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lunes, 22 de julio de 2013

“Trataron que la evidencia sobre el terrorismo contra Cuba no se viera”

21/07/2013
Entrevista de Miradas al Sur (periódico de Argentina)  con René González Sehwerert. El liberado de los Cinco, condenado en un juicio bajo presión del anticastrismo en Miami junto con otros cuatro agentes, salió en libertad condicional, viajó a su país y cambio de renunciar a su ciudadanía estadounidense se queda en la isla y denuncia.


Arriba: René González. Tiene un diario del juicio que detalla las irregularidades que sufrieron los agentes.//Abajo:Olga Salanueva. Fue deportada cuando él rechazó colaborar.

De un breve viaje a un regreso definitivo.
René, después de tantos años lejos y en prisión, ¿ya te aclimataste a Cuba otra vez?
–Aquí pertenezco, es donde debo estar: entre mi pueblo, entre mi familia. No sé si aclimatación es el término correcto. Esta etapa es un poco complicada: hay que recorrer el país, hablar con los colectivos, reunirse con la gente… porque creo que lo menos que merece el pueblo de Cuba es ese agradecimiento. Por donde quiera que camino siento las muestras de cariño; iba por la Habana Vieja y me saludaban, me daban la mano o un abrazo, querían una fotografía… Hace poco fui a la Sierra Maestra y en lo más recóndito, un lugarcito por Las Mercedes, prácticamente en el fin del mundo, conocían a Los Cinco, conocen a mi familia por sus nombres. Todo eso me conmueve y me obliga. Trato de pagar un poco ese cariño con el recorrido por el país, con reuniones en teatros, en universidades. No es una vida común o típica; ya llegará el momento de aclimatarme a lo que se considera una vida normal.
–Eso no va a pasar hasta tanto no estén aquí Ramón [Labañino Salazar], Fernando [González Llort], Gerardo [Hernández Nordelo], Antonio [Guerrero Rodríguez]. 
–Cuando hablo de una vida normal me refiero a dedicarme a tiempo completo a generar ideas, buscar iniciativas, aunar acciones y aunar voluntades por la libertad de mis cuatro hermanos y, desde luego, hasta que ellos no regresen, esa va a ser mi vida.
–¿Ya empezaste a escribir el libro con esa gran cantidad de memorias que tienes? Todo lo que pasó en tu vida desde que te fuiste a Cuba hasta que regresaste, ¿va a ser un libro?
–No he decidido escribir eso todavía; puede que algún día. Pero sí hay un libro escrito, el diario del juicio. Por consideraciones legales siempre se evitó que se publicara: se consideraba que los fiscales lo podían utilizar en mi contra. Pero estando yo aquí ese proceso se va a terminar y algún día saldrá. Tengo en mente hacer un trabajo más breve con las caricaturas de Gerardo [Hernández] que integraron ese libro.
–¿Habrá un día una historia contada por ti, por Gerardo, por Antonio, por Fernando, por Ramón para las futuras generaciones?
–A los revolucionarios se nos critica porque hacemos la historia pero después no la escribimos… No lo sé. Por ahora el diario recoge aspectos del juicio que nadie conoce, porque es el día a día de lo que ocurrió; yo lo concebí como un homenaje a [mi esposa] Olguita… en realidad es una carta a Olguita. Empieza con el primer día de la selección del jurado y recorre todo el juicio: las mayores violaciones al debido proceso, a la legalidad norteamericana, los atropellos éticos que no son muy conocidos, porque se pierden dentro de las transcripciones, entre las evidencias, entre las cosas esenciales. Pero, por ejemplo, cuento cuando un fiscal chantajea a un testigo y lo amenaza con meterlo preso si testifica por la defensa. Esas cosas se perdieron sobre todo porque la prensa no cubrió el juicio. La de Miami se dedicó a hablar lo que quería y la de los Estados Unidos lo ignoró.
–Me llamó la atención en una entrevista que te hicieron en Radio Sancti Spíritus el tacto con que te referiste a otros compañeros de ustedes que, por salvar su libertad, pactaron con la Fiscalía, mintieron y testificaron o colaboraron. Ninguno de Los Cinco habló nunca del tema con encono ni con resentimiento.
–Es una posición ética. Esas personas hasta un momento fueron compañeros nuestros. Obviamente, su actitud después del juicio no es de alabar, por decirlo en términos moderados, porque desgraciadamente –y estas cosas no se conocen: el sistema legal norteamericano no es bonito como en las películas– cuando los fiscales logran quebrar tu voluntad y tu dignidad, te exigen una colaboración y una humillación que va más allá de lo humano. Esas personas, como nosotros, fueron sometidas a una presión terrible; sus familias en Cuba no tienen la culpa de las posiciones que ellos adoptaron. Uno de los matrimonios que decidió colaborar tenía una niña de cinco años que cuando se produce el arresto brutal cayó en pánico, tuvo un ataque de nervios y hubo que llevarla al hospital… son cosas que uno considera. Ellos no tuvieron la solidez de principios que tuvimos nosotros, pero personalmente sólo los ignoro.
–¿Hasta cuándo la Fiscalía intentó que se declararan culpables?
–La última que me propusieron un trato y me chantajearon fue justo antes del juicio. Me querían porque estaban empeñados en que durante el juicio no se hablara del terrorismo allí [en Miami] y así resultó de los pocos procesos, sino el único, en el que la Defensa quería que saliera a relucir toda la evidencia y la Fiscalía no. Trataron que la evidencia sobre el terrorismo contra Cuba no se viera en el juicio y se pasaron la mitad del tiempo tapando evidencias, incluso mediante mociones como cuando llegaron a poner una pidiéndole a la jueza que no se mencionara el tema porque combatir el terrorismo era la motivación de los acusados y la motivación no se debe discutir frente al jurado. En agosto de 2000 me propusieron que me declarase culpable de uno de los dos cargos, y que a partir de ahí negociáramos. Y me chantajearon con la situación migratoria de Olguita. En el último párrafo pusieron: “Este acuerdo no tiene que ver con la situación migratoria de su esposa”, como diciéndome “Si quieres, esto puede ser parte de la negociación”. Me resistí al chantaje y fui a juicio.
–Mientras estabas en las organizaciones contrarrevolucionarias radicadas en Miami, ¿le brindaste información al Departamento Federal de Investigaciones (FBI)?
–Sí, ayudé a desmantelar dos operaciones de drogas que con el PUND, el Partido Unido Nacional Democrático. Ese grupo tomó cierta prominencia en 1993-1994, hicieron algunas incursiones armadas dentro de Cuba y asesinaron a un vecino de Caibarién cuando desembarcan, si mal no recuerdo para robarle el automóvil. En ese grupo se mezclaba el narcotráfico… Nunca sabías si ibas a una operación de narcotráfico o si era una operación contra Cuba… y efectivamente, colaboré con el FBI en esos dos casos. Hubo detenidos. También fue una forma de cortarle los suministros financieros, porque esos grupos utilizan las drogas para financiarse, a la vez que se usa el anticastrismo para la droga: es un círculo vicioso.
–René, tu regreso a Cuba me ha traído un problema con mi esposa: llevamos juntos cuatro años y yo ya no le tomo la mano cuando camino con ella, y donde quiera que tú sales con Olguita se los ve tomados de la mano como novios… ¿Cómo es hoy esta relación que ha pasado por tanto, ese vínculo afectivo tan importante que ha sufrido una separación obligada?
–Primero te sugiero que aproveches y le tomes la mano a tu esposa, y a todos los que estén casados les digo lo mismo, porque a veces olvidamos esos detalles; a lo mejor a mí, como estuve preso tanto tiempo y separado, ese detalle no se me ha olvidado. Olguita se merece todo el amor que yo pueda darle: ha sido no solo una madre ejemplar, una esposa ejemplar sino una cubana ejemplar. Tiene toda mi admiración. Estamos tratando, dentro de esta vorágine que nos ha impuesto la vida a mi regreso, de revivir ese amor y seguir siendo los novios que fuimos.
–Como sabes, hay un grupo de personas que mediante organizaciones o en los medios de Miami, bajo gran presión, hemos mantenido una posición firme en la defensa de Los Cinco, y también en el mundo existe un gran número de cubanos que se solidariza con los pedidos de libertad, los respaldan y los respetan. Otros tienen otros puntos de vista. ¿Qué les dirías a todos ellos? 
–A los que viven en resentimiento y odio les diría que se quiten ese peso de encima. Van contra la historia. Podrán entorpecer su desarrollo, pero se van a quedar detrás y se van a morir con su resentimiento y con su odio. Yo me he conmovido ante cubanos que vinieron en [la invasión a Playa] Girón, que con los años regresaron a Cuba de visita y cuando volvieron a Miami contaban esa experiencia conmovidos y llorando por la forma en que el pueblo cubano los había acogido, les había perdonado su incursión en Girón y los había recibido como cubanos. A los que no se meten en la política, que en su mayoría no odian a Cuba y quieren mantener relaciones con sus familiares y venir cuando puedan, y hasta ser parte del futuro de Cuba, les diría que los políticos que dicen representarlos no representan a la mayoría de los cubanos de Miami, sino a un segmento que ha hecho un negocio con el anticastrismo y que están por su dinero, por su poder político, por sus conexiones. Creo que lo menos que puede hacer un cubano medio de Miami que quiera a su familia es incorporarse y votar para hacer un cambio en Miami. Creo que importa mucho que algún día los políticos de Miami representen realmente a la gente y no a un grupo de terroristas y de delincuentes, que cada vez son menos y que se están muriendo. Y a los cubanos que sí se han incorporado a la lucha política por nosotros, y que sabemos que lo hacen en condiciones muy difíciles, para las que se requiere de mucho valor, quiero agradecerle por nosotros Cinco, porque sabemos que han hecho mucho y con sacrificio y entusiasmo, y les debemos recibirlos aquí, como ahora hablamos nosotros, como he recibido a Max [Lesnik]. Nuestro agradecimiento profundo por todo lo que han hecho, y nuestra admiración.
Emitido en el programa La tarde se mueve, de Miami, en 14.50 AM. Se reproduce por gentileza de su conductor y autor de la entrevista.
El 12 de septiembre de 1998, cuando los agentes del FBI arrestaron a René González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González, comenzó el caso de Los Cinco: agentes cubanos condenados -con penas máximas, resabios de la Guerra Fría; una de ella a prisión perpetua: la de Hernández- en los Estados Unidos acusados de espionaje, mientras el gobierno de La Habana insiste en que su misión era infiltrar grupos de exiliados que realizaban acciones de terrorismo anticastrista para prevenir tragedias en la isla.
El trato que recibieron fue inusual: diecisiete meses en celdas de aislamiento antes de que comenzara el juicio; un proceso extensísimo -seis meses- en el 2000 bajo la presión de la prensa y los activistas contra la revolución que intimidó al jurado al punto de que la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas declaró que “el proceso no tuvo lugar en el clima de objetividad e imparcialidad que se requiere para cumplir con la normas de un juicio justo”; intimidaciones y extorsión para que aceptaran negociar con la Fiscalía –de hecho, otros agentes cinco detenidos lo hicieron– que incluyeron la eliminación de la visa de residencia de la esposa de González, Olga Salanueva, quien no volvió a ver a su esposo desde el 2000
El año pasado González salió bajo libertad condicional, obligado a vivir en discreción y mudanzas regulares por temor a acciones del anticastrismo de Miami contra él, durante tres años. Pero el 22 de abril viajó a Cuba con un permiso para asistir a los recordatorios de su padre, muerto días antes. Como cumplió todas las condiciones, la jueza del Distrito Sur de la Florida, Joan A. Lenard, aceptó un pedido anterior de González y sus abogados: que le permitieran renunciar a su ciudadanía estadounidense y no volver a pisar ese territorio. “El acusado podrá cumplir el resto de su período de libertad supervisada en Cuba y no tendrá que volver a Estados Unidos”, estableció la orden emitida en Miami por la jueza el 3 de mayo. Así, González y Salanueva se reunieron y él conoció a su primer nieto.

sábado, 15 de junio de 2013

Semanario Miradas al Sur - El Caso de los Cinco. (09/06/2013)

Miradas al Sur.Domingo 9 de junio de 2013
El caso de Los Cinco                                                                              Por Gabriela Esquivada  

Cuba. Beinusz Szmukler, Angela Davis, Danny Glover, el ex diplomático estadounidense en Cuba Wayne Smith y el ex canciller de Nicaragua Miguel D’Escoto pidieron, en Washington, por la libertad de los detenidos cubanos.

En Cuba no hay publicidad de productos comerciales, se sabe. Pero la vía pública está llena de mensajes e imágenes. El Che Guevara. Los hermanos Castro. José Martí. Y Los Cinco, a quienes se llama con familiaridad por sus nombres de pila: Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René.
Los Cinco sonríen –aunque su ropa exhibe la moda carcelaria de los Estados Unidos, donde están presos– en fotos individuales que se han unido en un collage. En 2012 uno de ellos fue derivado a una estricta detención domiciliaria, pero cuando se confeccionó el afiche todos estaban dispersos, tras sus sentencias, en la generosa geografía penitenciaria estadounidense: Gerardo Hernández Nordelo, en Victorville, California (dos cadenas perpetuas más 15 años); Ramón Labañino Salazar, en Beaumont, Texas (30 años); Antonio Guerrero Rodríguez, en South Florence, Colorado (21 años y 10 meses); Fernando González Llort, en Terre Haute, Indiana (17 años y 9 meses) y René González Sehwerert, en Marianna, Florida (15 años).
Los Cinco Héroes se los llama en Cuba. Los cinco espías cubanos de la Red Avispa, en los Estados Unidos.
No se avergonzó de ninguna de esas categorías el propio Hernández, enviado con sus pares a infiltrar las organizaciones de exiliados cubanos extremistas que, como Alfa 66 o CORU, han atentado contra la isla. “Cuba tiene derecho a defenderse de los actos terroristas que se preparan en la Florida con total impunidad a pesar de haber sido denunciados –dijo–. Es el mismo derecho que tienen los Estados Unidos de tratar de neutralizar los planes de la organización del terrorista Osama bin Laden que tanto daño ha causado a este país y que amenaza con seguir haciéndolo. Los hijos e hijas de este país que cumplen esta misión son considerados patriotas y su objetivo no es amenazar la seguridad nacional de los países donde esas personas se refugian.” Lo comentó antes del atentado contra las Torres Gemelas y el Pentágono.
Para Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional –número 3 en la isla y hombre de Fidel–, Los Cinco constituyen uno de los temas principales de la agenda política: ningún otro se destaca más en el discurso de este doctor en Filosofía, miembro del Buró Político del Partido Comunista, ex representante de Cuba ante las Naciones Unidas y ex canciller que, precisamente, el de Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René.
Machaca Alarcón con Los Cinco porque, se dice, la cuestión cala muy hondo en el corazón de Fidel Castro. El Comandante no comprende por qué, si sucedió de modo casi contemporáneo al caso de Elián González, el de Los Cinco Héroes no tuvo repercusión similar.
En su libro Los héroes prohibidos –una recopilación de artículos publicados en CounterPunch– Alarcón apela a varios epígrafes tomados de Alicia en el País de las Maravillas, como “¡Primero la sentencia! ¡El veredicto después!”. Esas palabras se aplican muy bien al oprobioso juicio que recibieron los cinco espías cubanos en Miami. Y no por pobres, como son la mayor parte de los mal juzgados y peor condenados por no poder pagar abogados tiburones, sino por la intoxicación política derivada de esa especie de rencor fósil de la Guerra Fría que domina las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.
Describir el caso en un puñado de párrafos, como corresponde a cualquier historia trágica y simple como ésta, es –sin doble sentido– un trabajo de preso.
El 12 de septiembre de 1998 agentes del FBI arrestaron a Manuel Viramontes, Rubén Campa, Luis Medina, Antonio Guerrero y René González por encontrarlos espías activos desde ocho años antes. Advirtieron que los tres primeros eran los más importantes de sus detenidos, algo más cierto que sus nombres: Viramontes era el alias de Gerardo Hernández, Campa el de Fernando González y Medina el de Ramón Labañino.
Los encerraron 17 meses en celdas de aislamiento antes de que comenzara el juicio, un hecho que se repitió en algunas ocasiones mientras cumplían ya sus condenas. El proceso, en el 2000, duró más de seis meses: un récord hasta el momento en los Estados Unidos. Fueron acusados de “conspiración para cometer espionaje”, “ser agentes no registrados de un gobierno extranjero” y otros delitos menores. Se limitó el acceso de sus abogados a las evidencias. No obstante, el gobierno estadounidense indicó en un comunicado que “no existen indicios de que ellos tuvieran acceso a documentos clasificados o acceso a áreas sensibles” y que la seguridad nacional “nunca estuvo comprometida”.
Dado que las organizaciones que infiltraron se hallaban en Miami, la causa se desarrolló allí, donde el jurado sufrió la presión de la prensa anticastrista y de los exiliados militantes. La defensa solicitó el traslado del juicio a la corte de Fort Lauderdale, a sólo 36 kilómetros al norte; el pedido fue denegado. Cinco años más tarde la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas declaró “arbitraria” la detención de Los Cinco y concluyó que “el proceso no tuvo lugar en el clima de objetividad e imparcialidad que se requiere para cumplir con la normas de un juicio justo”.
La esposa de René González, Olga Salanueva, fue detenida el 16 de agosto de 2000. Como él poseía nacionalidad estadounidense y ella sólo residencia permanente, se le sugirió a González que aceptase una plea bargain –un acuerdo con la Fiscalía para aceptar cargos menores, facilitar información y brindar testimonio–, dándole a entender que caso contrario ella sería deportada. Él no aceptó la negociación de culpabilidad y ella fue expulsada en noviembre de ese año. Nunca más se le otorgó una visa para visitarlo.
Durante el juicio se cumplieron cinco años del derribo de dos aviones de Hermanos al Rescate, una organización anticastrista que se fundó para buscar balseros en el estrecho de la Florida pero que extendió su performance a vuelos rasantes sobre La Habana para soltar panfletos de propaganda. Los tres Cessna 337 Skymaster que habían despegado de Opa-Locka el 24 de febrero de 1996 recibieron una bengala de advertencia del gobierno cubano, que los consideró dentro de su territorio aéreo. La Fuerza Aérea de los Estados Unidos rechazó el pedido de resguardo de las naves. Una escapó al ataque de misiles, pero en las otras dos murieron Armando Alejandre Jr., Mario de la Peña, Carlos Costa y Pablo Morales. Los pocos restos aparecieron cerca del Malecón de La Habana.
Gerardo Hernández había infiltrado esa organización. La cobertura del aniversario causó un furor que influyó aún más en el resultado del proceso. El alegato del fiscal, además, advirtió a los jurados que traicionarían a su comunidad si no encontraban culpables a Los Cinco. Rapidísimo les echaron encima los 26 cargos presentados en su contra.
Las sentencias –el máximo para cada cargo– fueron apeladas y revisadas para cuatro. A Hernández, en cambio, le agregaron un cargo, “conspiración para cometer asesinato”, por el caso Hermanos al Rescate: según la Fiscalía, el derribo sucedió en aguas internacionales, no cubanas, y en consecuencia los Estados Unidos tienen jurisdicción. Los radares de los Estados Unidos y los de Cuba se contradicen. Uno de los 70 testigos en el juicio, el coronel retirado George Buckner, sugirió que se mirasen las imágenes satelitales. La Fiscalía objetó y luego el gobierno rechazó el pedido de esas tomas que hizo la Organización de Aviación Civil Internacional.
Por la condena agregada, Hernández nunca saldrá de la prisión. Su mujer, Adriana Pérez, obtuvo un permiso de visita una vez, pero al llegar al aeropuerto de Houston, Texas, le negaron el ingreso y la deportaron. Desde entonces, ninguno de sus pedidos de visa fue aprobado.
Para Cuba existe un prejuicio. En 2003, durante la guerra con Irak, se detuvo en Chicago a un iraquí, Khaled Abdel-Latif Dumeisi, quien se dedicaba a conocer las actividades de los grupos de oposición a Saddam Hussein. Lo condenaron a tres años y 10 meses por el mismo cargo por el cual González recibió quince años.
Hubo campañas internacionales: solicitudes de perdones y libertad de 6.000 intelectuales; una presentación extraordinaria ante la Corte Suprema –que rechazó el caso– de diez Premios Nobel; los pedidos de Amnistía Internacional y el ex primer ministro británico Gordon Brown, no muy amigos de Cuba. Nada ha cambiado la situación de los detenidos. El ex mandatario estadounidense Jimmy Carter habló con George W. Bush y Barack Obama sobre el indulto presidencial. “Saben que mi opinión es que el juicio de los cinco fue muy dudoso, que se violaron normas y que las restricciones acerca de sus visitas fueron extremas”, declaró Carter. “La retención de los cinco cubanos no tiene sentido.montes Pero sí tiene el riesgo de prensa negativa, y tanto Bush como Obama tienen ya la suficiente. ¿A qué meterse en un problema de minorías capaz de causar dolores de cabeza mayúsculos?.

lunes, 28 de enero de 2013

Sembrando Caminos en Miradas al Sur, periódico semanal


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Recorriendo los caminos del Che Guevara en el siglo XXI

http://sur.infonews.com/notas/recorriendo-los-caminos-del-che-guevara-en-el-siglo-xxi

Enviado por soledad cecchini el Sáb, 26/01/2013 - 20:56.
Año 6. Edición número 245. Domingo 27 de enero de 2013
Por: Felipe Deslarmes. Sur en América latina

Tres médicos, dos argentinos y un boliviano, recorren en moto Sudamérica y en cada país levantan las banderas exigiendo la libertad de los cinco cubanos detenidos en Estados Unidos desde hace 14 años.
El personaje que escribió estas notas murió al pisar de nuevo tierra argentina, el que las ordena y pule, yo, no soy yo, por lo menos no soy el mismo yo interior. Ese vagar sin rumbo por nuestra Mayúscula América me ha cambiado más de lo que creí”, así describía Ernesto Guevara su primer viaje en el libro Diarios de Motocicleta sobre la marcha que había empezado en diciembre de 1951. Aquella que compartió con su amigo Alberto Granado. Un libro a través del cual el lector puede acompañar el cambio que él desarrolla a medida que descubre las raíces de la identidad latinoamericana.
“El de Cuba es un proceso revolucionario basado en la solidaridad que propone otro tipo de lazos. Es un país donde suelen decir que ‘la Patria es la Humanidad’ y comparten lo poco que tienen, en lugar de dar lo que les sobra”, señala a Miradas al Sur el doctor Darío Valenzuela, de 29 años, oriundo de Allen, Río Negro, Argentina.
En 2003, había obtenido una beca integral para jóvenes de escasos recursos destinada a formar médicos en Cuba; para que al regresar ejerciera la profesión desde un punto de vista más humano.
Pero Valenzuela es noticia esta semana por ser uno de los tres médicos (junto con el argentino Milco Figueroa y el boliviano Juan Tola) que vienen cruzando en moto el cono sur del continente, desde Venezuela, como regresando por el camino que marcara el Che en aquél libro.
Provenientes de Uruguay y camino a Neuquén, donde finalizará la travesía, pasaron una semana por Buenos Aires, adonde llegaron el viernes 18, luego de haber recorrido 19.000 Km.
Recibidos en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) en 2009, los tres prestan misión internacionalista desde que obtuvieron el título en el Batallón 51 “Migleidys Campos Guatache” y forman parte de la iniciativa Sembrando Caminos con los Cinco que exige justicia para los cinco héroes antiterroristas cubanos presos desde hace 14 años en cárceles norteamericanas.
Inspirados en el primer gran viaje del Che, iniciaron su largo camino el 17 de julio pasado, y en cada ciudad a la que arribaron desplegaban una serie de actividades en sindicatos, universidades, y en cada espacio que los recibiera, buscando el apoyo y brindando entrevistas en medios periodísticos para dar difusión del reclamo.
“Este viaje tiene que ver con modelos en pugna. En Cuba buscan que la medicina se vea como un acto de solidaridad y no como un negocio donde la salud es la mercancía. Así nos formaron y así esperan que sigamos su ejemplo. Tal vez, sumarnos a la lucha por la libertad de los 5 sea nuestra forma de agradecer y comprometernos con el prójimo, como hicieron los 5”, detalla Valenzuela.
También los doctores Laura Machín (uruguaya) y Nicolás Bravo (argentino) les brindan apoyo y asistencia. Todos rondan los 30 años.
Estos médicos, próximos a terminar su travesía, buscan que se difunda el reclamo de justicia del pueblo cubano y que finalmente el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que es el único con potestad legal para hacerlo, libere a los 5.
Quiénes son "Los 5". Sus nombres: Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González, Antonio Guerrero y René González. Sus cargos: conspiración.
Según cuenta la cronología del caso, el 16 y 17 de junio de 1998 en un intercambio con el FBI, autoridades de la Seguridad del Estado cubano entregan un informe de 230 páginas sobre las actividades terroristas contra Cuba que incluía videocasetes y conversaciones emitidas por televisión. Los representantes del FBI, impresionados, piden dos semanas para dar respuesta. Tardarían un poco más. Y en la madrugada del 12 de septiembre siguiente, el FBI irrumpía a las patadas en algunas casas de Miami deteniendo a diez personas por investigaciones contra una supuesta red de espías. Serían llevados a la central de Miami, donde los cautivos recibirían promesas, presiones y chantajes. Ante la negativa, cinco fueron dirigidos a celdas de castigo llamadas “hueco”, totalmente aislados, por 17 meses. Sólo pasado ese tiempo, su caso fue tenido en cuenta por un tribunal. De los cinco, dos son ciudadanos norteamericanos. Desde entonces, se les impuso una asesoría legal de oficio, se les niegan y demoran permanentemente las visas a sus familiares para que pudieran verlos (incluso a sus esposas e hijos) y se los ha llevado a distintas prisiones, bien separadas. Ningún documento clasificado que se les hubiera podido incautar pudo demostrar espionaje alguno.
Valenzuela recordó recientemente en una conferencia de prensa en la CTA, que en Estados Unidos existen grupos mafiosos, de la ultraderecha como Hermanos al Rescate o la Fundación Nacional Cubano-Americana que han causado al pueblo cubano la muerte de 3.478 personas mediante atentados y sabotajes.
Medios odiosos. Los medios jugaron allí un rol fundamental presionando por imponer parcialidad. Entre el día en que empezó el juicio, el 27 de noviembre de 2000, y el día en que fueron declarados culpables, el 8 de junio de 2001, sólo en el The Miami Herald y El Nuevo Heraldaparecieron en más de 1.100 artículos; justamente en tierras donde sobreabunda el anticastrismo.
Según la descripción cronológica que detallan portales como www.cubadebate.cu, www.5heroes.cip.cu o www.freeforfive.org (en esta última puede firmarse un petitorio virtual para sumarse al reclamo internacional) el jurado, que había recibido rechazos de varios integrantes, terminó siendo conformado por once personas a las que se conoció como “el círculo del odio” hacia ellos.
En 2005, los tres jueces de la Corte de Apelaciones decidieron por unanimidad declarar nulo el juicio de Miami porque se había realizado bajo “una tormenta perfecta de prejuicios y hostilidad” creada precisamente por los medios locales, según describieron ellos mismos.
Entre las personalidades que desde hace años vienen expresándose al respecto, se encuentra Danny Glover, el actor y activista social norteamericano, quien dijo en una entrevista al periódico Escambray y a Radio Sancti Spíritus: “Al hablar de grandes medios, hablamos de medios dominados por grandes compañías que controlan nuestro pensamiento (…). Su tarea consiste en mentir y desinformar (…), los grandes medios no van a ser nunca quienes nos digan la verdad”.
También el filósofo y activista social estadounidense Noam Chomsky realizó declaraciones sobre el caso: “Son héroes. Estaban revelándole al gobierno de Estados Unidos crímenes cometidos desde territorio de Estados Unidos; crímenes que el gobierno de Estados Unidos tolera y en teoría debería castigar”.
Volviendo. “Todo el viaje fue emocionante –detalla Valenzuela a Miradas al Sur–, lleno de anécdotas. La solidaridad hacia el pueblo cubano y su lucha se sentía en cada lugar donde parábamos. Pasar por Bolivia, y particularmente por La Higuera, fue muy especial. Allí, donde creyeron matar al Che, lo vimos más vivo que nunca”.
Estos tres médicos concluirán en breve su “viaje libertario”, como diría el escritor Eduardo Galeano respecto de aquella aventura iniciática del guerrillero heroico todavía joven estudiante: “Un viaje, una cantidad de viajes. Ernesto Guevara en busca de aventuras, Ernesto Guevara en busca de América, Ernesto Guevara en busca del Che. En este recorrido de recorridos, la soledad se unió a la solidaridad, el ‘yo’ se convirtió en ‘nosotros‘ “. Un viaje en el que ellos también se han ido descubriendo.