pues tengo que asumirlo así”. Después ella me ha contado un poco la historia, ella empezó a atar cabos. Y empezó a molestar y hubo que decírselo. Pero eso tomó un tiempo.
–¿Por qué en opinión de ustedes el proceso judicial fue fraudulento?
–Yo me preguntaría: “¿Qué no tuvo de fraudulento?”. El sistema legal norteamericano, el sistema federal, es disfuncional. No solamente para nosotros. Normalmente ellos aplican un sistema que se apoya mucho en la capacidad de hacer una negociación de cargo. Entonces, su modus operandi es que ellos te sobrecargan, vamos a suponer que una persona traficó con diez kilogramos de cocaína, pero uno de sus asociados traficó con 30, entonces, acusan a éste también de los otros 30 y le dicen: “Bueno, te vamos a dar una sentencia de vida, pero si cooperas con nosotros te quitamos los 30, te dejamos con tus diez y te damos cinco años”. Si cooperas, los fiscales te utilizan para mentir y tienes que hacer todo lo que los fiscales pidan para que el juez dé cinco años. Y la primera mentira que esa persona tiene que aprender a decirle al jurado, que yo diría que es la mentira fundacional del sistema, es que los fiscales le prometieron eso, le propusieron eso, pero que el juez es el que decide. Estadísticamente el juez siempre decide por lo que los fiscales quieren. Y eso pasó con el caso nuestro. Y desgraciadamente eso es lo que ha llevado el caso hasta aquí. Porque efectivamente nosotros habíamos violado las leyes norteamericanas, nosotros éramos agentes no registrados, lo cual implica una sentencia de diez años como máximo, pero entonces ellos, para subir, acusaron a tres de mis compañeros de espionaje y a uno de conspiración para cometer asesinato en relación con el derribo de los aviones de Hermanos al Rescate en el año ‘96. Pero nosotros dijimos: “Vamos a juicio porque nosotros no vamos a aceptar cargos falsos”. Se complicó todo y así estamos. Yo no fui acusado de espionaje porque me ocupaba exclusivamente de grupos paramilitares. Nunca tuve nada que ver con información militar. Hubo compañeros míos que sí. Si tú no buscas información clasificada, no eres espía. No es un problema de espiar al Estado o no. Muchas personas confunden eso. Tú puedes buscar información del Estado, pero que no sea clasificada por ese Estado. Pero tú puedes buscar una información civil de una corporación que el Estado había clasificado porque le conviene mantenerla. Por ejemplo, un avance tecnológico X, y el Estado y esa corporación se ponen de acuerdo y la clasifican. Aunque esa información sea civil, si es clasificada, si tiene un cuño que dice “secreto”, tú estás cometiendo espionaje al buscar esa información. Ellos confundieron al jurado haciéndole creer que porque mis compañeros estaban buscando información de naturaleza militar, habían cometido o estaban tratando de cometer espionaje. Pero, en realidad, la información que mis compañeros estaban buscando era pública, era información visual, información de periódicos.
–¿Quién fue el abogado?
–Lo puso la corte. Philip Horowitz. Lo considero mi amigo. Hizo un buen trabajo. Lo que pasa es que si las instancias que tienen que impartir justicia no quieren, no importa que tú ganes. Yo comparo el caso nuestro con el caso de un corredor de 400 metros. Llega primero a la meta y el árbitro dice: “No, el que gana hoy es el segundo porque a mí me da la gana”. Esto es lo que hicieron los jueces. Todo árbitro imparcial que ha mirado el caso se ha dado cuenta de que es una barbaridad y estamos hablando...
–¿Incluso analistas jurídicos norteamericanos?
–Analistas jurídicos norteamericanos, asociaciones de abogados de los Estados Unidos. El comité de detenciones arbitrarias de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Amnistía Internacional, todos han emitido fallos en los que indican que el juicio fue injusto, que fue ilegal y que no se cumplieron con los estándares del debido proceso.
–¿Cuánto tardaron ustedes cinco en dejar de fingir?
–Hasta que no empieza el juicio, tú no puedes volver a ser quien tú eras. Mantuvimos discreción durante los dos años de preparación del juicio. Lo coordinamos. Primero no podíamos admitir que éramos agentes de Cuba. A nuestros abogados les costó trabajo también. Como no les dijimos, ellos fueron los que vinieron a Cuba. Al final el gobierno cubano confió en su profesionalismo. Y se hizo una muy buena defensa. Realmente, en el juicio de nosotros los papeles se invirtieron. Gerardo, que es caricaturista, hacía caricaturas de los fiscales, y aquellas caricaturas recorrían toda la sala incluyendo a los que nos cuidaban a nosotros y terminaban con el estenógrafo, porque la gente se empezó a dar cuenta de que el juicio era una farsa. Y se sintió en la sala. Y el día que a nosotros nos declararon culpables, esos alguaciles nos fueron pidiendo disculpas desde la sala hasta el piso. Una cosa impresionante. Tú te impresionas cuando una persona que se supone que te cuida cambia su actitud hasta decir: “Pero ¿y dónde está el espionaje? ¿Dónde está el asesinato?”. Empezaron a ver las pruebas de nosotros, las provocaciones de Hermanos al Rescate filmadas, propagandizadas en la televisión de Miami como si fuera una gracia. Y ellos mismos nos decían: “¿Pero cómo es posible que el gobierno cubano haya esperado tanto para tumbar esos aviones?”. Sin embargo, yo nunca fui enseñado a odiar a Estados Unidos. Yo creo que un país es mucho más que sus fiscales, que su gobierno, y es mucho más que el puñado de millonarios que controlan la vida de ese país.
–El abogado Horowitz, por ejemplo, parece haber seguido reglas basadas en la defensa de las garantías individuales.
–Desde que tomaron la decisión política de cometer esta venganza, porque al final todo esto es una venganza contra Cuba en cinco hombres, cogieron el camino errado y tuvieron que componer ese error con más errores. Y al final terminaron haciendo el ridículo en la corte, terminaron siendo el hazmerreír de todo el mundo porque ellos lo decidieron. Si ellos hubieran hecho un trabajo decente, el caso se habría resuelto de otra forma y ellos no hubieran tenido que rebajarse como se rebajaron. Y nadie cubrió realmente el juicio en la prensa norteamericana. Al principio sí, The New York Times, pero cuando el juicio empezó a mostrar su real naturaleza, se desapareció la muchacha de The New York Times y más nunca fue. Entonces, lo cubrió la prensa de Miami. La mayoría fue pagada. Y fue el juicio con cargos de espionaje más largo de la historia norteamericana. Siete meses de juicio con testimonios orales y pruebas. Testificaron tres generales norteamericanos por la defensa, voluntariamente, a defendernos a nosotros. Los fiscales tuvieron que traer a uno, a un general, que es ahora James Clapper, que es el asesor de seguridad nacional de Obama, que además tampoco pudo decir nada malo en cuanto al espionaje. Testificó un asesor del presidente norteamericano. Se trató el tema del terrorismo. El gobierno cubano contrató para presentar el recurso en la Corte Suprema a lo mejor que pudo encontrar en Washington, que es un especialista en Corte Suprema, que además es analista para la CNN: Tom Goldstein. Y Tom Goldstein estaba convencido de que él iba a poner el caso en la prensa. En Estados Unidos todos los días se discute un caso judicial. El que se comió a la mujer, el que mató al niño, el perro que se comió al vecino... Tom Goldstein presentó un brief en la Corte Suprema solidísimo, se consiguió un record en la historia norteamericana de amicus curiae, que son briefs de amigos de la corte que ponen partes desinteresadas, que incluía premios Nobel, incluía parlamentarios internacionales, incluía asociaciones internacionales de abogados, asociaciones nacionales de abogados de Estados Unidos, 12 amicus curiae, eso nunca se había visto en la Corte Suprema. Y cuando Goldstein llamó a la prensa, no fue nadie.
–¿Cuáles son las perspectivas de los cuatro que todavía siguen presos? ¿Cuáles son las deseables y cuáles son las posibles?
–Habría que empezar por las sentencias. Uno de mis otros compañeros que sale próximamente es Fernando González, al que lo sentenciaron a 17 años. Le sigue Antonio, hasta 2017. Ramón, hasta 2024, y Gerardo que está condenado a dos cadenas perpetuas. Este caso no se va a resolver en el ámbito legal. El ámbito legal ha sido una envoltura, para servir a una decisión política que se tomó. Se tomó la decisión política de vengarse de Cuba en cinco hombres. Hubo un panel de tres jueces que rompió con esa decisión política y después se revirtió.
–¿Ellos mismos lo revirtieron u otra instancia?
–Otra instancia del mismo tribunal. Pero todo ha sido una decisión política y yo creo que la solución va a ser igual: una decisión política. Puede ser usando la vía legal. De la misma forma en que le hicieron señas a los jueces para que violaran la ley, les pueden hacer señas para que la cumplan. Nosotros siempre hemos dicho es que lo único que nosotros demandamos es que se apliquen las leyes norteamericanas, que no las tergiversen, que vean los hechos, que los apliquen a sus leyes y que las apliquen.
–¿Cómo sería en términos procesales en el caso de las cadenas perpetuas? ¿Un indulto presidencial?
–Técnicamente el juicio concluyó. Pero hay un recurso que se le llama recurso extraordinario. El recurso sigue la misma ruta que sigue todo el caso legal. Se presenta ante la jueza. La jueza falla y se va a la Corte de Apelaciones de Atlanta. Y luego a la Corte Suprema. Ese recurso está pendiente. Y se basa en un error garrafal que cometió el abogado de Gerardo, en cuanto a la estrategia de defensa. El trató de defender bien a su cliente, pero cometió un error porque defendió a Cuba. Y los fiscales juzgaron a Cuba. Lo más fuerte que tiene este recurso es que el propio abogado reconoce su error. Pensó en un tema de un Estado contra otro y que el Estado cubano tenía derechos. Pero cometió un error: él pensó que era imposible que un jurado decente no se diera cuenta de que Cuba tenía derecho a defender su soberanía. Y en Miami no se puede encontrar un jurado decente. Ahora, los tiempos han cambiado. Hay muchas señales de que ya hay cansancio en esta política contra Cuba, señales inclusive dentro del propio Estados Unidos. Incluyendo a los cubanos que viven allí. Hace poco salió una encuesta en la que 56 por ciento de los norteamericanos decían que ya era hora de cambiar la política con Cuba. Obama ha perdido mucho tiempo tratando de congraciarse con una derecha que no lo quiere ni por negro, ni por liberal, ni por joven.
–René, ¿cómo fue el final de la sentencia?
–Han sido cuatro cruces. Respecto del tercero, yo cumplí mi sentencia el 7 de octubre de 2011. Desde un año antes, nosotros le pedimos a la jueza que me dejara hacer la libertad supervisada en Cuba, cosa perfectamente posible. La jueza tiene la potestad de modificar la libertad supervisada y permitir que una persona la cumpla fuera de Estados Unidos. Los fiscales siempre se propusieron que también la libertad supervisada fuera para mí y para mi familia otro castigo. Querían mantenerme separado de mi gente por tres años más. Además tenía que hacer la libertad supervisada en el mismo distrito en el que están los terroristas, los criminales que cuentan con complicidades en el FBI, en el gobierno norteamericano. Los fiscales se opusieron al pedido. Dijeron que era prematuro, que había que esperar a que cumpliera una parte de la libertad supervisada. Paralelamente los fiscales me habían propuesto que renunciara a la ciudadanía norteamericana a cambio de dejarme venir para acá. En un inicio yo me opuse.
–¿Por qué?
–Porque es un derecho de nacimiento. Uno no tiene por qué ceder los derechos de nacimiento. Pero después lo pensé bien y les dije a mis abogados que íbamos a aceptar la proposición de los fiscales. Me interesaba más que todo estar con mi esposa, con mis hijas, con mis padres, con mi hermano. Los fiscales simularon que estaban interesados en llegar a un acuerdo que implicara mi cesión de ciudadanía a cambio de que viniera para Cuba. Unos días antes de que yo cumpliera mi sentencia, llamaron a mi abogado y le dijeron que eso ya no estaba sobre la mesa. Días después, la jueza derogó la moción, y tuve que empezar a cumplir mi libertad supervisada en los Estados Unidos. Ahí, gracias a un amigo, pude conseguir, una casa en un lugar de la Florida, lo más lejos posible de la cárcel, viviendo en la clandestinidad, recluido prácticamente como en un monasterio, sin documentos, sin licencia de conducir, sin tarjeta de crédito.
–¿Cuánto tiempo?
–Fue un año y medio bastante difícil. Tenía la intención de renovar la moción, cuando hubieran pasado unos meses para que la jueza me dejara venir para acá. En febrero de 2012 estaba trabajando con mi abogado, para volver a renovar la moción, cuando mi hermano cayó gravemente enfermo. Tuvimos que posponer ese trabajo y pedirle a la jueza que me dejara venir por 15 días a ver a mi hermano. Los fiscales se opusieron también a que viniera a ver a mi hermano que estaba muriendo. Pero la jueza en este caso accedió. Por eso te digo que fue la tercera vez. Vine en abril de 2012.
–¿Tu familia ya había ido a Estados Unidos?
–Mis hijas, que podían, mi esposa no. A ella la deportaron y no la dejaron regresar más a verme. Yo regresé a Estados Unidos y volví en abril a incorporarme a mi libertad supervisada. Volví a empezar a trabajar con mis abogados para volver a poner la moción. Pusimos la moción en junio para que la jueza me permitiera renunciar a la ciudadanía.
–¿De quién fue la decisión de continuar y agotar el proceso judicial?
–Para nosotros ha sido muy importante la palabra en todo este caso. En todo este proceso nuestra ventaja nuestra ha sido moral y no vamos a regalarles esa ventaja moral. Ellos decidieron rebajarse y nosotros decidimos elevarnos.
–¿Nunca una duda?
–No, yo nunca dudé, yo iba a cumplir. No iba a regalarle a la jueza un argumento moral que nunca se ganó después de 15 años por una libertad supervisada. Se lo hubiera ganado antes, pero no ahora. Ni a ella ni a los fiscales. Y me río ahora porque cuando estábamos discutiendo eso con mi abogado y los funcionarios de las Bahamas, le decía a mi abogado: “Mejor que me dejen entrar, porque yo cojo un bote de Cuba y me voy para allá y me le planto a la jueza en la corte y le digo ‘ahora méteme preso’”, porque yo no iba a incumplir esa palabra que había dado. Pero, bueno, regresé, mi hermano falleció, volvimos a poner la moción, los fiscales se opusieron, y empezó un intercambio entre los fiscales y la jueza, hasta que mi padre falleció en abril de 2013. Y, entonces, ahí volvimos a poner otra vez una solicitud para venir de vacaciones a estar con la familia por el fallecimiento de mi padre. Y la renuncia a la ciudadanía norteamericana, con lo que caía el resto de la condena. Renuncié a la ciudadanía, la jueza recibió los documentos, los admitió. “Bueno, está bien, la libertad supervisada la puedes terminar en Cuba”, me dijo.
–¿Y la familia, René?
–Lo hemos enfrentado lo mejor que se puede. Al final, aunque ha sido tanto tiempo, para mí siempre el reencuentro con la familia ha sido como si no hubiera pasado el tiempo. Ha sido todo muy bonito, muy hermoso. Estamos juntos, estamos felices, tenemos un nieto ahora también que nos ha venido a alegrar más la vida a Olguita y a mí.
–¿En qué oficio piensa trabajar alguien que vivió esta experiencia?
–Como piloto me gustaría volar, pero reconozco que es muy difícil integrarme a la aviación como profesional. Creo que hay un campo ahora en la economía que se está abriendo, se están abriendo muchos experimentos, tenemos que aprender muchas cosas, y me gustaría trabajar en la economía en algo, en un proyecto de desarrollo local, pero la idea que tengo es esa, me gustaría participar en el proceso de cambio que se están produciendo: experiencias nuevas de autogestión, experiencias de relaciones más horizontales entre las empresas, entre empresas y gobiernos locales.
–¿Y el pasado permite adaptarse a la vida cotidiana de hoy?
–Toda experiencia te hace crecer. Si no te mata, te engorda. Y, obviamente, yo leí mucho en la cárcel. Historia, actualidad, Cuba... Me impuse un régimen de ejercicio fuerte por la mañana y por la tarde lectura, estudio. Empecé a estudiar la economía incluso en la cárcel. La Universidad de La Habana me asignaba profesores. Enviaban los materiales y estudié economía. Me propuse salir de la cárcel mejor de como entré. Dije “Bueno, si yo salgo mejor de como entré, esa va a ser mi medida de la victoria” y así fue. Yo creo que sí, que el régimen que me establecí en la cárcel me ha ayudado mucho. Yo creo que saqué lo mejor que pude.
–Ahora, a los 57 años, después de esta historia, imaginemos una vuelta a los 34 y al pedido de una misión en los Estados Unidos. ¿La respuesta volvería a ser la misma?
–Sí.
martin.granovsky@gmail.com

jueves, 5 de diciembre de 2013

Entrevista a René González Sehwerert

CUBA
Entrevista exclusiva de Resumen Latinoamericano con René González Sehwerert
UN FUERTE SENTIDO DEL DEBER CON LA PATRIA, CON EL PUEBLO.


por Javier Salado y Graciela Ramírez
(corresponsales de la edición cubana de Resumen Latinoamericano)

Fotos Héctor Planes

Ese hombre alto, sonriente, de rostro perfilado que al llegar nos extiende una mano firme,  proyecta una fuerza interior y una  dignidad inmensa,  como si en él y sus cuatro hermanos se resumiera lo mejor del pueblo cubano.  A la vez, es sencillez y modestia auténticas, lo que facilita una rápida comunicación.

Ese hombre dejó los sueños personales y familia detrás, por la necesidad de entregarse a su Patria en una tarea riesgosa y por tal honrosa: conocer y prevenir  las acciones violentas de los grupos terroristas de origen cubano basificados en el sur de la Florida. Por el delito de luchar por la vida, fueron sentenciados a largas e injustas condenas de cárcel. El hombre alto y sus cuatro hermanos, Los Cinco, ganaron su condición de paradigmas para la juventud cubana y del mundo, y de Héroes de la República de Cuba, cuando se enfrentaron a las ofertas y presiones de la fiscalía de Estados Unidos  armados de su moral, amor a la Patria, firmeza inclaudicable y la necedad de no ceder ante los escollos y tentaciones que la vida les presenta.

El hombre alto  no alberga odio ni rencor en su corazón hacia quienes lo encarcelaron, sólo  amor y la esperanza de hacer llegar su mensaje al pueblo norteamericano con el fin de lograr la libertad de sus cuatro hermanos. Esta verdad saltó por si sola la mañana que René González conversó durante  cuatro horas con el colectivo de Resumen Latinoamericano, fue un diálogo relajado, entre amigos, en el patio de una casa habanera, con la activa participación de Olguita y la presencia de razones, hermandades y recuerdos, tal como ocurre en la vida.

Una vez terminado el diálogo y revisadas las notas que usted leerá, recordamos a un grande de la literatura estadounidense y mundial, Ernest Hemingway, y  a sus personajes literarios provenientes de la “Escuela de los Duros” que nos mostraron que un Hombre puede ser destruido pero jamás vencido. Esa lección se ve realizada en Los Cinco, en su autenticidad como cubanos, irreverencia en el debate con el adversario y lealtad sin límites a sus ideas.

Imágenes de la memoria

Nací en Chicago el 13 de agosto de 1956. Por parte de madre era de ascendencia norteamericana. Mi bisabuelo materno tuvo una historia interesante: fue el capataz más joven del canal de Panamá con 14 años, estuvo en allí en la construcción del canal, después regresó a Estados Unidos y  se casa.  La esposa  tenía problemas de salud y deciden venir a Cuba. Se establecen en Cueto, antigua provincia de Oriente y con las habilidades que tenía por haber trabajado en el canal, abre un taller.  Era  como un cuentapropista, como diríamos hoy, daba el servicio de herrería y de reparación de carretas a los centrales azucareros de la zona, parece que era bastante conocido en el área de Cueto, pues era un norteamericano trabajando independiente; ahí es cuando nacen mi abuela y mis tíos abuelos, los que aprenden el oficio -sobre todo Papín- y desarrollan  habilidades mecánicas con el viejo. Pero cuando el viejo muere, la familia prácticamente se disgrega.

Mi abuela particularmente pasó mucho trabajo, ya tenía a mi Mamá y a mi Tía  y termina dando tumbos por todo el país, hasta que en los años 40 logra ponerse a  trabajar de doméstica en la Embajada de Estados Unidos acá  y el embajador,  cuando  termina su posta, se la lleva para el Norte.  O sea, que de alguna forma ella regresa a los orígenes familiares y cuando tiene la posibilidad  comienza a llevarse a su familia.  Es cuando se lleva a mi Mamá. Como ven, mi madre se cría aquí en Cuba durante la primera infancia, pero va para los Estados Unidos, casualmente con la misma edad que lo hizo Irmita, con 12 años más o menos. Llega y comienza a estudiar  la secundaria y luego empieza a trabajar y en el trabajo le surgen y desarrolla  inquietudes sociales; la botan del trabajo con 17 años por  organizar un sindicato, para apoyar a unas puertorriqueñas a quienes  explotaban mucho. Mamá trabajaba de jefa de piso y el sindicato se le acerca y ella con el deseo de ayudar a las puertorriqueñas acepta organizar el sindicato dentro de sus subordinadas, pero  después el mismo sindicato  la vendió y al final la expulsaron del trabajo. Conoció  a mi Padre y se casan, a partir de ese momento se dedica al hogar hasta que regresa a Cuba.

Por otra parte el viejo,  que creció en Carraguao, tuvo una infancia bien difícil, pero desarrolló  habilidades en el beisbol y lo firmaron como profesional, si mal no recuerdo, en 1952 y va a Estados Unidos a jugar pelota. Después tiene un problema con el dueño del equipo, le pide un aumento de salario y no se lo dan, en fin se va del equipo y termina en Chicago que era donde estaba viviendo mi mama y ahí a través de un pelotero cubano muy conocido en Chicago, Guito Alomar, que según decían,  apadrinaba a los muchachos jóvenes que llegaban a jugar pelota, el conoce a mi abuela y a través de mi abuela conoce a la vieja y ahí se casan,

El viejo trabajó sobre todo en la industria del acero, en las fundiciones de acero ahí en Chicago, en Indiana, que en aquellos momentos eran muy importantes, no sé en la actualidad. Bueno ahí nací yo y después nació Roberto.

Tengo algunas imágenes de aquella época, del lago Michigan, cuando íbamos de picnic, había unas praderas, que a mí me parecían inmensas, puede que no sean tan grandes, pero a esa edad a uno todo le parece muy grande y había un puente de madera que se adentraba en el lago, íbamos ahí a pescar. Recuerdo la primera travesura con Roberto, que se nos ocurrió, bueno, se le ocurrió a Roberto no a mí, pero pagamos los dos: salimos a la esquina, a una avenida muy grande  y nos paramos a hacerle monerías a los carros, sacarle la lengua y esas cosas, hasta que nos agarró un policía y nos llevó para la casa; ese fue el primer castigo que recuerdo, no fue muy fuerte, nos dejaron ahí durmiendo.

Los viejos deciden venir para Cuba después del triunfo de la Revolución.  Papá hizo un viaje primero para ver cómo estaba la cosa y le gusto lo que vio, el ambiente, el entusiasmo de la gente; perdió el escepticismo porque hasta ese momento él había sido escéptico, aunque ellos ya estaba involucrados en el 26 de julio, incluso cuando Girón ellos salieron a las calles de Chicago, tuvieron sus encontronazos con la derecha por allá, pero el viaje del viejo a Cuba lo hace ver que valía la pena regresar y entonces regresaron en octubre de 1961.

Regreso la familia completa, recuerdo el viaje, los preparativos, el viaje  de Chicago a Nueva York, el barco “Guadalupe”- era el nombre del barco- recuerdo inclusive la llegada a Cuba. Este fue uno de los últimos viajes de ese buque de pasajeros en la ruta Nueva York a La Habana, antes de que los prohibieran. En esos viajes venían muchos repatriados, fue la época en que mucha gente regresaba a Cuba. Entonces enganchamos ese barco, hicimos el viaje por tierra de Chicago a Nueva York  y ahí vinimos en el barco. Llegamos y enseguida  los viejos se incorporaron a la Revolución y a echar para adelante aquí.

Con la Revolución de los humildes  y para los humildes
El viejo  vivía, como te dije, en Carraguao. Mi  abuela tenía allí un cuartico alquilado, pagaba una renta a la dueña, que era un viejita, Obdulia, una persona muy noble. Ahí la miseria le rentaba a la miseria. Obdulia era pobre, tenía esa casita, en la que todavía  vive una tía mía, hermana del viejo. Obdulia habitaba la parte de adelante y la parte de atrás se la rentaba a mi abuela por una pequeña cantidad y ahí nos metimos todos, llegamos ahí y ocupamos el cuartico aquel que se estaba cayendo. Recuerdo que en la casa de al lado, en esa misma época, el techo se cayó y le fracturo la pierna a una niñita de la familia que vivía ahí.

Bueno, pues en ese cuartico nos metimos todos, mi abuela, nosotros cuatro: Mami, Papi, Roberto y yo. También estaban mi tío y mi tía, que para la fecha se disgustó con el marido  y también terminó allí; llegamos a ser como 11 personas en aquel pedacito.

Eran los tiempos de principios de la Revolución,  fusiles en la casa, mi tío con la metralleta checa, todo el movimiento y la pasión revolucionaria que se vivía, la euforia por defender al país, y como mi tío estaba aquí, se había hecho miliciano, tenía su ametralladora, después el viejo se incorporó. Fue una época bonita, nosotros no trajimos nada de allá, con las chancletas de palo jugábamos como si fueran carritos.

Cuando los viejos pidieron venir para Cuba la gente de inmigración en EEUU se pusieron furiosos y los empezaron a presionar. El viejo, que tenía tremendo carácter, los mando para el carajo y entonces le dieron solo 15 días para viajar a Cuba.  El viejo no recogió nada, metió un poco de cosas en una maleta, rentó un tráiler y arrancamos para Nueva York y de ahí para el barco y directo a Cuba.

Un tiempo después nos dieron una casa en La Habana, en Almendares, con mejores condiciones, al doblar de donde hoy está la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Comencé a estudiar. En ese momento existía  la Dirección Nacional de Becas,  dirigida por una señora muy venerable ella,  llamada Elena Gil y había una beca específicamente, que recibían muchos hijos de repatriados, así como los  hijos de los mártires. Después supe que también a hijos de soldados de la dictadura fallecidos durante la guerra de liberación se les otorgaba, yo nunca me entere de eso porque nunca supimos quién era hijo de un soldado de la dictadura. Así de grande es la Revolución.

La beca se llamaba José Martí y estaba en Santa María del  Mar Loma, recuerdo que la directora era una muchachita, Zoila Chang, que en aquel tiempo me parecía  una mujer pero era apenas una jovencita. Todos los profesores eran prácticamente muchachos, yo tenía 6 años y los profesores tenían 16 o 17 años, pero con una formación, unas ganas de dar clases tremenda, de hacer cosas por los muchachos, una creatividad inmensa como el estar siempre  inventado actividades,  y un entusiasmo y entrega tan grande, que a mi realmente me impactó. Yo creo que una de las cosas que más aprendí y me sembró esa escuela, fue el entusiasmo por la vida, de hacer las cosas con alegría, eso es algo que siempre he recordado de la beca, ese espíritu, que también era un reflejo del espíritu que tenía el país a  principios de los años 60 y el espíritu joven de aquellos profesores, que querían superarse, querían  fuéramos buenos estudiantes. Recuerdo a las “tías” de los albergues, que eran personas mayores pero llenas de amor y cariño, nos trataban a todos como si hubiéramos sido sus hijos. Recuerdo en particular a una que se llamaba Esther, que era repatriada y daba la casualidad que se llamaba como mi abuela,  me quería como si fuera un hijo de ella. Ahí hice la primaria, creo que fue una escuela de mucha calidad, donde aprendimos mucho, donde fuimos muy alegres, yo diría que había mucho entusiasmo y amor,  y eso me marcó.

Para hablar de los deportes y las aficiones que tenía, debo referirme a esa escuela de becas y a mi barriada. Como les dije,  hice la primaria becado en la José Martí y creo que ahí empezó la idea del pilotaje. Yo empecé muy joven a querer ser piloto.  Tenía un vecino - era un delincuente en ciernes-  que era el jefe de la pandilla de muchachos  en el barrio, él era muy fantasioso y siempre estaba haciendo cuentos que si la pandilla, que si tengo esto y lo otro para la pandilla y una vez se le ocurrió decir que tenía un avioncito que volaba y yo que era más chiquito comencé con la fantasía, con la idea de volar un aparato, es decir que desde esa época se me empezó a meter el bichito, pero también cuando uno tiene esa edad pasa por todas las profesiones, quise ser bombero, policía, marinero; quería ser de todo, pero ya el bichito de la aviación me lo metió el amigo mío a través de la fantasía aquella. Incluso  recuerdo que cuando iba al parque de diversiones Coney Island me gustaba mucho un equipo que asemejaba un avión en el aire. Creo que ya salí de ahí con esa idea de que sería bonito ser piloto.

Deportes, bueno, jugaba futbol, un poco de pelota con los muchachos, pero nunca hice un deporte organizado y nunca fui de un equipo de la escuela, más bien me gustaba mucho la lectura y después cuando empecé a leer, leía bien y me cogían mucho para leer los comunicados, leer cosas en público, eso sí lo empecé muy chiquito, pero  nunca me dediqué a practicar un deporte en serio, organizado.

Los deportes que he practicado los fui aprendiendo poco a poco. La vieja nos enseñó a nadar muy joven, a mí y a Roberto, como a los 7 años, ella siempre le dio importancia a que nadáramos, pero fue un proceso, aprendí  a nadar a los 7 años pero rudimentariamente, yo siempre fui un nadador que tenía fuerza,  para esa edad nadaba bastante bien, pero no tenía la técnica; después Roberto va la escuela de natación y se me va por encima. Yo seguí nadando un poco rudimentariamente y a los 15 años fue que me metí en un círculo de natación en la Ciudad Deportiva y ahí un poco pulí la técnica de respiración. Pero en realidad, repito, nunca practique ningún deporte organizadamente. Me gustan mucho los deportes de exteriores, me gusta moverme, me gusta bucear, todo lo que sea la naturaleza, fuera de un local me llama la atención; la bicicleta me encanta, coger una bicicleta y perderme por ahí  y regresar.

A los 8 años Roberto y yo conocimos al Che.  El viejo luego me dijo que fue el 28 de diciembre de 1963, el día que inauguraron la “fábrica del viejo”.  Te explico, Papi había trabajado muy duro como obrero en los Estados Unidos y cuando regresó a Cuba, se buscó un trabajo y encontró que estaban construyendo esa fábrica que sería como un consolidado del plástico. En esa época existían algunos “chinchales”  que hacían cosas de plástico, pero todos eran muy artesanales. Entonces se hizo una inversión para desarrollar la industria del plástico a mayor escala y se hizo la fábrica en Vía Blanca y Cayo Cruz, que después se convertiría en  “Plásticos Habana”. El viejo trabajó  en la construcción de la fábrica y luego se quedó allí de obrero. Fue su lugar de trabajo, donde más trabajó fue en el  plástico. Bueno, pues estábamos nosotros el día que el Che la inauguró. Él se metió entre la gente, los trabajadores saludándolo y entonces, Roberto y yo nos metimos entre las piernas de la gente y le pudimos dar la mano. En esa fábrica hicimos los primeros trabajos  voluntarios, teníamos 8 años, 8 años y pico, nos querían mucho en la fábrica, todo el mundo nos quería cantidad.

Más adelante, salí directo de la beca de la primaria para los Camilitos. Me embulle con la idea de ser Camilito. Ya  en los Camilitos cuando me incorporo - en esos momentos estaban en Baracoa-  empiezo a ver los aviones, y es cuando ya se me mete definitivamente dentro el bicho de la aviación, viendo los aviones despegar, aterrizar, las maniobras y siempre quise ser piloto a partir de ahí. Yo me incorporo a los Camilitos en septiembre de 1968.

No termine los Camilitos porque me enferme con hepatitis a finales de 1971, falté mucho tiempo, estuve muchos meses fuera de la escuela  y en abril de 1972 hicieron como una limpieza, habían problemas académicos en la escuela y sacaron a muchos muchachos; como yo no había estado en las clases  me sacaron. Termine la secundaria en la calle, en una escuela externa, en el Cerro, que era donde vivía en ese momento.

Con relación al sueño de ser piloto,  había hecho un intento en los Camilitos antes de que me diera la hepatitis, traté de inscribirme en una convocatoria para la aviación - de ese grupo unos cuantos  fueron a la Escuela de Aviación-  pero yo tenía 15 años y necesitaba  tener 16, entonces no me dejaron y cuando salí para la calle no tenía conocimiento de las vías que existían para hacerme piloto y lo que hice fue que firmé para incorporarme al Destacamento Pedagógico. En ese tiempo había la necesidad de fortalecer  el Destacamento Pedagógico,  yo me incorpore al segundo contingente, pues como  repito el 10 grado por causa de la hepatitis, cuando lo voy a repetir me encuentro que había un plan que se llamaba “plan del abonado” en el que recibías  la asignatura que te faltaba durante ese año y el resto del tiempo trabajabas como maestro, cuidando muchachos.

Como estoy en esa actividad cuando viene la captación para el Destacamento me dicen “mira, como estás haciendo esto, metete en el Destacamento” y me embullé de corazón. En septiembre del 73 me incorporé al Destacamento como profesor de física. Da la casualidad que estaba en Alquízar y los aviones de la Base de San Antonio venían a la aproximación en esa área. A veces estaba corriendo en la pista de Alquízar y me ponía a mirar los aviones.  Pero ya en ese momento casi había desistido de ser piloto, no tenía una orientación de cómo hacerme piloto y estaba decidido a ser profesor, actividad que también me gusta mucho.

El Destacamento a mí me hizo madurar muy rápido, a pesar de que estuve solo tres meses en el mismo,  porque el Servicio Militar me llamó a filas en diciembre de ese año. Es decir yo comienzo en el Destacamento en septiembre como dije, incluso fue Fidel con Ceaucesco a inaugurar la escuela que se llamaba “Republica Socialista de Rumania”. Estando ahí, vivimos el golpe de estado fascista contra el presidente Allende.  Fue duro, esos momentos no se me olvidan, la rabia, la indignación de todo el mundo con la salvajada aquella.  En diciembre me llama el servicio militar y voy para el Ejército Occidental, donde estuve 3 años.

 

“Con un abrazo de Patria o Muerte, desde Angola”


Hago el servicio militar como tanquista. Cuando me dan a escoger la especialidad en el servicio yo escogí tanquista.  Siempre me llamo la atención la mecánica, el trabajo de la mecánica, manejar, conducir equipos, siempre eso me ha llamado la atención.

Escojo entonces  la especialidad de tanquista, conductor de tanque, porque al mismo tiempo eras el mecánico y aprendes de mecánica; hago mi servicio en la Loma del Esperón, en Guanajay. Cuando termino el servicio militar, un batallón de mi unidad se iba para Angola, era la euforia de Angola y yo estaba loco por ir a Angola.  Al batallón de tanques  T 34 lo mandan para allá y lo refuerzan con otros grupos pero a mí no me toca ir a cumplir misión, entonces  hablo con mi jefe, el capitán Castillo –supe recientemente que falleció-  y le pido que me gestione para irme con el batallón para Angola, el hace la gestión pero le dicen que no, que ya el batallón estaba completo.  Recuerdo que  yo estaba ya de cumplimiento, tenía que irme, no podía quedarme en la Unidad y me voy para la casa enfurecido porque no podía ir a Angola. Llego a mí casa y le echo una descarga a la vieja, quejándome de mi mala suerte. Al otro día tenía obligatoriamente que regresar a la Unidad a entregar el módulo de ropa y las botas. Iba cabizbajo,  cuando voy llegando a la Unidad me estaba esperando Castillo y me dice: “¿Tu no querías irte para Angola? pues mira, te resolví. Arranca para allá”. Esa misma ropa que iba a devolver me la puse. Me fui para el entrenamiento en Candelaria y de ahí para Angola. Fui como artillero de tanque en un T 34.

Allá estuve todo el tiempo, los dos años, en Cabinda. En ese entonces ya Cabinda se había pacificado bastante, porque en Cabinda en realidad lo que existía era el problema con Zaire, surgido de las ambiciones de Zaire por hacerse del petróleo de Cabinda.  El peligro de una  invasión  directa de Zaire había pasado, el general Espinosa se había encargado  de ese asunto. Incluso cuando yo llego a Cabinda, ya no está Espinosa, el jefe era Quinta Solás.

Nos establecimos como un sistema defensivo, con los tanques formando parte del mismo; era un regimiento de infantería motorizada, el RIM Cabinda.  Nos basificamos, establecimos la defensa,  pero en realidad nosotros no tuvimos acciones combativas, porque Zaire se tranquilizó. Esa fue la época que, entre Mobutu y Neto, se firmó una especie de pipa de la paz para el diferendo entre ambos países. Zaire se aconsejó y no hubo  más problemas, al menos serios. Es verdad que estaba el “FLEC” pero este operaba más bien al norte de Cabinda, entre la ciudad y el Congo, una vez participamos en  un cerco, pero no apareció nadie, ni capturamos nada.

RL: En una  foto  de  Angola apareces con un amigo que un día encontramos durante un acto en un pueblo de Pinar del Rio, Reynaldo Fuentes Soroa y en otra de octubre de 1978 le escribiste una dedicatoria a tu abuelo que decía: “con un abrazo de Patria o Muerte” se nos quedó grabada esa dedicatoria por el afecto y por la determinación revolucionaria. Ello lleva a hacer un paralelo entre la dedicatoria del aquel joven en Cabinda y como ese mismo joven hecho un hombre,  30 años después, en el 2008 es un ejemplo de revolucionario inquebrantable. Reflexiona  cómo te marcó a ti la participación en la misión internacionalista en Angola como ser humano, como joven, en todos los terrenos, desde la amistad hasta tu convicción revolucionaria.

Esa es una experiencia que, como dice el dicho, “sino te mata te hace crecer” y fue interesante desde todo punto de vista. Primero porque en esas condiciones los amigos son amigos de verdad, por eso es que tu vez ahora la fuerza de mi amistad con Rey, con Arrebato, que son amigos de esa época, con los que tú te conviertes en un hermano porque viven juntos situaciones difíciles que ponen a prueba no solamente el temple, la disciplina, sino las características de todo el mundo.  También un poco aprendes a ver que las obras grandes se hacen con personas imperfectas, porque no todo es perfecto cuando vas a una misión de estas, tienes encuentros personales, tienes problemas con un jefe, te enfrentas, te das tus cabezazos, a veces sufres, pero  también te das cuentas que somos un conjunto, somos una sociedad, que no vivimos en un mundo idílico, que muchos somos seres imperfectos, pero que estamos avanzando, yo diría que incluso como especie, estamos tratando de llegar a ser inteligentes porque todavía no lo somos como especie y un poco aprendes a entender eso.

A mí me parece que comprender  eso es fundamental, porque por lo menos en mi caso, me ayudó después a aceptar ciertas cosas, a entenderlas, a sobrellevarlas, a darles la vuelta, porque si tú te dedicas a machacarte cuando estas preso, sales destruido. Tienes que aprender a entender que las personas son imperfectas, pero que también tienen todas, o casi todas, yo diría que la gran mayoría, tienen una faceta positiva, que es la que tú tienes que aprender a tocar, a mí me parece que eso es importante. A veces - a mí me paso en un momento,  hasta que empecé a razonar-  me  concentraba demasiado en las cosas negativas de alguna persona, de un jefe, de un compañero y después cuando yo razonaba, me decía: ¿Y por qué yo no busqué la parte positiva?, no siempre  puedes hacerlo, también depende de la contraparte.  En una experiencia como la misión internacionalista, se aprende mucho sobre el ser humano, sobre uno mismo y sobre los demás.

En fin, la evolución  como colectivo social también es eso, el encuentro entre nuestros defectos y nuestras virtudes, de cómo aprovechamos las virtudes para avanzar y como dejamos a un lado los defectos. A mi parece que esa experiencia  me enseñó eso.

Yo regresé - lo digo porque así fue-  con un sabor agridulce, porque todavía no lo entendía bien  y  a veces me parecía que mucha gente no habían llenado las expectativas de aquel joven que pensó que todo el mundo  iba a ser un Che Guevara en Angola. Y eso no es así, somos personas, tenemos limitaciones y hay que aprender a entenderlo y eso a mí me ayudó mucho, me ayudó inclusive  para enfrentar un nuevo reto, esta otra Misión, porque tú te das cuenta que  no vas a combatir gente, vas a combatir actividades, vas a combatir acciones contra el país, pero no puedes concentrarte demasiado en lo negativo de la gente -aunque a veces conoces cada elementos que no son fáciles. Como parte  de ese crecimiento, Angola  fue muy importante para mí y se lo agradezco. Antes de la experiencia esta de ir a combatir el terrorismo, fue la experiencia más edificante que yo tuve. Una vez que pude mirar en retrospectiva esa experiencia, comprendí  cuanto ayuda a formar tu carácter, tu confianza en ti mismo, todas esas cosas que se ponen a prueba en esas condiciones, te vas creciendo como persona y como te diste cuenta, me dejó buenos hermanos  que todavía  conservo.
 
La mirada del águila


Al regresar de la misión internacionalista, comencé a madurar  varias opciones sobre qué hacer. Antes de yo irme para Angola, estaba haciendo una gestión con un compañero  de capacitación del IACC, de la aviación, recuerdo su nombre: Juan Bautista Ramos Cano -después lo vi varias veces-  estaba tratando, a través de él, de conseguir un trabajo en el aeropuerto, para ver sí una vez allí, podía encontrar la oportunidad de hacerme piloto, porque yo seguía con la obsesión  de la aviación.

Cuando me voy para Angola tengo que llamar a Juan Bautista,- en realidad lo llama mi  Mamá, yo no podía ni llamarlo ya porque estaba en el entrenamiento- la vieja lo llama y le dice: “mira Juan Bautista mi hijo se va para Angola” y él responde que no importaba, que cuando yo regresara fuera a verlo. Pero ocurre que estando yo en Angola, se abre un poco la especialidad de la aviación agrícola -eran los años de los grandes planes  arroceros en todo el país-  y un primo mío que había sido piloto en la aviación agrícola y que estuvo retirado por un tiempo, regresa a recalificarse a la escuela de San Julián  donde radicaba la escuela de la aviación agrícola. Entonces, estando yo aún en Angola, cerca del final de la misión, él me escribió diciéndome que si yo quería me conseguía entrar en el curso de aviación, de piloto. O sea, que al cumplir la misión, ya venía con la promesa de matricular en la escuela de aviación. Al fin se iba a cumplir mi sueño de muchacho.

Y efectivamente así  fue. Regresé en marzo de 1979,  hice los exámenes para la escuela de aviación  y ya en septiembre de ese año comencé el curso de piloto agrícola.

RL: Dime que significa para ti ser piloto y ver la tierra desde la visión del ojo del águila.

Volar un avión es una de las sensaciones más hermosas que -por lo menos desde mi punto de vista- se pueden experimentar, pero sobre todo ser el piloto del avión.  No es lo mismo mirar la tierra, para mí,  desde un asiento de pasajeros que el que está controlando el avión, o sea la capacidad de poder controlar una máquina que está en el aire y de sentir el aire en tus manos, de sentir la presión  de ese aire y  sentir que tus movimientos son los que  determinan la posición de la máquina, como se comporta, lo que tu sientes. Todo, ser parte de ese elemento, para mi es indescriptible. Desde el primer momento que cogí los mandos de un avión  y me fui al aire con él, me di cuenta de que eso era lo que yo quería. Bueno, también está  la capacidad de disfrutar del paisaje  mientras haces tu trabajo. Siempre he dicho que es un trabajo que yo  haría de gratis, a mí no hay que pagarme para volar porque lo disfruto. Además tiene una cosa también a favor que a mí me gusta mucho y es que ningún día se parece a otro; hoy hay nubes, mañana no, el viento esta por otro lado, o está lloviendo o vuelas de noche, o sea no hay dos vuelos iguales nunca, el tráfico cambia, todo cambia, es una dinámica constante y a mí eso me estimula y desde el momento que tomé los mandos de un avión, miré hacia abajo y lo vi todo, y sentí que operaba el equipo  y que lo dominaba, pude constatar que efectivamente  había escogido la vocación correcta desde que era un niño.

Hay otra cosa que también me gusta mucho y es instruir a otra persona a volar, porque yo desde que me gradué me hice instructor. Enseñar a volar a otra persona es un proceso muy bonito;  siempre he dicho que cuando  enseñas,  tú aprendes más que los alumnos,  porque eso te da una experiencia, esa interacción con el estudiante de enseñar pero recibir, que te pregunten, tratarlos, eso es fascinante. Eso mismo pasa cuando tu enseñas a volar a alguien, la satisfacción de enseñarlo a volar , de soltarle los mandos, de ver la confianza, la relación que se establece entre un alumno de aviación y su profesor es única porque es muy personal  y como es una actividad que al mismo tiempo es riesgosa tiene ciertas características de aventura, hace que el alumno nunca olvide a su profesor de aviación,  para ti el que te enseño a volar  un avión o que te hizo mejor piloto, siempre lo tendrás en un lugar especial y eso es bonito,  sobre todo cuando  desarrollas la capacidad de ir más allá y ser un ser humano, cosa que el alumno también ve, porque hay instructores que lo hacen porque le pagan, que son la minoría, en realidad en la aviación yo conocí muy buenos instructores, pero si lo haces más allá del pago, del salario, te vinculas con el estudiante, con la persona, se establece una relación bonita, que te alimenta mucho también.

 Así de simple: hasta ahora y para toda la vida

Me pides que hable sobre lo que ha significado Olguita para mí. Es necesario recordar cómo nos conocimos.  Olguita era compañera de trabajo de la esposa de un instructor de la escuela en San Julián; a  esta pareja - ya ella falleció, Marisol-  les encantaba emparejar a la gente, incluso la hermana de Marisol termino casándose con mi instructor, Salas. En todo ese ambiente, ellos se empeñan en que yo conozca a Olguita  y empiezan hablarme de una muchacha de lo más bonita, de lo más seriecita, en fin, a hablarme maravillas de Olguita.

Al fin acepté conocernos  y nos íbamos a conocer el 14 de febrero de 1982. Ellos organizaron una fiesta en la casa de alguien y nos íbamos a conocer ahí, pero que pasa, que una semana antes, el lunes anterior - por azares del destino-  habían dicho en la escuela de aviación, que al que cogieran tumbando cocos, lo iban a botar de la escuela. En San Julián había unos cocotales muy grandes y siempre las historias y los cuentos de San Julián estuvieron vinculados de forma humorística a la lucha de los estudiantes por robarse los cocos y la administración por impedirlo. Los cuentos son de antología: persecuciones,  barbaridades que hacían los estudiantes para que no los cogieran, etc.

En esa época la escuela había pasado a lo militar, mi grupo era el único grupo civil que quedaba. Entonces, alguien “bajó la orientación” de que al que cogieran tumbando cocos, lo botaban de la escuela… y me cogen.  Es una historia bastante simpática, porque los cocos no eran ni para mí, eran para unos civiles que estaban trabajando en los refugios –recuerden que estaba Reagan de presidente.  Yo salí a correr por la mañana, no tenía, ni por asomo, pensado tumbar cocos, pero  cuando regresaba al albergue estaban esos compañeros construyendo un refugio detrás  del albergue y   veo que están con una grúa tratando de arañar un racimo de cocos para ver  si traban con el gancho alguno  y lo tumban. Se me ocurre pararme y mirando les digo ¿Por qué o cogen  el tubo  ese,  lo ponen entre dos ganchos, se sientan, suben y tumban los cocos? Me responden que si estaba loco, que nadie podía hacer eso y  les digo que yo lo hago y les tumbo los cocos. Se me ocurrió para hacerles el favor; bueno, pues  me engancho en el tubo, hago mi columpio, la grúa me sube  y les empiezo a tirar cocos para abajo. En medio de eso miro para abajo y allí estaba el capitán Cartaya: ¡Alumno! me dijo.

En realidad nada podía hacer, me había agarrado infraganti.  Pero tuve la suerte de que  me llevó ante al subdirector de vuelo que era Henry Pérez – tengo entendido ahora está en La Cabaña-  y  Henry Pérez lo que hizo fue echarme una descarga y me entró por un ángulo que a mí me impactó, me agradó.  Lo primero que me dijo fue: “Ya tu eres un piloto, como vas a sacrificar tu físico y tu carrera por unos cocos”, y a mí eso me llegó, la forma humana en que se aproximó al problema, no me descargó que si comunismo que si el socialismo, que si la disciplina; sino se refirió y dirigió a mí como persona, como un estudiante que ya era piloto, con entrenamiento, con el físico requerido, con un examen realizado. Me llegó profundo y parece que él se percató, pues ante la disyuntiva  de botarme, al final me quito el pase dos meses y yo me fui de ahí muy agradecido. Pero se frustró el encuentro con Olguita que iba a ser el día de los enamorados.

Entonces, me quedé dos meses en San Julián y mis amigos  seguían diciendo: “qué lástima, tan linda que está la muchacha”.  Ya soñaba con Olguita sin conocerla, a veces me ponía a hacer ejercicios y  haciendo abdominales, pensaba, como será Olguita. Pasó el tiempo, y se cumplieron los dos meses, en la primera quincena de abril salgo en el primer pase, ese sábado era el 10 de abril. Yo vivía en la playita de 16 y no iba a Santa María del Mar nunca,  me parecía un gasto de tiempo coger la guagua y arrancar para Santa María  teniendo la playa ahí, a la mano, con todo mi ambiente.

Me acuerdo que Marisol y el esposo me dicen que el sábado iban a estar en la playa, en Santa María, e insisten  para que yo vaya y conozca a Olguita. Por la mañana voy para la playita de 16 y estoy con mis amistades; pensé mucho irme para Santa María, coger una guagua. Pero ellos me habían dicho que llamara a la 1:00 a casa de Marisol para conocer adonde iban a estar exactamente, salgo de la playita de 16 a las 11:30 me doy un baño y a todas estas pensando, “coño pero arrancar para Santa María”.  Decidí entonces probar, a ver qué pasaba, voy para la esquina, llamo por teléfono y me dice la Mamá de Marisol, que ellos estaban en Boca Ciega, que fuera para allá. Me llené de valor, me eche la trusa arriba y arranqué para allá. Llegué y me bajé en el puente de madera que ya no existe,  y cuando me bajé, el grupo me recibió y salió la “sirena” del mar. Desde que la vi me dije contra, esta muchacha esta bonita.

Ese sábado conversamos en la playa, jugamos con los compañeros. Después el viaje para La Habana lo hicimos “al revés”, algo que hacía mucha gente: iban para la terminal de Guanabo para después regresar sentados. El viaje lo hicimos en el último asiento, “en la cocina”,  gritando porque la Girón hacia mucho ruido, fuimos conversando y ahí me di cuenta que tenía conversación, ya había visto que era bonita, tremendo ojotes, una risa muy linda, los labios, en fin, tenía todas las características. Ese sábado la acompañé hasta su casa y al otro día fuimos a pasear; fuimos al Coney Island y al cine. Era el domingo 11 de abril. Yo tenía que regresar para la escuela,  entonces cuando la dejo en la casa le dije: “la semana que viene te voy a enamorar” y ella me miro como diciendo, hazlo ahora mismo, pero yo tenía que darme mi lugar.

Me fui para San Julián, para la escuela de aviación,  esa semana me la pase pensando en ella, ahí si todos los días y me decía: “coño está linda la muchacha, tengo que enamorarla”. Al próximo sábado, el 17 de abril, nos pusimos de acuerdo el mismo grupo y fuimos a “Los Violines”, que en aquel tiempo era un club nocturno, de lo más agradable que era. Allí, yo no sé si con la música de Roberto Carlos, el ambiente, estaba listo para echarle “una descarguita” pero cuando voy a echarle la descarga me mira así con esos ojos… y nada le di un beso y ya, hasta ahora. Así de simple, hasta ahora y para toda la vida.

“Atención a todas la tripulaciones: René, nació la niña”

Cuando nos casamos, yo vivía al lado de la playita de 16, en un edificio de micro brigada en calle 12 entre 1ra y 3ra, en un apartamento que al esposo de mi Mamá le  dieron. Ellos ya se habían divorciado y la vieja se había ido con Libán para el Cotorro.  Ocurrió, que durante los sucesos del Mariel, mi bisabuelo  vivía con una hija que tuvo ya muy mayor y ella se va de Cuba en ese momento. El hombre se quedó solo y como Mami estaba divorciada y estábamos compartiendo el mismo apartamento, mi bisabuelo y la familia le dijeron que fuera a vivir con el viejo Sehwerert para que lo atendiera  y de paso tuviera su casita también.

Nosotros nos quedamos en el apartamento de Miramar. Cuando Olguita se casó conmigo nos fuimos para allí, ese era el espacio que teníamos.  Después, cuando se casó el compañero que fue esposo de mi mama, ya la cosa era distinta y permutamos  por dos. Nosotros nos fuimos para el barrio de Buena Vista,  la casita era un huequito ahí, pero lleno de felicidad y allí vivía cuando me fui.

Irmita había nacido en el apartamento de Miramar; me preguntas que significó para mí su nacimiento. Bueno, eso fue indescriptible, ¡Ser Papá!  Primero, te sientes extraño cuando piensas: “Esta es mi hija, soy Papá”. Porque hasta ese momento no lo has sido y de pronto eres Papá.  Yo me enteré del nacimiento de una forma muy agradable, porque estaba volando y  Olguita tenía el número del fax donde se controlaban  los vuelos. Yo estaba en un curso de cadetes por la SEPMI, en la Isla de la Juventud y habíamos acordado que cuando naciera -no sabíamos que sexo iba a ser, porque Irmita estaba sentada y nunca se pudo ver si era hembra o varón-  que me diría el sexo, el peso, como estaban los dos y esas cosas que para los padres primerizos son tan importantes. Entonces, efectivamente, estaba yo volando con mis estudiantes y el compañero que estaba dirigiendo los vuelos dice: «Atención a todas las tripulaciones, nos acaba de llegar un mensaje: “René nació la niña, pesa tanto y las dos están bien, se llama Irmita”». Entonces imagínate, todo el mundo felicitándome por la frecuencia y ese momento fue algo increíble.  Irmita fue un regalo, no solamente porque te hace padre, sino por la clase de niña que fue desde chiquitica, adorable.

RL: ¿Qué expectativa tenían ustedes como familia?


Olguita: Yo estaba estudiando en la CUJAE, finalizando la ingeniería.

Nuestra vida estaba encaminada a desarrollarnos profesionalmente, Olguita estaba estudiando ingeniería y yo  trabajando como piloto y mi único deseo era desarrollarme como piloto y llegar a Cubana de Aviación, que es la aspiración de cualquier piloto.

Olguita: Yo trabajaba y estudiaba, las dos cosas.

Teníamos las perspectivas normales de la juventud de ese tiempo,  todas  centradas en el desarrollo profesional. Además, constituíamos una sencilla y feliz familia cubana, con el plan de tener dos  hijos,  si acaso tres, n o más.

Amigo para enemigos y para amigos traidor.

RL. ¿Que motiva a un hombre feliz dejarlo todo atrás, e ir solo, ante el enemigo y convertirse en amigo para enemigos y para amigos traidor?


Lo fundamental es un fuerte sentido del deber, yo entre mis proyecciones no tenía la más mínima idea de que iba, un día, a cumplir misión contra los grupos terroristas;  yo era  piloto y pensaba desarrollarme como piloto. No obstante, siempre he tenido dos vocaciones,  la primera y más importante como revolucionario y la otra como piloto.  Un buen día, alguien pensó que yo podía cumplir esa tarea y toco a mi vocación de revolucionario. ¿Qué cosa alimenta esta vocación? Pienso que un sentido del deber para con tu Patria, para con tu gente, para con esa misma familia  feliz que tienes, porque ellos  son parte de ese todo.

Hoy por hoy, luché y estoy luchando para que mis hijas no vivan en una sociedad como esas que hay por ahí. Y esa lucha es parte del sentido del deber que he mencionado y de saber que trabajas para tu pueblo, para tu familia, para tu descendencia. Me parece esencial estar bien seguro de conocer y saber cuál es  tu deber  y también saber porque  estás haciendo algo. Algunas de esas cosas se ponen a prueba después, cuando te toca enfrentarte a las cosas por las que pasamos nosotros, en ese momento se definen tus convicciones. Supongo que todo el que toma la decisión de dar un paso al frente de cumplir tarea semejante, cree que sabe por qué lo está haciendo. Yo creí que lo sabía y después la vida me demostró que si, efectivamente lo sabía.

El sentido del deber se nutre del patriotismo, del amor a tu país a tu pueblo, a la humanidad en general porque no se trata solo de Cuba, a veces uno habla de Cuba, porque es lo que directamente está defendiendo, pero estamos   defendiendo más que eso. Cuando miles de cubanos estuvieron en Angola, no estaban defendiendo directamente a Cuba; hay tantos cubanos que han ido a muchos países a hacer cosas por personas que ni siquiera saben dónde está Cuba, o sea, que el sentido del deber  va un poco  más allá de la Patria o a lo mejor está vinculado a la Patria en el concepto martiano de que Patria es humanidad. Pero el patriotismo, obviamente, es parte esencial del sentido del deber y yo creo firmemente que es importante saber lo que tu defiendes, porqué lo defiendes, cuales son las ideas tuyas que defiendes, que es lo que las sustentan. Por lo menos en lo personal, las asumo desde una posición racional, analítica, y una vez que estas convencido de que son ideas correctas, tienes que defenderlas en la trinchera que sea y como sea.

Entonces, alguien pensó que yo podía cumplir esa tarea entre los grupos terroristas, que podía hacerlo y se me acercaron. Siempre he insistido que nadie me dijo que era obligatorio, que se me insistió mucho, mucho, en que si yo decía que no, no pasaba absolutamente nada, se cerraba ese expediente y no significaba  que  no fuera revolucionario. Tenía la opción de decir que no, la plena libertad de hacerlo, decir que no me sentía capaz o con posibilidades para realizar esa tarea. Pero en el momento en que se me planteó, no dudé, respondí afirmativamente porque mi disposición siempre estuvo ahí, acorde a mis ideas.

Para serte franco, a veces  dudé  si podía o no hacerlo, a veces si me embargaba la duda: ¿Podré, podré llegar allá y simular ser una gente que yo no soy? Porque yo jamás en la vida he sido un simulador, no va conmigo; sin embargo, tiene que ser el sentido del deber el que te diga, tienes que hacerlo.  Al final, otros compañeros vieron que yo lo podía hacer y  confié en ellos, en su capacidad de evaluar las características mías. Después descubrí que si podía. Pero, en honor a la verdad, si me hablas de dudas, esas fueron las dudas que me asaltaron en ese momento.

RL: Vamos a hablar sobre el día de tu partida de Cuba.

Ya a mediados de 1990, se decide que yo debo irme. Pero el problema radicaba en cómo hacerlo a causa de la situación concreta, porque  el deporte aéreo comenzó a sufrir los rigores del Periodo Especial.  El Periodo Especial se empezó a sufrir en el deporte aéreo mucho antes que en otras actividades,  porque obviamente, es una actividad  costosa y que no produce económicamente hablando. Y cuando se decide que yo me vaya,  las condiciones para volar eran muy complicadas. Yo decía, que si se hubiera decidido un par de años antes, cuando andaba por toda Cuba  yo solo con un avión por donde me daba la gana, en los años 88, 87, que sacaba un plan de vuelo y arrancaba para Oriente solo y viraba; pero ya  en los 90 volar era difícil. Yo hice varios intentos por irme y eso también te va desgastando, porque te despides de la familia -sin que la familia lo sepa-  piensas que no los vas a volver a ver.

Estos intentos no los conté, quizás  serían unos cinco. Pero sí recuerdo que un día fui a dejar a Irmita a la escuela y antes de darle un beso me puse los espejuelos para que no viera que se me salían las lágrimas; y esa mañana fue una más, hicimos un intento, a ver si se daban las condiciones, porque tú tienes que avanzar hasta un punto y tratar de no pasarlo si no están las condiciones para irte, porque si pasas ese punto, tienes que ejecutar la salida de sí o sí, porque de no hacerlo, te cogen, y todo se va por tierra. Tienes que tratar de ver como confluyen las condiciones y evaluar a cada momento como vas hacer.

La mañana del día en que me fui, me despedí  como siempre de  Olguita, la imagen de Olguita frente a la cocinita, al lado de la cómoda con aquel vestido  de florecitas que ella usaba en la casa, fue una imagen que se me quedó grabada.

Estaba lloviznando  cuando salí de la casa y cosas de la vida, un sobrino del Che, que era paracaidista, me da botella y me lleva para San Nicolás. Cuando llegamos a San Nicolás ya estaban ejecutando los saltos y un frente frio venia entrando, decido entonces quedarme el fin de semana ahí hasta que me pueda ir, porque si no me iba ese día, me iba el domingo.

Lo que primero se me ocurre es ir a trabajar en la Torre de Control,  allí estaba un piloto dirigiendo los vuelos, él vivía cerca y cuando me vio, los cielos se le  abrieron pensando  “este ya se queda el fin de semana y yo lo dejo en la Torre”. Entonces me dejó en la Torre y se fue para su casa; me mantengo allí controlando el vuelo, pero ya el frente frio está empezando a soplar fuerte y los paracaidistas se empiezan a dar golpes por el viento y hay un momento, alrededor del mediodía, en que ellos deciden parar para ver si el viento aflojaba y de paso almorzar. Cuando ellos paran, los llamo por el radio y le digo que aprovecharan y recargaran de gasolina al avión para cuando salieran otra vez.  Saqué la cuenta de que ese avión llevaba volando como dos horas y debía tener poca gasolina para llegar a Estados Unidos, yo sacaba la cuenta pensando si podía irme y el piloto me dice que sí, que  iba a ver si le echaba gasolina; pero parquean el avión en la rampa y se van almorzar. Me quedo con la duda de la gasolina, si en definitiva se la van echar o no, y opto por bajar para gestionar la gasolina, para agitar  un poco, pero antes de bajar se me enciende la chispa y decido quitarle a los teléfonos los micrófonos, habían como tres teléfonos allí, los micrófonos los meto en una gaveta y ya los teléfonos no sirven. Bajo a hablar con el mecánico para que le eche gasolina al avión y le digo: “Oye Eddy échale gasolina al avión”, me respondió: “Fíjate que la paila esta en tal lado”, en fin, no aparece la gasolina, cosas de esas de Cuba y cuando estoy en ese lio, sale el jefe de los paracaidistas, Israel, y pide que parqueen el avión,  ya que hoy los saltos no van a seguir. Ahí es cuando me digo “ahora o nunca” y le respondo que no sé preocupara, yo lo parqueaba. Me  monté en el avión, lo arranqué y cuando iba para el parqueo pensé: lo voy a parquear mal para que me digan que repita el parqueo y ahí me voy, eso fue lo que hice, una locura.

RL: ¿Cuánto marcaba de gasolina?


Marcaba exacto para llegar allá. En realidad llegue allá con el espíritu de la gasolina.

Era un AN-2, yo tenía mi ruta pensada ya; si mal no recuerdo, salía de San Nicolás 15 grados al Central Boris Luis Santa Coloma, que era la referencia, Madruga y  ahí ponía rumbo norte, salía de tierra firme por Jibacoa y ahí rumbo norte hasta Cayo Hueso. Lo hice así, aunque el despegue fue brutal, porque me fui por la misma rampa de parqueo, no fue por la pista. Le metí la potencia ahí, solté los frenos y el avión salió, cuando lo quise meter en la pista el avión hizo como que me metía  el ala, se iba al aire y ahí lo empujé.  Me lo llevé al aire a la fuerza.

Olguita: Me contaron después que en cuando te vieron dijeron; “¡Se lo llevó!”.

Le pasé por arriba a las casas, a los albergues  ahí, la rueda por arriba de los techos  y  después -el avión estaba sin prepararlo para vuelo, porque iba a parquearlo, le habían desconectado todo-  le conecté todo, busqué centrarlo rápido y entonces fue que me empecé a relajar, pensé: “Ya estoy en el aire”. Seguí  rasante y con mucha potencia, y esa es otra parte del asunto, porque el combustible, mientras más potencia, más se gasta; pero tenía que irme rápido, estaba obligado a volar desde la costa sur hasta el norte de La Habana, salir y por lo menos alejarme unas cuantas millas de Cuba. Hasta ahí, todo me salió perfecto la verdad, menos el despegue que fue una tragedia, ya después, cuando empecé a razonar, me di cuenta que salió todo exacto, porque le di justo la potencia que necesitaba para irme rápido y  cuando salí de la costa, le quité la potencia para ahorrar combustible. Cogí por arriba de las alturas de Matanzas, pegado a las lomas  y salí a Jibacoa.

Me acuerdo que cuando salí a Jibacoa, hice un cálculo mental que  también me salió perfecto: “Bueno el viento esta al noreste déjame poner 10 grados de deriva”,  porque el miedo mío era desviarme, yo tenía que salir a Cayo Hueso y ese cálculo me salió, a ojo de buen cubero, pero me salió perfecto. Cuando salgo a Jibacoa, pongo a volar rumbo 350 y en un momento miro y veo la chimenea de la termoeléctrica y me quedo mirándola por un momento y digo “Cuba”… el corazón se me apretó, pero con la misma me dije: “Mira para adelante comemierda y vuela”. Estaba pegado al agua, bien pegado; y así me fui, pegado a un par de metros del agua. Cuando me alejé un poco de Cuba, reduje la potencia y subí  para buscar visibilidad, las nubes estaban bajas, como a 300 metros, entonces me pegué a la nubes pero buscando la mayor visibilidad posible y reduje la potencia para empezar a ahorrar combustible, porque estaba corto, bien corto y seguí con ese rumbo. Hay un momento en que los bombillos del combustible comienzan a encenderse rojo; a veces uno ve eso en las películas y le parece que no pasa, pero hay cosas que pasan, yo veo los bombillos rojos y pienso “Coño… me estoy quedando sin gasolina, pero debo estar cerca”. Entonces, veo unos barcos que van hacia el este, uno por aquí y el otro más allá y empiezo a sacar cuentas mentalmente y decidí volar por arriba de los barcos, primero se me ocurre quitar la corrección del viento porque veo los barcos navegando hacia el este y me queda la duda si me estaba metiendo en el golfo y cuando voy a quitar la corrección me entra la duda si los barcos van para Miami o para Europa y me digo : “Mantén la corrección que los vientos están por la izquierda”. Esa fue la primera decisión correcta que tomé. De inmediato pensé que era mejor volar por los barcos y después del último barco, si volaba cinco minutos y no veía tierra, viraba y me tiraba al agua al lado del barco. Así lo hice, volé por el primer barco, por el segundo, el tercero, un minuto, dos, tres y a los cinco minutos veo tierra y con tan buena puntería  que cuando me acerco, veo la mancha de la pista de Boca Chica enfrente a mí. Me salió perfecto, ahí me tiré sin gasolina prácticamente.

RL: ¿Quién te da la autorización para aterrizar?

Nadie, yo me tiré ahí. Hice el aterrizaje más malo de mi vida, yo estaba muy tenso, freno al avión en medio de la pista, lo apago y como llevaba un termo de café, me tomé un buche y lo tire. El vuelo fue de 1 hora 20 minutos más o menos.

De pronto viene un tipo hasta donde estaba el avión y se acerca un carrito que dice “Follow  Me”, “Sígueme”, con un negrito de civil manejando y un guardia al lado,  me bajo del avión y ellos se bajan del carro. Enseguida me preguntan qué había pasado, y les respondo  “I come from Cuba”;  el tipo empieza a hablar y forma un lio ahí, el hombre entonces me pregunta si puedo arrancar al avión,  “A lo mejor sí”, le dije,  porque yo no sabía si tenía aún gasolina, pero lo pude arrancar y me llevaron hasta un parqueo; allí amarraron a mi compañero de aventuras, el AN-2.

Enseguida lo que hice fue sacar la inscripción de nacimiento, la tenía dentro del forro del libro de vuelo, rompí el forro,  mostré la inscripción y le dije: “Mira yo nací aquí”, eso me facilito el proceso, me mandaron por otro lado sin tener que ir a inmigración. No hubo problemas, ni me detienen al confirmar que yo era ciudadano norteamericano, llamaron a mi abuela, ella se movilizó  y me dejan ir, esa misma tarde salgo de allí con un señor que era amigo del jefe de la base, un cubanoamericano.

RL: Mientras eso sucedía en Miami, en La Habana, Olguita ¿Seguías en tu trabajo voluntario?

Olguita: Cuando Rene iba a San Nicolás, generalmente se demoraba mucho y a veces hasta se tenía que quedar. Yo no quería que ese día fuera a tirar paracaidistas, porque sabía que íbamos a tener problemas  a la hora de ir al cine, que no nos iba a dar tiempo. Entonces, cuando yo salí del trabajo voluntario,  ya al medio día, sabía que Rene no iba a estar en la casa todavía y voy para la casa de mi Mamá. Allí hago tremenda “media”  y a eso de las 6 de la tarde es que me voy  para la casa.   A Irmita la habíamos dejado con  Irma,  para poder ir al cine después y entonces cuando voy llegando a la casa y doblo la esquina  -nosotros teníamos una ventanita con cristales que daba a la calle y como la casita era tan chiquitica cualquier luz que tu encendías adentro, se reflejaba en ese cristalito-   ya en diciembre oscurece temprano y cuando ya doblo la esquina veo todo apagado y pienso que Rene me había “embarcado” y no íbamos poder ir al cine. Entonces  entro a la casita, nosotros teníamos un perrito que Rene había traído “casualmente” a Irmita, se llamaba Dandy - yo era más perrera que Rene, siempre andaba recogiendo perros, pero me llamó la atención que Rene empezó a traer perros a la casa, años después, me confesó que quería dejarle un recuerdo  vivo a Irmita, por eso habíamos traído el perrito, que estaba chiquitico, de lo más lindo- pero los perritos son muy traviesos y Dandy había cogido los papeles del baño y los regó hasta en la sala; cuando yo entro y veo aquello, que el perrito había acabado con la casa, voy directo al patiecito a buscar la escoba para ponerme a limpiar, escucho entonces a una vecina que le dice a alguien: “Compañero   ahí llegó ella”, me pregunté quién me estaría buscando a esa hora y  cuando voy  para la sala, estaban tocando ya la puerta; al abrir era un hombre vestido de uniforme, un oficial y me pregunta si yo era Olga Salanueva, le respondí que sí, que era lo que pasaba, me pidió pasar a la casa, así lo hizo y pensé para mis adentros ¿Que querrá este hombre?, no me imaginaba. Enseguida me dice “Usted es la esposa de Rene González”, le digo si -¿Usted sabe dónde está Rene?-  le digo entonces  “Si en San Nicolás, yo lo estoy esperando. ¿Y usted quién es?, me respondió que trabajaba en San Nicolás.

Yo no conocía a todo el mundo en San Nicolás, pero a buena parte de los compañeros de Rene si los conocía y esa persona no me era familiar. El hombre entró a la casita, se sentó y me dice -¿Usted sabe que Rene estaba tirando paracaidistas por la mañana y al mediodía?, le digo si yo lo estoy esperando -Bueno yo tengo que decirle que Rene salió a volar pero no hemos encontrado su destino. Me quede mirándolo y pensaba a la vez ¿Que me está diciendo este hombre, me está tratando de decir suavemente que Rene tuvo un accidente? En ese momento, me quede a la expectativa, en silencio, mirándolo como esperando más información y el hombre no me decía nada ni yo lo decía nada. Se creó un silencio  entre los dos. Recuerdo que  en un momento me dice: “Se ve que usted es la esposa de un piloto”, le digo: ¿Por qué usted me dice eso? Y me responde: “Porque le digo que Rene no ha aparecido y usted no me dice nada”. Después, saqué la cuenta de que él pensaba que yo sabía lo que había hecho Rene. A esa altura de la conversación le respondí que yo lo que estaba esperando era que  me dijera la verdad, porque sabía que lo que me estaba diciendo no era la verdad, que lo que ocurría era que Rene había tenido un accidente. Me dijo que no, que no era un accidente, entonces le eché en cara que lo buscaran porque Cuba no era tan grande.

En eso llega un compañero de Rene, también piloto pero que no había ido a trabajar ese día, Francisco, vino a la casa porque se habían puesto de acuerdo para cuando Rene regresara de San Nicolás, ir el domingo a Pinar del Rio a casa de Rey y de Arrebato a comprar un puerco para el fin de año. Entonces entró Francisquito  y le digo mira este compañero  es de San Nicolás, Francisquito se vira para el hombre y le dice ¿Como que de San Nicolás?, me di cuenta que ellos no se conocen y comienzo a creer que aquí si hay algo raro, ¿Cómo  si Francisquito trabaja en San Nicolás y este hombre es de San Nicolás, no se conocen?  El hombre le pregunta a Francisquito quién era él y este le responde que también era piloto. Entonces el hombre del “tiro” se despidió, le dije que como que se iba, y me dejo así, no me dijo nada, no me dio ninguna noticia.

Francisquito se queda en la casa  y cuando el compañero se va me pregunta si yo le había creído, le respondí que no que no había nada que creer, porque no había dicho nada. Entonces me dice: “Eso es mentira de que Rene  tuvo un accidente, ni nada de eso, están diciendo en Radio Martí de que Rene se fue, este cabrón se llevó un avión”  Le respondo duro, que era lo que le pasaba, que avión llevado por Rene ni ocho cuartos, y le pedí se fuera de la casa. Él insistió y me dice “Oye, que se llevó un avión, es todo un cuento lo que están poniendo por radio, esto esta rarísimo; Rene se llevó un avión,  vamos a llamar a San Nicolás” Le dije que no iba a llamar a ningún lado, ni iba a poner el radio, lo que iba a hacer era llamar a la familia. Entonces llamé a Roberto y llamé al Tronco, el amigo de Rene, que también trabajaba allá pero ese día tampoco estaba volando y les pido vinieran para la casa que estaba pasando algo extraño.  Empecé a buscar el número de teléfono de San Nicolás que Rene me  había dejado para alguna emergencia, lo encontré y empezamos a llamar y llamar, hasta que me sale alguien que no sé quién es y parece que al ver la desesperación que yo tenía me dice: “No te preocupes, es verdad, Rene se fue, pero no se preocupen que tenemos noticias de que llegó” Ahí es cuando  comienzo a reaccionar  y pienso que no era posible eso me estuviera pasando a mí, como es posible que Rene se llevara un avión; era como si me hubiesen serruchado el piso. A partir de ahí todo lo demás, al siguiente día Rene hablando por Radio Martí… ahí empezó otra historia de mi vida.

La reacción de la familia fue tremenda, imagínate los padres de Rene, nadie creía que Rene podía haber hecho eso, pero el hecho era real. Mi familia también, mi Papá no lo concebía, mi Papá y Rene eran muy afines, pero lo concreto era que Rene era un sinvergüenza que se había llevado un avión y había dejado sola a su hija. Eso era una realidad que poco a poco  tuvieron que aceptar, mi Papá no supo la verdad hasta que Rene fue preso y fue mi Papá el que tuvo la frase que le dijo a Irma: “Bueno, usted se pondrá brava, pero yo me siento mejor ahora de saber que Rene está preso pero no es un contrarrevolucionario”, pero eso pasó muchísimos años después.

Rene: Por eso, yo respeto tanto a los que cumplen misiones aquí, porque una vez que tú te vas para Estados Unidos,  ese problema  te lo quitas por completo de encima, o sea estas en otro medio. Pero aquí en Cuba, todos los días tienes que verte con el vecino que te apreciaba, con el amigo. Siempre he dicho que para mí las dos misiones más difíciles fueron renunciar al carne del Partido  -tuve que prepararme mucho para enfrentar a ese hombre del PCC y decirle que renunciaba al proceso, prepararme para eso porque para mí fue dificilísimo; y la otra llevarme un avión, o sea, robárselo a mis compañeros, dejar a esa gente así, eso es muy duro.


Dentro del enemigo.
Una vez que llegué a Estados Unidos, me di a la tarea de lograr un asentamiento estable.  En mi caso hablar de sobrevivencia es un poco exagerado, cada  caso tiene sus particularidades, como dije al principio, tengo familia norteamericana, con raíces allá. Mi abuela era una gran persona que me recibió con los brazos abiertos, no sabía, obviamente, lo que yo estaba haciendo, pero me quería como nieto;  ella había estado aquí en 1984 y conoció a Irmita cuando era una bebe. Recibí en Estados Unidos, de mi familia, todo el apoyo que una familia puede dar, tanto de mi abuela como de mis tíos abuelos, no eran gente de dinero pero me dieron lo esencial que era albergue y comida hasta que pude empezar a trabajar y sacar mi licencia. O sea, que sobrevivencia no es lo correcto, otras personas sí, pero en mi caso, no es un término adecuado.

Yo vivía de mi trabajo.  Tuve varios trabajos,  porque  para reincorporarte al ambiente de la aviación tienes que sacar  licencias, una hora de vuelo cuesta mucho. Cuando yo fui para allá, primero radiqué en  Sarasota que es donde vivía mi abuela, pero obviamente mi papel estaba en Miami por lo que tenía que irme desplazando para Miami, pero empecé en Sarasota, ahí me establecí y trabajé en una tienda que venden de todo, Kmart, es una cadena de tiendas; trabajaba por la madrugada, cuatro noches en la semana,  reponiendo las mercancías en los estantes, entraba a las 7 de la noche, te encerraban ahí y te abrían a las 7 de la mañana del otro día. Ese fue mi primer trabajo, un trabajo mal pagado, pero estaba con mi abuela y estaba tratando de establecer mis vínculos con Miami.

Después me fui para Miami con una tía abuela,  hermana de mi abuela, que también me recibió como un hijo y me tomó tremendo cariño, una gente para mi especial.  Ahí nos ayudábamos uno al otro, porque ella era una viejita, no tenía transporte;  yo la sacaba, la llevaba a comprar y le daba dinero todas las semanas de mi salario y al mismo tiempo ella me dio albergue, me dio comida, me trataba como a un hijo.  En ese sentido no tuve privaciones y ahí trabajé,  primero vendiendo unos calentadores eléctricos, que eran malísimos, me fui de eso, porque no quería seguir engañando a la gente, era una vergüenza, la gente me conocía porque me había llevado un avión y después le vendías esa porquería; a los dos meses te querían matar si te encontraban. Hice pisos, todo esto para hacer dinero con el fin de sacar mi licencia de piloto.

En el caso de la actividad nuestra,  por lo menos en el caso de Cuba, no se aplica la idea esa bonita del tipo que tiene mucha plata a su disposición y que anda en un Mercedes Benz, tú tienes que ganarte la vida e irte introduciendo en los objetivos que te han indicado. Por eso, yo iba haciendo esos trabajos buscando dinero para sacar mi licencia y con esa licencia de piloto me iba introduciendo en el ambiente.

Cuando se crea “Hermanos al Rescate” (HAR), todavía yo no tenía mi licencia americana actualizada, claro con la licencia cubana de piloto comercial, ya  eres un piloto privado americano, eso  es una ventaja, porque puedes rentar un avión y volar como piloto privado.  Después saqué la licencia comercial, hice el curso de instrumentos; entonces, vino el ciclón Andreu, que acabó con medio Miami y ahí me puse a poner techos para poder pagar la licencia de instructor.  Es decir,  fue un proceso, hice todos esos trabajos y así me mantuve, pero en un inicio mi familia me ayudo.

Mi objetivo y tarea básica era entrar en el ambiente de la aviación en Miami. En aquel tiempo había un grupo que se llamaba “CUPA” que consistía en una agrupación de pilotos que estuvieron en Girón y otros,  que como yo, se fueron incorporando.

Otro grupo que se autodenominaba “Fuerza Aérea Cubana en el Exilio”, era como un desprendimiento de “CUPA”, pero en realidad funcionaba como un club, eran un montón de gente que añoraba la supuesta bonanza de la Cuba de antes. Inclusive, hay una anécdota interesante, divertida, en relación con esa organización,  porque ellos se reunían mucho en el aeropuerto donde yo operaba, en Tamiami, ellos se la habían arreglado para hacerse de un avioncito pequeño y en ese avión hacían sus vuelitos, captaban a  la gente que llegaban, le enseñaban el avión y así se caían unos a otros a mentiras. Pues bien,  hay una historia del folklor miamense; según un piloto cubano - el nombre nunca lo supe- que llegó allá y lo empezaron a captar diciéndole que ellos eran la Fuerza Aérea Cubana en el Exilio, que le iban a  enseñar  la gente que tenían, que esto y lo otro. El hombre accede y va para allá, para Tamiami; ellos se reunían los fines de semana, allí empiezan a presentarle a la gente y de pronto viene el avioncito y llenos de orgullo le dicen: “Mira, ese es el avión que tenemos”. Entonces  el tipo no se aguantó y les responde: “Pero si cuando teníamos una Fuerza Aérea de verdad, Fidel se las quitó, que ustedes van hacer con el avioncito ese”. Ahí  mismo se  acabó la captación. Era una rara mezcla de folklor con terrorismo, con resentimiento, con mucho plattismo, esa mezcla extraña que al final es una caricatura.  Pero yo entré por ahí, por “CUPA” y cuando se crea “Hermanos al Rescate” entro en “Hermanos al Rescate”. Después que ya  empiezas a vincularte dentro del ambiente, te llaman de distintos grupos que tienen aviones.

RL: Cómo es que entra a jugar el narcotráfico y el FBI con este ambiente.
Conocí de los vínculos y participación de algunos grupos en el narcotráfico después de “Hermanos al Rescate”, no fue con “HAR”. Hasta donde yo sé, “HAR” no se involucró con el narcotráfico.

El asunto es, que después de “HAR”,  me vinculo a otro grupo que se llama el “PUND”,  Partido Unidad Nacional Democrática, que es otro grupo  terrorista envuelto en infiltraciones y sabotajes en Cuba, acciones comando, etc.  Ellos fueron los que asesinaron a un pescador en Caibarien.  Ese grupo si era una mezcla de actividades de sabotaje,  crímenes contra Cuba y directamente metidos en el narcotráfico.  Eso es como una puerta giratoria, por una entra el dinero del narcotráfico y por  la otra  utilizaban una porción del dinero para hacerle daño a Cuba y la mayor parte para hacerse ricos. Es en ese grupo,  donde me proponen la primera operación de narcotráfico. Fue el mecenas del grupo,  le decían “Tony el gordo”,  era un personaje,  ya había estado preso por narcotráfico;  y una cosa que usan mucho en Miami, es que meten preso alguien y si la persona tiene disposición  a cooperar con el gobierno,  lo sueltan para que enganche y marque gente y detenerlos. Parece que él estaba en esa situación. Entonces, lo soltaron para que  enganchara y delatara gente, y se le ocurrió hacer una operación “por la izquierda”, hacer una operación por sí mismo.  Ahí fue que se le ocurrió reclutarme a mí para esa operación, consistía en traer droga desde Puerto Rico por 25 mil dólares. Fue la primera operación de narcotráfico que desmantelamos, le pasamos la información al FBI y de paso le dimos un golpe al PUND, que se  quedó sin fondos.

Después de eso, otro grupo que se llamaba “Comandos de Liberación Unidos”, que era un desprendimiento del PUND y también estaban en los mismo, incluso uno de sus jefes, Justo Regalado, había estado preso por narcotráfico, pero fue otro de los individuos que lo dirigían, que incluso tenía una agencia de seguridad medio parapolicial, quien me propuso también un negocio de tráfico de drogas e igualmente, se lo comunicamos al FBI y se frustró. Mira, es muy, pero muy común la mezcla de narcotráfico  con anticastrismo en el sur de la Florida.

Te debo entonces una reflexión sobre el  papel de “HAR”, de Basulto y a que responde la formación de esa organización. “Hermanos al Rescate” es creada por elementos que fueron entrenados por la CIA en los años 60 y particularmente  el grupo de los teams de infiltración. Cuando se va a producir la invasión por Playa Girón, ellos infiltran en Cuba  a gente previamente a la invasión para que vayan haciendo trabajo clandestino, coordinando con la contrarrevolución interna, ejecuten  sabotajes y otras acciones. Billy Schuss, Basulto, Félix Rodríguez “el gato” y otros.  Félix Rodríguez no está al principio en “HAR”, ellos  son uña y carne, forman parte de esos elementos  que se infiltran en Cuba en 1961, por lo general son muchachos jóvenes en aquella época, de clase media alta, que han estado estudiando en EEUU y tienen una mentalidad plattista, una vinculación emocional con todo lo que es americano y obviamente están frustrados con la Revolución. Ese es el tipo de gente que son infiltrados aquí en espera de la invasión.

La historia que ha hecho Basulto, es que, desde un inicio cuando lo infiltran en Cuba, se da cuenta que la invasión  no va a progresar -fíjate, es lo que él ha contado, no puedo dar fe de una cosa o la otra-  pero él dice que desde que llegó, cuando empieza hacer las coordinaciones en el terreno, se da cuenta que lo que dice la gente de la CIA no es lo que ve,  cuando se produce la invasión él está aquí, se está comunicando con la CIA directamente a través de mensajes radiales y bueno al final termina frustrado;  les manda un mensaje para allá diciendo “gracias por su desgraciada invasión” . Esa es la mentalidad de este tipo de gente.

Basulto, al ser derrotada la invasión, logra meterse en la Base Naval de Guantánamo,  brinca la cerca de la base, después lo envían a EEUU. Se vincula entonces con toda esa gente, Mas Canosa, Posada Carriles, todo este elemento, en el ejército norteamericano, pensando y soñando con la invasión a Cuba ya como parte del US Army.  Después, participa con Lázaro Fariñas y un tal Lázaro, en el cañoneo al hotel Sierra Maestra, que en aquel tiempo era el Rosita Hornedo,  ellos tres son los que vienen con una lancha y cañonean al hotel, después, Basulto se vincula a otras actividades de la CIA, estuvo en el “Irancontra”  con sus amigos Félix Rodríguez y Posada Carriles, hasta que se le ocurre crear “Hermanos al Rescate”.

“HAR” es, ante todo, una operación de guerra psicológica. Ellos son muy hábiles y están preparados en guerra psicológica, en sabotaje.  En el año 91 se va creando la euforia  acerca del asunto de los balseros  y la ley de ajuste cubano obviamente es parte de todo ese esquema. Se montan en la Ley de Ajuste Cubano, para crear una  organización que, bajo la cobertura humanitaria, sirva como una operación de guerra psicológica contra Cuba, de propaganda muy fuerte, porque se manipula el tema de los balseros. Por una parte, estimulan las salidas ilegales y por otra parte aprovechan esas salidas para hacer propaganda contra Cuba.  Estamos hablando de una organización que comienza a traer periodistas de Japón, de España, de Inglaterra, de todos lados, montarlos en los aviones y esas gentes llegan a sus países  diciendo que la gente quiere huir del “Infierno comunista”. Esa es la tónica de “HAR” al principio,  pero en la medida de que la situación en Cuba va evolucionando, “HAR” evoluciona con la situación y ya en los años 1993, 1994, que la situación aquí se pone más tensa, ellos  empiezan a apostar porque la actividad de “HAR” ayude a producir un supuesto levantamiento popular. Ellos casi ven  cumplidos  sus objetivos con lo que pasó en agosto del 94 en el Malecón.

Agosto de 1994, fue el punto alto de “HAR”, ellos tocaron el cielo ese agosto del 94  y tocaron el infierno en septiembre de  1994. Eso fue lo que les paso a “HAR”. En agosto vieron a  gente en las calles protestando por primera vez en la Revolución  y ellos alimentan el sueño de que ahí está el fermento de una revuelta popular que pueda acabar con el gobierno. Como parte de crear ese ambiente,  ya habían comenzado a  violar el espacio aéreo cubano.

La primera gran violación del espacio aéreo cubano fue en abril de 1994, celebrando el aniversario de Girón, y cuando se produce lo de agosto, ellos ven los cielos abiertos  y comienzan a pensar en ir más allá. Ya Basulto me había propuesto desde antes, en 1992, introducir explosivos en Cuba para volar torres de alta tensión. Cuando sucede lo de agosto el comienza a pensar en otra cosa, y concibe la construcción  de unos artefactos que podrían ser utilizados para matar a policías. La idea era lanzarlos sobre algún grupo desesperado que estuviera protestando, que pudieran ser confundidos por esa gente como si fueran  bengalas, pero que en realidad en  lugar de bengalas lanzaban balines y así comienza a probar esos artefactos. Todo eso en  Cuba se sabe a través de Juan Pablo Roque, que en ese tiempo es el que estaba trabajando con Basulto en “HAR”. Ese es el momento cumbre para Basulto.

Pero ocurrió, que Cuba reacciona a lo de agosto con la liberación de los balseros y ahí se le explota a Basulto el esquema, se quedó en el aire. Cuando en septiembre de 1994, Estados Unidos y Cuba,  firman el primer acuerdo tentativo, ya “HAR” se empieza a desinflar, fue una picada porque el negocio se acaba.

A mí no me consta que  “HAR” tuviera  otra entrada que no fuera la recaudación. Se recaudaba mucho dinero porque  a la gente en  Miami se le dice “mira ese balsero” y le pones la película, y la  gente da dinero.  Yo vi recaudar millones de dólares en un tele maratón, yo participé y lo vi, porque la gente allí responde a eso. Le pones la película,  se ven personas desesperadas en el mar; uno mismo, que es revolucionario, piensa “Estoy salvando a alguien en el mar” y no me importa si es gusano, o lo que sea,  es una persona que se está muriendo, está en una balsa en medio del mar, en ese momento cualquiera se olvida de preguntarse qué harán con el dinero que entregas .Y eso sucedió. Fue una operación bien montada, muy inteligente  sobre un asunto muy sensible. Eso les dio mucho dinero.

Recuerdo  el primer tele maratón, “HAR” tenía como dos o tres meses funcionando, no había rescatado a casi nadie y el día del tele maratón, rescataron a 16 balseros. Aquello fue una explosión en Miami y la gente empezó  a dar dinero.

Cuando Cuba y Estados Unidos  firman los acuerdos migratorios, se le cae el negocio a “HAR”, porque la gente piensa  “Para que voy a dar dinero si a los balseros los van a virar para Cuba”. Entonces “HAR” empieza a combatir los acuerdos migratorios. Supuestamente, si a ellos les interesaran las gentes, ellos aplaudirían los Acuerdos, y cerrarían a “HAR” con una fiesta porque ahora la gente si puede venir legalmente, pero no,  ellos hacen todo lo contrario, comienzan a combatir los acuerdos migratorios, ahí  es donde se demuestra que todo lo de los balseros es un puro cuento, no les importaban los balseros.

Yo recuerdo que en septiembre  participé en uno de los últimos vuelos de rescate, cuando los balseros estaban sueltos y aquello era indescriptible, salías a volar al estrecho de la Florida y veías una balsa aquí y otra ahí, y otra ahí y les tirabas cosas y bengalas para marcarlas, los guardacostas locos recogiendo balsas y tú no sabías que ibas hacer y veías una y le volvías a pasar por arriba pensando  que no la habías visto, aquello era un locura. Los guardacostas llenaban los barcos y los llevaban para Guantánamo.

Recuerdo que después de ese vuelo, cuando llegamos al hangar de “HAR”, aquello era como estar de luto, porque  se dieron cuenta que Fidel les había dado un golpe fuerte, comprendieron de que los americanos  si no invadían a Cuba,  iban a tener  que sentarse a negociar con Cuba.  Te repito,  fue un verdadero luto.

Al lunes siguiente, cuando  fui a trabajar en Tamiami, allí en mi trabajo, nos paramos  a conversar  dos o tres personas,  Freddy Flaquer, Perianne, un par de gente más y yo; estábamos conversando ahí, rumiando la tragedia aquella, era una tragedia para aquel negocio y me acuerdo como si fuera hoy, que estábamos conversando, que si los balseros, que ahora sí, que figura tu….  y de pronto uno de ellos explota y dice “Balseros de mierda ….me dan unas ganas de salir con un helicóptero,  y con una ametralladora irlos hundiendo uno por uno”.

Aquellos aviones de “Hermanos al Rescate” los piloteaban diferentes tipos de personas. Los había voluntarios, otros  lo hacían por negocio.  Era una mezcla de todo; había quienes rentaban sus aviones a “HAR” y sacaban sus ventajas, había un grupo que no tenían aviones y  lo que querían era hacer horas de vuelos para después hacer una carrera como piloto, porque la hora de vuelo  cuesta 160 dólares y allí hacías cientos de horas de vuelo y eso para una carrera es un aval. Esto provocaba sus problemas entre los pilotos, porque pasaba que cuando el jefe de los vuelos cogía a su “piña” la ponía a volar y relegaba a los otros y entonces los otros se quejaban, era una mezcla de todo eso. Y estaba el voluntario, al que de verdad le importaban los balseros, no le importaba volar, lo que le importaba era salvar balseros y lo veías que se machacaba en el asiento de atrás y cogía tremenda candela, porque es duro meterte 6 horas en un avión caluroso. Estaban entonces los jefes que tenían sus ambiciones políticas, que al fin y al cabo, era destruir a Cuba de la forma que fuera.

Los Cinco Héroes Cubanos
En el momento de la detención el 12 de septiembre de 1998, yo no conocía a ninguno de los otros detenidos, a excepción de Gerardo, a él  si lo conocía,  era el que me dirigía directamente, era mi contacto. Conocí a Gerardo como dos años antes del arresto, estuvimos bastante tiempo trabajando. Gerardo ante todo es muy humano, muy preocupado  por el aspecto  humano de la operación, por el bienestar del compañero, los problemas que tenía. Estuvo muy pendiente del nacimiento de Ivette, que si un regalito, alguna cosita; siempre inquiriendo sobre el bienestar de la familia sobre todo cuando Olguita llegó. La impresión que siempre tuve de él fue esa, un hombre para quien lo primero eran las personas. Es además muy analítico y muy abierto a las opiniones del compañero. Yo diría que es un hombre que escucha mucho  y sabe escuchar aún en esa situación en que nuestra relación era de subordinado a jefe. Sin embargo, él  que escuchaba mucho y transmitía con mucha fidelidad lo que uno pensaba, le daba peso a la opinión del que estaba en el terreno. Ya después del arresto, te confirmo que el juicio demostró en Gerardo grandeza, porque sobre Gerardo se concentró todo el odio del enemigo, mucho  más que en el resto. En Gerardo se concentró el odio de los fiscales,  que llego a un nivel personal aberrante y él lo enfrentó con una grandeza increíble, con una ecuanimidad  tremenda y con ese sentido del humor tan de él.

Hace pocos día, estaba recordando las situaciones que se daban en el juicio, y  que a todos nos provocaba una ira inmensa, tal, que te daban ganas de levantarte y coger a un fiscal por el cuello por mentiroso, por bandolero, por indecente, por arrogante… y de pronto se aparecía Gerardo  con una caricatura de esa misma situación y todo el mundo tenía que reír. Cuando digo todo el mundo, digo los presos,  la traductora, los marshalls, todo el mundo. Esas eran las cosas de Gerardo durante el juicio.  Y cuando el fiscal  más se ensañó con él, en  los argumentos finales, que le manoteo en la cara, que se portó como  un patán, Gerardo lo miró con una ecuanimidad, con una calma, como diciendo has lo que tu quiera, la verdad está de mi parte. A mi realmente me impactó.

El abogado de Gerardo, al final del juicio tuvo una frase, que yo diría que lo resume - y lo dijo de corazón- “Gerardo es un santo”,  con todo lo que implica el martirologio de los santos.  En realidad es así, ese es el temple de Gerardo.

A Fernando lo había conocido muy puntualmente pero no  trabajamos juntos; ya después si lo conocí en el juicio.

RL: Son una decena de encartados, pero cuando se consideran y cuando se convierten en Los Cinco.


Mira, Los Cinco surgieron desde el mismo momento de que nos decantamos de los otros, la decantación se produjo bastante rápido. El primer día de la detención, nos meten directo en El Hueco, y de allí nos bajaron para presentarnos ante la Corte, nos ponen en un lugar a los 10 juntos y  ya ahí se produjo un proceso de decantación,  o por lo menos de dudas con relación a los otros, enseguida nos identificamos  por la firmeza, por la forma en que veíamos el asunto,  empezamos hablar los 10  y nosotros 5 fuimos lo que planteamos que ese era nuestro Moncada, hablamos de La Historia me Absolverá, y los otros estaban en las nubes tratando de darle vueltas al asunto.  Después,  se fueron decantando un poco más y hubo un momento en que hablamos con ellos para tratar de que reconsideraran su posición, pero no había forma. De una manera casi  natural  nos fuimos  convirtiendo en Los Cinco  y ahora se hace un poco difícil precisar en qué momento, pero se me ocurre pensar que en el primer momento, en ese momento en que Los Cinco decidimos que había que irse por el ejemplo del Moncada, de Fidel.

Cuando los otros se decantan, siempre te choca, siempre pensé que íbamos a ser diez, a mí nunca me paso por la cabeza que ni uno solo fuera a separarse. Después enfrentamos la realidad y eso te sacude un poco. Te toma tu tiempo volver a confiar, pero fue un proceso rápido una vez que ellos se decantaron, la seguridad en la coincidencia de principios y  en la forma de ver el caso, hizo que los cinco nos identificáramos enseguida.

RL: Hay un momento en que Gerardo Hernández trata de asumir toda la responsabilidad.

Si, coincide con ese momento que te narré en que estábamos todos discutiendo como enfrentar la situación; es en ese momento en que a Gerardo se le ocurre aquella idea,  ridícula por lo menos para nosotros  cuatro, cuando dice: “No hay más que hablar, échenme la culpa a mí de todo”,   ahí mismo se notó la diferencia,  nosotros cuatro le respondimos de inmediato cada uno con sus palabras: “Tú estás loco, no seas bobo compadre, tu estas borracho, deja la botella que te dieron”, mientras los otros se quedaron callados como diciendo, no sería mala idea. Esa diferencia de actitud nos chocó a nosotros 4. Nos convirtió en Cinco.

Quieres que hable del Alegato. Bueno, cada alegato fue un proceso individual, cada uno escribiendo sobre lo que más le impactaba o lo que más le dolía o le parecía relevante. Yo escribí el mío bajo esas premisas. En realidad, cuando escribimos el alegato lo más difícil fue decidir que dejar fuera y que poner. Porque hay tantas cosas que decir, después de un juicio como ese, en que has visto tanta basura, tanta bajeza, tanta mentira, tanta falta de respeto a la ley, tanto abuso, tanta arrogancia, chantaje a los testigos,  burlarse de la jueza, burlarse del jurado, cuando has visto tantas cosas, has visto defender al terrorismo, pedirle a la jueza que me impida monitorear a los terroristas, has visto tanto que la disyuntiva está en  que escribir y que no,  porque si  escribo todo lo que siento no cabe, el alegato era de dos horas en la Corte, eso fue lo más difícil. Después ocurrió el 11 de septiembre que también se interpuso entre las sentencias y la declaración de culpabilidad, lo  que también fue un elemento a incorporar al Alegato.

Creo sinceramente que el Alegato fluyó, recuerdo que fui haciendo algunas anotaciones, las ideas que se me ocurrían las anotaba, después las desarrollaba  y decidía cual incorporar al Alegato y cual no,  muchas las tuve que dejar fuera. La misma frase  “el crimen de ser dignos” me pareció un homenaje al cubano de Miami que no se ha pervertido, que sigue siendo cubano, como David que es cubano, él es el padre de Joaquín Méndez, uno de los abogados, el de Fernando. El hijo fue a consultarle si defendía o no a Fernando –se vivía una verdadera campaña mediática en Miami contra nosotros- y le respondió que sí, lo defendiera, porque aunque él personalmente estaba contra el comunismo en Cuba, todo aquél que arriesgaba su vida por un ideal, merecía respeto.

El inicio del Alegato se me ocurrió ese mismo día, se inspiró en una expresión de Roberto,  porque el Alegato lo teníamos listo ya, días antes de la sentencia,  la noche anterior las traductoras -que se hicieron admiradoras de nosotros-,  nos pidieron el Alegato para hacer la traducción con tiempo  y poder escribirla, entonces la traductora me lo pide y yo se lo entrego con anterioridad, ella lo traduce y por la mañana ella viene a devolvérmelo y me  felicita.  La parte del bombero de Nueva York, repito, fue idea de Roberto  que me lo dijo en la visita del día anterior  a la presentación del Alegato. A mí me impacto tanto, que lo agregue aunque ya estaba traducido, entonces le di a la traductora una notica ya con eso. Así fue que se hicieron  todos los alegatos.  Después si los colegiamos, entre Los Cinco los leímos con tiempo y cada uno le daba su opinión al otro, cambia esta palabra, esto me parece mejor así, pero detallitos.

Claro que la fiscalía me hizo propuestas de colaborar, ellos le hacen propuestas a todo el mundo, el sistema opera de esa forma. En general lo que ellos hacen es que te ponen más cargos de los que en realidad acusan y te elevan la sentencia potencial  a niveles estratosféricos. Vienen y te dicen que si cooperas,  te vamos quitando cargos. El ejemplo es uno de los detenidos que cooperó, le pedían cadena perpetua y al final solo cumplió  2 o 3 años.  Ese es el modus operandi de la Fiscalía Federal  en Estados Unidos.  Por eso es que el 95% o más  de los acusados no van a juicio,  prefieren cooperar.

Otra característica del sistema legal norteamericano  que lo hace perverso, es que ellos no te sancionan por lo que tu hiciste, tu sanción depende  de tu actitud después del arresto, mientras más te humilles, más benevolente son contigo y si decides no humillarte te van arriba con todo, como pasó con nosotros.

A todos nosotros nos propusieron cooperar; si hubiéramos cooperado  recibíamos  tres años, a lo máximo 5 años de cárcel, pero como decidimos no cooperar, nos fueron encima con todo. Cuando me proponen a mí un trato concreto, ya ellos sabían que yo no iba a chivatear ni a cooperar, ni a doblegarme. Entonces lo que me proponen es que me declare culpable de uno de los dos cargos, nada más,  insinuando “si ya no vas a cooperar, al menos declárate culpable”, me hubieran dado 10 años por ese cargo y hubiera cumplido 8 y medio, ahí fue cuando dibujé el dedo enhiesto en el lugar de la firma.

El chantaje con mi familia lo hacen en ese mismo momento, cuando ellos me ofrecen el borrador de acuerdo, donde te escriben todo el acuerdo  y entonces en el borrador mismo me ponen al final: “este acuerdo no tiene relación con la situación migratoria de la esposa”, como diciendo: acuérdate que tu mujer puede ser deportada.  Ellos me presentaron ese papel un viernes, ese mismo día dije que no; el domingo  Olguita me visitó y el miércoles ya la tenían presa.

RL: Durante los dos años  que en Cuba no se conocía del caso, ¿Cuáles fueron las fuentes de fuerza y dignidad para no dejarse doblegar?


Mira, la principal motivación es la convicción de lo que estás haciendo, el saber que estás haciendo lo correcto, saber  lo que estas defendiendo, y las razones  de por qué estabas ahí. Es obvio que no todo el mundo lo tenía totalmente claro, hubo quien pensó que lo sabía pero no era así. Pero una vez que confirmas tu convicción, eso te da fuerza. Siempre he dicho, a mí me asaltaron las fuerzas del FBI en la casa  y nadie me ha demostrado nunca, como un asalto te hace cambiar tus principios; tu puedes caminar por la calle ahora y un tipo te dice te mato si no me das la cartera y a lo mejor te logra quitar la cartera pero eso no tiene que hacerte cambiar tus principios. A mí me asaltaron un montón de delincuentes, eso fue lo que yo vi, se portaron como delincuentes, me asaltaron, me tumbaron la puerta de la casa, me tiraron al piso, me maltrataron,  me metieron en el hueco y todos los días me estaban recordando “Yo soy superior, yo tengo fuerza, yo te puedo destruir”. Podrán destruirme pero no me han demostrado  que son mejores que yo; lo que me han demostrado es que son unos delincuentes y yo tengo que decidir si cedo ante un delincuente o si cambio porque unos tipos me asaltaron  o porque me entraron a palos.  Yo creo que eso es importante. Pueden destruirme, pero no cambiarme.

Creo que ahí se unen esas dos cosas, la convicción de  que estás haciendo lo correcto y también la bajeza de ellos ¿Por qué yo tengo que ceder ante una gente tan baja? Yo estaba protegiendo la vida y ellos tomaron la decisión política  de convertir la acción de proteger a la vida humana en un crimen. Entonces, ellos fueron los que se degradaron cuando hicieron eso, hubieran podido decidir sin problemas considerar que la vida humana es el  bien más preciado  y el que la proteja no puede ser incriminado. Pero no, ellos decidieron lo contrario, y una vez que  decidieron eso, cayeron a lo más bajo; entonces, no tengo que responder ni darle el gusto a unas gentes, que lo que hicieron fue rebajarse, solamente porque me están maltratando.

Debo decirte que  nosotros recibimos, a través de los abogados de la defensa,  señales de que el gobierno cubano iba a participar y cooperar, claro sobre todo para los compañeros que  estaban de incognito, Gerardo, Fernando y Ramón,  fue un periodo de total silencio para la familia, silencio absoluto y fue muy duro para ellos. Hasta que el juicio no comenzó, ellos no se identificaron,  fue un aislamiento total  de sus esposas de sus hijas, de la familia. Yo tuve la suerte de que me podía comunicar con mi familia, porque yo era Rene González, Olguita era mi esposa;  pero para ellos fue muy duro, día a día, durante dos años y pico, fue duro. Eso demuestra en ellos firmeza y una gran confianza en Cuba, en la Revolución.  Nosotros nos reíamos, porque Fernando seguía siendo “mexicano” y se comía la ostia cuando venía el cura, y se persignaba y hablaba como mexicano y comía con picante.  Hasta que no dijo en el juicio “Yo soy Fernando González”, no empezó a hablar como cubano, soy testigo de eso, lo viví y por eso los tengo que admirar.

Una vez que empezamos a planear la estrategia  a seguir en el juicio, decidimos que el día que comenzara el juicio, ellos se iban a identificar, pero ni si quiera con nosotros, ni siquiera conmigo ni con el flaco, porque ellos se conocían entre sí, Fernando, Gerardo y Ramón  y sabían cómo se llamaban, pero nosotros no y ellos no nos dijeron el nombre a nosotros, los abogados  lo conocieron antes que nosotros.  Fernando incluso nos corrió una broma, porque el día que le tocaba presentarse ante la corte,  le dijimos,  “Compadre, si ahorita el abogado lo va a decir, dinos tu nombre”, “No, no, mi abogado tiene que decirlo” –respondió – “Bueno, está bien, yo me llamo Hipólito”  y nosotros empezamos a joderlo, “Quien te puso ese nombre  compadre, acabaron contigo”,  y de pronto se para Joaquín y dice, “Mi cliente, Fernando González”.

El gobierno de EEUU identificó a Gerardo por accidente. Sucedió que Gerardo, durante su estancia en Miami, se encuentra casualmente con un muchacho que era vecino de él aquí en La Habana; Gerardo le hizo un cuento al ex-vecino de que él era funcionario de la embajada de Cuba en Argentina y que estaba escapado para Miami, un cuento chino que le metió al muchacho. Por supuesto que informó a La Habana de todo identificando al joven. Cuando el FBI ocupó algunas comunicaciones de Gerardo con el Centro Principal, van y buscan al muchacho  y éste identifica a Gerardo.  Al pobre chiquito no le quedó más remedio,  era un infeliz, un vecinito de Gerardo de ahí del Reparto Alkazar, en La Habana, el FBI le tocó la puerta y no le quedó más remedio, el chiquito fue a testificar con tremenda pena.

En mi caso, ellos acosaron y se ensañaron con mi familia, utilizan mucho eso, no solo conmigo, aunque  claro, con nosotros estaba presente un pase de cuentas a Cuba y por supuesto, la motivación política, lo cual, obviamente refuerza la conducta y acciones del gobierno americano, pero nunca debemos olvidar que ellos son muy dados a utilizar en lo que pueden a la esposa y a los hijos para presionarte, yo lo vi en varios presos, que los querían apretar y le metían presa a la madre o a la esposa, repito, mi caso no fue el único.

Es verdad que conmigo se extremaron, porque me prohibieron las visitas de las niñas; todo el mundo podía ver, en la cárcel de Miami, a sus hijos menos yo, eso fue duro.  Una de las imágenes más duras y terribles de todo ese proceso, fue el  ver a Ivette chiquitica caminando por la acera desde allá arriba desde la altura del piso 12. Cuando miré hacia abajo, y lo que vi fue una matica de pelo que se movía tambaleante, vacilante, con Olguita e Irmita alrededor de ella, pero además en una zona especialmente peligrosa, donde el crimen es  más elevado que en el resto de Miami y vi  gente que se les acercaba, me tensioné, porque si les pasaba algo, ¿Cómo grito, a quien le aviso?, ¡No tienes forma de avisarle a nadie! Fue  una situación realmente terrible y te confieso que el corazón se me encogió.

En otra ocasión, cuando fui a ver a la niña en una visita, me amarraron, me encadenaron como a un perro. Lo que pasa es que en esos momentos, también aprendes a reírteles en la cara a tus enemigos cuando te hacen todas esas cosas, es la única forma que tienes de combatir. No puedes permitir que el enemigo decida por ti. Ellos esperan que ante sus provocaciones, respondas quebrándote y de esa forma te dominan y deciden por ti. No, lo que ocurra ante ellos lo tienes que decidir tú,  ellos no lo pueden decidir por ti.

Aprendí esa lección el día de los 15 de Irmita. Ese día me curé. Fue un poco después del arresto, en junio del 1999, no había pasado un año todavía.  Teníamos derecho a una llamada telefónica “semanal”.   Yo guardé con ilusión la llamada de esa semana para asegurarme  de que podía hacerla el día del cumple de Irmita. El procedimiento era sencillo, te apuntaban  en un libro cuando llamabas, entonces  pedias hacer la llamada telefónica, miraban y si habían pasado 7 días, te permitían hacerla. Dejé transcurrir  como 8 o 9 días  para hablar con Irmita el día de sus 15.  Dio la coincidencia y la desgracia de que me tocó un guardia que era un perro,  desde por la mañana le dije que eran los 15 de mi hija y quería  hacer mi llamada semanal. Pero el tiempo pasaba y nada,  el decidió que yo no iba hacer la llamada ese día, me lo hizo ver claramente, además se regodeó, porque pasaba y me decía que esperara. El tipo se ensañó y llegó a un punto que me afectó. Cuando se terminó el día  y vi que no iba a poder hablar con Irmita, me llamé a capítulo y me dije, “Espérate un momento,   no puedes dejar que esto siga así, porque te van a hacer daño y tú no puedes dejar que te hagan daño, tienes que irte por encima de ellos”.

Al siguiente día si me dieron la llamada, habían pasado los 15 de Irmita y cuando llamé, me respondió Olguita y le dije: “Fíjate lo que te voy a decir, pase lo que pase no cojas lucha, no te preocupes por nada,  porque yo no voy a coger lucha con más nada de esta gente, no hay nada que ellos hagan que me pueda afectar, porque si tu dejas que te afecte ahí te ganan y no nos van a ganar”.

Desarrollé la habilidad de reírme cuando me daba la gana; así ocurrió cuando lo del overol de Olguita, que me la llevaron detenida vestida con aquella cosa horrible color naranja y en el salón estaban todos los tipos del FBI, sentados allí para vacilar el momento en que yo viera a Olguita y me quebrara si ella lloraba,  ¿¡Ah sí!? Pensé, está bien. Entonces,  frente a todos ellos le dije “¡Qué bien te queda el color naranja!”, nos reímos los dos, y los tipos se quedaron con las ganas. Un  poco eso fue lo que hice con Ivette  aquel día que te conté me llevaron a verla encadenado, me reí,  disfruté a mí hijita, y cuando Ivette dijo “Guau, guau”, y Olguita le dijo “No mi hijita, aquí el perro no es tu Papá”,  aprendí  que si yo no quería ver un guardia, yo no lo veía, le pasaba por el lado y solo veía la pared detrás de él.

RL: Se impone hablar del papel de Olguita antes y después de la detención.


Mira, el diario que escribí durante el juicio, fue un tributo a Olguita. Ella quería estar presente durante el juicio y de pronto se produce la barbaridad de que la meten presa. Entonces decidí que si no podía estar en el juicio, yo le iba a contar el juicio en detalle. Eso fue lo que hice, el propósito fue hacerle un tributo y homenaje personal mío a ella, porque ella se lo merecía.

Olguita ha sido en esta situación todo, porque ha sido el puntal de las niñas. Yo me fui cuando Irmita tenía 6 años  y ella me entregó una adolescente inmejorable, con tremendos y profundos sentimientos, no es que  los 6 años que estuvo conmigo no hayan influido, pero Olguita tuvo que lidiar con Irmita durante el Periodo Especial en condiciones terribles, creadas por un padre aparentemente desertor ante todos y me entregó una muchachita feliz,  que no se traumatizó, que es una gente íntegra. Después también con Ivette,  o sea que desde ese punto de vista, Olguita ha sido más que un puntal, lo cual para mí es más que importante.  Yo le decía, a ella durante los años de prisión, que mi misión era mantenerme firme, que cuando  nos veamos,  tu no veas a un tipo derrotado,  disminuido, que tu veas a un hombre optimista, que está echando para adelante;  y que a mí lo que me hace falta, es que, cuando yo te vea a ti, también encuentre lo mismo y nos transmitamos un mensaje de victoria y esperanza.

Ella cumplió con su parte y yo cumplí con la mía. La parte de ella fue tan dura como la mía. Cuando estuvo sola en Miami, la FNCA presionó para que la botaran del trabajo, se salvó que el jefe no la quiso botar.  Ella tenía que ir a verme a la prisión por las mañanas una vez a la semana  y después arrancar para el trabajo, a veces la dejaban trancada en el salón de las visitas lo que la ponía a punto de llegar tarde al trabajo, lujo que no podía darse, le metíamos entonces  cuatro patadas a la puerta, el guardia venia gritando y ella le formaba un “bateo” tremendo al guardia, ella guapeó.

Hace unos días yo estaba recordando  -y estas son las razones por las que nos odian, porque cuando no tienen la moral que nosotros tenemos, eso les molesta-, pues estaba recordando con Olguita el caso de los tres americanos que las FARC-EP tuvieron retenidos en Colombia durante  5 años,  cuando salieron, toda la familia estaba desbaratada, desunida,  las mujeres los habían dejado.  Entonces tú ves cómo el gobierno norteamericano continúa tratando de destruir a nuestras familias, nuestros matrimonios, a Adriana llegaron a decirle ahí en la SINA, que ya ella no estaba casada, que  eso no era un matrimonio porque hacía 15 años que no se veían, mira qué clase de bajeza y sin embargo, ellos mismos comprenden que no pueden destruir nuestras familias.

RL: Coméntanos el papel y rol que han jugado Irma, Cándido y Roberto en esta lucha.


Creo que los viejos están en mi formación, todo lo que yo pude haber hecho de bueno  se lo debo a ellos, me criaron, me hicieron ser como soy, me dieron ejemplos suficientes y al final eso es lo que se lleva uno cuando  vas  a cumplir una Misión, es lo que te han enseñado y eso se lo debo a los dos.

En cuanto a Roberto,  siempre he dicho que él ha sido uno los puntales en la discusión legal del caso, creo que cuando se perdió a Weinglas y a Roberto, se perdieron a los mejores exponentes en los dos idiomas. Hay una cosa que a veces se desconoce, y es que Roberto no estaba luchando por mi nada más, él siempre tuvo presente que era por Gerardo también,  para él siempre estuvo claro que la prioridad de todo era Gerardo. Hay algo que siempre admiré de él, y es que, siempre, por encima de todo, enfocaba el caso en conjunto, de los cinco, siempre decía que éramos cinco y era el hermano de Los Cinco, no fue solo mi hermano,  cuando te pones a oír como el exponía el caso,  los puntos en que hacía énfasis, te das cuenta que Roberto siempre fue un verdadero hermano para todos nosotros. Tuvo la suerte de poder reunirse con Fernando, Ramón y Antonio, cuando ellos fueron  a la resentencia, en ese momento fue que se le diagnosticó el cáncer. Él fue un hermano para los cinco y ellos lo vieron  así.

RL: ¿Cuándo fue la última vez que viste físicamente a tus cuatro hermanos?


La despedida fue un poco brusca, nos sacaron del Centro Federal de Detenciones en Miami, fuimos juntos en una guagua, encadenados, esposados hasta el aeropuerto de Oppaloka y ahí nos montaron en un avión y  terminamos en Atlanta, que es un centro de distribución,  que se parece bastante al infierno.  Allí hay de todo, incluso diablos mandando, nada más  falta la alta temperatura. Entonces, la despedida fue brusca,  porque una vez que llegas allí, empieza un procesamiento  un poco brutal  y comienzan a mover gente para un lado y para otro y de pronto terminas en una sección de ese lugar y si estás de suerte,  terminas con uno de tus compañeros o con más de uno, de lo contrario -que fue lo que me paso a mí-, no vuelves a ver a ninguno.

Los Cinco llegamos juntos a ese lugar, nos metieron a todos en una celda junto a un montón de gente y nos empezaron a sacar uno por uno  y en aquel movimiento raro que se armó de pronto, vi que ninguno de mis compañeros  estaba conmigo y fue duro. Estuve allí 18 días, antes de que me sacaran y trasladaran. Más nunca los vi a ellos. Cuando me movían internamente, trataba de ver si los veía en otra ala, pero no los veía y en ese momento nunca pensé que iban a pasar tantos años  sin vernos,  y hasta el sol de hoy.

Quieres mi opinión sobre el cargo 3 contra Gerardo. Pues bien, hay  que recordar que el cargo 3 se monta siete meses después del arresto, cuando empiezan las presiones de los elementos de Miami para que se ponga el cargo 3, hasta ese momento al gobierno no se le había ocurrido eso y tenían las mismas evidencias; cuando comienza el concubinato entre el gobierno e Ileana Rhos y Lincoln Díaz Balart, empiezan  todas las conspiraciones alrededor de los arrestos, la manipulación de los medios de prensa, la incorporación de las familias de los pilotos de “HAR” derribados y otras cosas, es que  se monta el cargo 3.

El cargo 3 básicamente tiene dos elementos que tienen que demostrarse, uno que Gerardo acordó con alguien que se matara a personas; es decir que hubo un acuerdo de Gerardo con alguien de que se matara a personas y el segundo elemento que tiene que demostrarse, es de que, el acuerdo de Gerardo con esa otra persona, implicaba que se les matara en aguas internacionales. Ninguno de los dos elementos se probó en el juicio.

No existe ningún documento  según el cual  a Gerardo se le haya  ocurrido discutir  con nadie la muerte de alguien, no existe ni existió ese documento  y el segundo elemento menos. Toda la evidencia del caso gira alrededor de violaciones del espacio aéreo cubano, no hay un solo documento en el que se hable de que pase algo fuera de Cuba,  de que a Cuba le preocupe lo que estaba pasando fuera de su territorio, de que le importe la actividad de “Hermanos al Rescate” fuera del territorio cubano.

No hay un solo documento, no hay una frase, pero obviamente ese jurado,  primero estaba atemorizado, no porque yo lo diga, lo dijeron ellos, se lo dijeron a la jueza, “Tenemos miedo, nos están filmando las cámaras las chapas de los carros”, y segundo, ese jurado se escondió, el presidente del jurado hizo una declaración de 5 minutos y más nunca se le escuchó la voz, nunca se ha escuchado nada de esa gente, ellos hicieron voto de silencio. Y lo normal en los Estados Unidos es que ocurra todo lo contrario; en cualquier caso en EEUU sobre este tema, cada uno de los jurados hubiera hecho un libro. Sin embargo, ninguno ha hecho nada, ninguno ha hecho una simple declaración. La única declaración –la de los famosos 5 minutos del presidente del jurado-  es una tergiversación de la ley. El tipo dijo que el derribo ocurrió fuera de Cuba, por lo tanto Gerardo era culpable. Y ese no es un elemento del cargo. Elemento no es donde ocurrió el derribo, sino lo que Gerardo pensaba, lo que Gerardo acordó.  Y Gerardo nunca acordó eso. Es decir, aun suponiendo  que el derribo ocurrió fuera de Cuba, ese elemento no acusa a Gerardo del cargo de conspiración para cometer asesinato… pero el juicio fue en Miami.

RL: Hay presentado un recurso de Habeas Corpus  por parte del actual abogado de Gerardo, que se basa en el pago a los periodistas por parte del gobierno antes y durante el juicio y la solicitud de que el gobierno muestre las imágenes de los satélites. Coméntanos sobre esto.


Creo que es obvio el por qué el gobierno de Estados Unidos no quiere mostrar las imágenes de los satélites.

Hay un recurso muy importante que es la inefectividad de la defensa. Es posiblemente uno de los pocos casos en la jurisprudencia norteamericana, en que  un abogado haya firmado un afidávit  admitiendo que se equivocó en la defensa y Mackenna lo hizo.  Creo que en parte es verdad, el defendió a Cuba en vez de a Gerardo y eso ayudo a confundir al jurado.

El caso, es un caso político  y hasta ahora se ha definido políticamente  y  si mañana se define positivamente, también es una decisión política.  Es más fácil para un juez, supongo yo,  fallar a favor de la ley que hacer lo que están haciendo hasta ahora, que es fallar en contra. En realidad, si ellos toman la decisión política de fallar a favor de nosotros, les va a ser más fácil, porque lo único que tienen que hacer, es aplicar la ley, que es lo que estamos pidiendo desde que empezó el caso.

RL: Según tu opinión, donde debemos centrar la campaña por la libertad de tus cuatro compañeros.


De todas las formas habidas y por haber, sobre Washington, de todas las maneras y con los medios a nuestro alcance, en el Congreso, en la Casa Blanca, en el Departamento de Justicia, en las Cortes, pero en Washington.  Ahí se cocinó todo ese crimen y ahí es donde se puede resolver.


Octubre del 2013
* Esta entrevista acaba de ser publicada en la edición cubana de Resumen Latinoamericano, como suplemento especial.