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sábado, 14 de septiembre de 2013

Alarcón en Encuentro Internacional por la libertad de los Cinco. Comparando sentencias

Manning, los Cinco y la inmoralidad del Imperio


Ricardo Alarcón de Quesada
La Habana septiembre 12, 2013
Encuentro Internacional por la libertad de los Cinco
¡15 años, Basta!

La batalla legal por la liberación de Gerardo, Ramón, Antonio y Fernando está hoy donde estaba hace un año. Seguimos esperando la decisión de la jueza. Seguimos reclamando que obligue al Gobierno a exhibir las pruebas que oculta sobre su conspiración con un grupo de pseudoperiodistas a los que pagó y dirigió para transformar el juicio de Miami en una grotesca burla a la justicia. Y aun esperamos el día que los llamados medios de información pongan fin al silencio con el que se hacen cómplices de una operación que mancha y ofende al periodismo.

El proceso llevado a cabo contra los Cinco en Miami fue desde el primer día una monumental violación de la legalidad y la ética más elemental. La lista de esas violaciones es larga y forma parte de la apelación en curso. No entraré en ellas. Prefiero ahora concentrarme en un aspecto que muestra la profunda inmoralidad que es la esencia misma de este caso.

Los Cinco fueron castigados por haber hecho algo que lejos de ser un delito constituye un mérito de valor excepcional: haber luchado contra el terrorismo sin emplear la fuerza ni la violencia.

Para encubrir esa verdad incontrastable, el Gobierno que los acusó, con la ayuda de medios de prensa a su servicio, los presentó como personas que hubieran podido estar dispuestas a practicar el espionaje. No los acusaron de espionaje porque no podían hacerlo pues de tal cosa nunca existió prueba alguna como reconoció, en 2009, en un fallo unánime, el pleno de la Corte de Apelaciones.

Por eso acusaron a Gerardo, Ramón y Antonio de “conspiración”; sólo de “conspiración”, para supuestamente intentar en un futuro hipotético cometer tal delito. Sin embargo por esa inventada “conspiración” impusieron a los tres la prisión perpetua, que es el máximo castigo que la ley reserva para los que ejecuten acciones de espionaje real. Y la misma Corte de Atlanta las declaró por ello ilegales, las anuló y ordenó que Ramón y Antonio fueran sentenciados de nuevo.

Mientras se desarrollaba la saga de nuestros compañeros otros casos fueron ventilados fuera de Miami en los que otras personas fueron inculpadas de espionaje, no de “conspiración” para espiar sino de haber realizado acciones concretas de espionaje. En algunos casos se trató, según las autoridades, de espionaje en gran escala y sus autores eran individuos que desempeñaban importantes funciones oficiales, incluso en las fuerzas armadas norteamericanas. Ninguno de ellos fue condenado a cadena perpetua. Todos recibieron condenas mucho más bajas que las nuevas sentencias de Ramón y Antonio y algunos ya las cumplieron y hace tiempo recuperaron su libertad.

Ahora mismo hay un caso que ha conmovido al mundo. Un joven militar norteamericano, Bradley Manning, ha hecho historia ayudando a revelar por medio de Wikileaks miles de informaciones secretas que han puesto al desnudo la política de un Imperio que viola sistemáticamente las normas del derecho y pisotea la soberanía de todas las naciones. Manning no merece castigo alguno por lo que hizo. Él es realmente un héroe. Sin buscar beneficio alguno para sí mismo arriesgó su vida para que el mundo conociera la verdad y por eso merece honor y gratitud.

Contra Manning se alzó la furia del Imperio. Lo sometieron a un encierro brutal y prolongado y desataron una feroz campaña para denigrarlo como a un terrible “espía” que supuestamente habría dañado gravemente la seguridad nacional de Estados Unidos. A él no lo acusaron de“conspiración”. Los cargos que le formularon fueron mucho más graves. Lo acusaron de haber descubierto secretos que ahora están al alcance de millones, algo que Washington presentó al mundo como un acto de espionaje sin precedentes por lo que pidió los peores castigos.

El Tribunal Militar que juzgó a Manning le impuso sin embargo, una sentencia de treinta y cinco años de prisión. Esta es una condena completamente injusta pues su acción nada tuvo de criminal y sí mucho de heroísmo.

Pero el contraste entre esa sentencia y la que dictó el Tribunal de Miami contra nuestros compañeros es muy revelador. A Gerardo, Ramón y Antonio, en conjunto, los sancionaron a cuatro cadenas perpetuas más 44 años. Ellos no eran miembros de las fuerzas armadas norteamericanas, no se apoderaron de ningún documento oficial, no intentaron obtener ningún secreto y no fueron acusados de nada parecido.

Pese a todo el odio que contra él desataron, a Manning lo condenaron a 35 años de prisión, castigo, como ya dije, completamente injusto pues no cometió crimen alguno, pero inferior al que hubieran podido imponerle. No pudieron hacerlo porque en el mundo entero, y en los Estados Unidos, se levantó una poderosa ola solidaria que proclamó su inocencia y demandó y sigue exigiendo su libertad.

Nuestros compañeros, también inocentes, llevan 15 años de injusto encierro, cumplen todavía, sentencias tan injustas como desmesuradas y son víctimas del odio y la venganza de un Gobierno carente de todo sentido ético. En el caso de los nuestros son víctimas también del silencio cómplice de una prensa empeñada en impedir que la gente conozca la verdad para maniatar la solidaridad. Ambos casos prueban la inmoralidad de un Imperio en incurable bancarrota. Ambos exigen redoblar el empeño para que la verdad prevalezca y con ella la justicia.

lunes, 6 de mayo de 2013

Entrevista de Alarcon para Resumen Latinoamericano Cuba

"JUSTICIA DILATADA ES JUSTICIA NEGADA"

Entrevista a Ricardo Alarcón de Quesada, miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba. Actualidad del caso de Los 5.

El caso de Los Cinco ha pasado por todo un proceso de manipulación, no solo a través de los medios de prensa que han servido inescrupulosamente al gobierno de Estados Unidos, sino por un largo camino lleno de irregularidades jurídicas que incluyen interminables periodos de espera prologando una solución legal como por ejemplo, la respuesta que debe dar la jueza de la Florida Joan Lenard con respecto a la moción de descubrimiento presentada ya hace algún tiempo por el abogado Martin Garbus ¿Acaso no existen regulaciones que establezcan un plazo para un fallo?

-Este 29 de abril, casualmente, el abogado del equipo legal de Los Cinco, Martin Garbus, presentó una moción a la jueza del Distrito Federal de la Florida Joan Lenard; encontró que hay una regulación en Estados Unidos que le permite a un acusado emplazar a una corte federal cuando han transcurrido 90 días o más de que su apelación esté completa, es el caso de Gerardo Hernández la más antigua, su habeas corpus se presentó hace casi 3 años, hubo mucho forcejeo y oposición del gobierno contra la respuesta de la defensa y así se fue investigando hasta que hace más de 3 meses todo concluyó, me refiero a toda el papeleo que comenzó hace 3 años, hoy precisamente Garbus presentó a la jueza la moción que es el primer paso legal para obligarla a pronunciarse.

En ese punto eso es lo más nuevo en la batalla legal en el caso, en particular de Gerardo, por supuesto que su situación es la más compleja pero por la misma línea va el caso de los otros cuatro, que están con mucha menos severidad aunque injusta igual sus condenas.

El problema sigue siendo el mismo, estos 3 meses han pasado sin que la prensa haya dicho una palabra de esta apelación, ahora vamos a ver si con este paso, que no es frecuente y no se da todos los días que un acusado emplace a una jueza y le exija que tiene que pronunciarse en cualquier sentido y dirección, lo que no puede seguir postergando una decisión que está a término.

Esto es muy interesante porque este señor es un abogado de mucho prestigio en Estados Unidos que conoce muy bien las leyes norteamericanas, tiene una gran práctica y experiencia litigando sobre todo casos que afectan los derechos civiles.
Los romanos decían hace miles de años: justicia dilatada es justicia negada. Si tú tienes que esperar años para que al final tengan que reconocer tu inocencia ¿quién te devuelve esos años que han pasado? y más en el caso de Gerardo que se encuentra en una prisión de máxima seguridad y en condiciones de extremo rigor dentro de ella.

Tenemos que lograr que alrededor de esta nueva acción en el plano legal se abra un poco más el tema en el terreno informativo, necesario para propiciar la solidaridad; porque es la solidaridad que la va a ganar la batalla.

Es muy difícil esperar una solución solamente por un fallo judicial o un trámite de tipo legal, la solución vendrá de las acciones del movimiento de solidaridad; pero hace falta que ese movimiento crezca, se amplíe y sea más dinámico fundamentalmente dentro de Estados Unidos, y siempre reitero esto porque es allí donde está el cerco mediático, es allí donde pagaron a supuesto periodistas para manipular y silenciar toda la información antes, durante y después del proceso judicial.

Y fíjate como se ha manipulado y malintencionado toda esta información que el propio gobierno no quiere entregar pruebas que demuestran la inocencia del cargo 3 que enfrenta Gerardo, que no son más que las imágenes satelitales que confirman que dos avionetas de Hermanos al Rescate violaron el espacio aéreo cubano cuando fueron derribadas, naves que  habían volado repetidas veces sobre aguas territoriales cubanas, llegando incluso en forma rasante a La Habana para cometer acciones subversivas y de desestabilización contra la revolución.

Entonces, por eso insisto en lo importante de reforzar las estrategias de información para que todo el mundo sepa, conozca y analice por su propio juicio lo que está pasando, por qué una jueza da por respuesta el silencio, por qué esconden evidencias,  es que ya esta situación va más allá de un caso legal, es completamente político y violatorio de toda forma de derecho.-

Recientemente Adriana Pérez, esposa de Gerardo, realizó una importante gira por Canadá. ¿Puede ampliarnos sobre lo que allí aconteció?

-Yo creo que la visita de Adriana a Canadá ha sido muy importante porque allí ella tuvo un programa muy intenso de muchas reuniones con los grupos de solidaridad con Cuba que son muy fuertes en Vancouver y también en Toronto. Además participó en varios encuentros con dirigentes y organizaciones sindicales de Canadá que están muy vinculadas con el movimiento obrero norteamericano, muchos sindicatos son supranacionales incluyen afiliados de los dos países.

Creo que Canadá es uno de los lugares desde donde se puede llegar con mayor posibilidad y facilidad a Estados Unidos que es donde está el centro del problema y de la batalla que hay que librar, llegar al pueblo de Estados Unidos, a la gente para que sepan y conozcan, contamos con un apoyo importante de algunos sindicatos norteamericanos, por supuesto de los canadienses y en particular del movimiento obrero británico que ha estado a la vanguardia en la lucha por la libertad de Los Cinco.
Los obreros son un sector muy importante y amplio, y por supuesto forman parte de la  inmensa mayoría de la población de Estados Unidos que no se les ha contado la verdad, a ellos  tenemos que llegar.-
Nos podría comentar sobre la aceptación que ha tenido la convocatoria a la Semana de Acción en Washington, y qué importancia tiene este evento.

-La semana de acción en Washington a celebrarse del 30 de Mayo al 5 de Junio ha tenido una aceptación bastante grande, tengo entendido que van a asistir personalidades de distintos países de América Latina y Europa, ojalá que la presencia de personalidades del exterior contribuya a abrir un poco el cierre mediático en Estados Unidos para que se conozca más la actividad de la solidaridad internacional con Los Cinco y las razones por las cuales estos hombres deben ser liberados.

En esta jornada se denunciará  las injusticias contra ellos, hay un amplio plan de actividades encaminadas al debate y la divulgación del caso, es muy importante porque sirve de escenario para que la prensa norteamericana vea y sepa lo que está sucediendo con estos hombres, que conozcan su realidad.

Las experiencias del año pasado permitieron la incorporación de personas que no conocían la verdad de esta causa, además se tocaron puertas de congresistas. Hoy es preciso que estos congresistas y que parlamentarios de todo el mundo se comprometan para ver si de esta manera se puede hacer la presión necesaria para que Obama tome la decisión que se encuentra en sus manos.-

Por: Yenisei García
Fotos Héctor Planes

lunes, 8 de octubre de 2012


Imágenes integradas 2

Cinco artículos de Ricardo Alarcón que revelan cómo fabricaron el Cargo 3 por el cual la jueza Joan Lenard, le impuso a Gerardo Hernández la doble cadena perpetua. Tomate el tiempo para leerlos y comprenderás la magnitud de esta injusticia por la que  EEUU pretende que nuestro querido hermano Gerardo termine sus días en prisión. ¡¡¡ NO LO PERMITIREMOS !!!
Información extraída de www.thecuban5.org


UN “ASESINATO” FABRICADO                                        por Ricardo Alarcón de Quesada
El 24 de febrero de 1996 se produjo un lamentable incidente frente al Malecón habanero. Dos avionetas pertenecientes a un grupo terrorista de Miami fueron derribadas por la defensa antiaérea cuando violaron el territorio nacional de Cuba. Decenas de violaciones semejantes habían ocurrido en el último año y el Gobierno había advertido públicamente que no toleraría su repetición.
El hecho agravó seriamente las tensiones entre Estados Unidos y Cuba y fue objeto de intensos debates en la Organización de Aviación Civil Internacional y el Consejo de Seguridad de la ONU.
El 7 de mayo de 1999 – luego que habían pasado tres años y más de dos meses – el gobierno de Estados Unidos, de modo irresponsable y caprichoso, utilizó el incidente y lo convirtió en el Cargo 3  (Conspiración para cometer asesinato) formulado sólo contra Gerardo Hernández Nordelo.
El Cargo 3 concentró casi completamente el proceso de los Cinco. A esta acusación dedicó el Tribunal la mayoría de sus sesiones, expertos y testigos. En la sala de la Corte estuvieron presentes todos los días los familiares de los que perdieron la vida el 24 de febrero de 1996 quienes hacían demostraciones públicas y daban conferencias de prensa allí mismo frente a los miembros del jurado.
El tema fue el eje central de la campaña mediática. Sobre él se produjeron miles de artículos y comentarios en la prensa escrita y en las emisoras de radio y televisión.
Curiosamente los medios le prestaron gran atención al Cargo 3 antes de que éste existiera. Puede afirmarse sin la menor duda que la acusación fue resultado de una conspiración entre el Gobierno y los grupos terroristas responsables de aquel suceso en la que los “periodistas” pagados por el Gobierno tuvieron un papel decisivo.
En septiembre de 1998 cuando el FBI apresó a los Cinco, la Fiscalía presentó los cargos de los que eran acusados. Allí no estaba el Cargo 3, no se hacía referencia alguna a incidentes aéreos o avionetas derribadas ni a nada por el estilo. La acusación contra Gerardo fue agregada más de siete meses después cuando él y sus compañeros estaban en confinamiento solitario, aislados del mundo, en su primera visita al “Hueco” que duró 17 meses.
Una revisión de la prensa de Miami entre septiembre de 1998 y mayo de 1999 permite comprobar la afirmación anterior. Se pueden encontrar numerosas declaraciones de dirigentes de grupos terroristas, ampliamente difundidas y amplificadas por los “periodistas”, pidiéndole al Gobierno que agregase la nueva acusación. Entre otras cosas, puede leerse la información, profusamente desplegada, acerca de reuniones entre los fiscales y los terroristas de las que surgiría la llamada “Segunda Acta Acusatoria”, que sustituiría a la anterior incorporando el Cargo 3.
La lectura de ambos documentos de la Fiscalía haría que cualquier periodista medianamente serio se sorprendiera y sintiera la obligación de averiguar. Según esos documentos el FBI había logrado descubrir quién era realmente y qué hacía en Estados Unidos Gerardo Hernández Nordelo, por lo menos, desde 1994, más de dos años antes del incidente de 1996. Habían conseguido descifrar sus comunicaciones con La Habana, sabían lo que hacía y lo que se le instruía hacer. Por eso no actuaron contra Gerardo y sus compañeros, porque les constaba que su trabajo no era en absoluto perjudicial para Estados Unidos ni para el pueblo norteamericano.
Sabían también que Gerardo nada tenía que ver con los sucesos de 1996. En aquellos días fue grande el alboroto, no sólo en Miami sino también en Washington. Bill Clinton, quien era el Presidente, ha escrito que entonces se le propuso incluso un ataque militar contra Cuba. Los más agresivos grupos del Sur de la Florida vociferaban día y noche reclamando guerra. El contubernio de esos grupos con el FBI local  es archiconocido. ¿Puede alguien creer que no habrían hecho nada contra el “culpable” por el derribo de las avionetas? ¿Qué no hubieran actuado contra él si lo hubiesen tenido allí mismo, y controlado por el FBI, en Miami?
¿Y Cuba? Ninguna de las comunicaciones entre La Habana y Gerardo, que posee el FBI y fueron presentadas en el juicio,  sugieren siquiera que existiese la menor preocupación por su seguridad y por protegerlo frente a los riesgos que enfrentaría si él hubiese tenido alguna participación en aquel incidente. Gerardo continuó su labor en Miami durante casi tres años más. Vino a Cuba de vacaciones y a nadie se le ocurrió que aquí se quedase para proteger su vida.
Cuando lo detuvieron en septiembre de 1998 no lo acusaron de nada relacionado con lo ocurrido en 1996 por la sencilla razón de que el FBI conocía, por lo menos desde 1994, lo que hacía Gerardo y sabía, por tanto, que él no tuvo relación alguna con aquella desgracia.
Sin embargo en 1999 se aparecieron con la increíble calumnia de acusarlo por participar en un asesinato en primer grado – con premeditación y alevosía – y lo hicieron – el FBI, o sea, el Gobierno – para satisfacer los deseos de la mafia terrorista y sus corifeos en los medios que eran, a su vez, asalariados del Gobierno.
Tan endeble era esa acusación que la propia Fiscalía reconoció después que no la podía probar y pidió retirarla, algo que hubiera sido noticia de primera plana si se tratase de otro caso y no el de los Cinco.

UN “ASESINATO” FABRICADO II
EL PLAN                                                                                            por Ricardo Alarcón de Quesada
El Cargo 3, agregado en mayo de 1999 contra Gerardo Hernández Nordelo después que llevaba casi 8 meses preso, reposa sobre una premisa, más que falsa, absurda: la inventada existencia de un plan del gobierno cubano para atacar aeronaves de Estados Unidos en el espacio internacional lo que equivale a decir que Cuba quería una confrontación militar con su poderoso vecino. ¿Puede alguien creer que esa era la intención de un país que jamás había atacado a nadie y atravesaba en esos momentos la peor crisis económica de su historia? ¿Qué podía ganar en una guerra con Estados Unidos?
El primer problema para fabricar algo tan delirante es que existe copiosa documentación que prueba exactamente lo contrario. Cuba, además de denunciarlo públicamente,  protestó cada violación a su territorio mediante notas diplomáticas en las que solicitaba a Washington que actuase para impedir su repetición. Fueron más de una docena de planteamientos oficiales. Paralelamente hicimos gestiones discretas, a muy alto nivel, con el Departamento de Estado y la Casa Blanca, en las que transmitimos nuestra preocupación y les pedimos ayudasen a evitar una confrontación. El Presidente Fidel Castro intervino personalmente en esos esfuerzos. Bill Clinton prometió que las provocaciones no se repetirían.
En respuesta a nuestras notas diplomáticas el Departamento de Estado nos informó que habían iniciado el proceso para retirarle su licencia de vuelo a José Basulto, el jefe del grupo provocador, y nos pidió informaciones adicionales que recibió y agradeció, formalmente, por escrito..
El señor Basulto, por cierto, llevó su insensatez entonces a declarar abiertamente que el deterioro de la economía era tal que Cuba no tenía medios para proteger sus fronteras y prometió continuar las provocaciones.
El 24 de febrero de 1996 era un día soleado y tibio. Un sábado agradable en el que nadie aquí vislumbraba la tragedia. A lo largo del Malecón muchos contemplaban una competencia de lanchas deportivas. Otros preparaban afanosamente el penúltimo desfile del Carnaval. No eran pocos tampoco los que se dirigían hacia el estadio para asistir a un juego decisivo en el que el equipo de pelota insignia de la capital enfrentaría a su principal rival. En la Universidad acabábamos de conmemorar el 40 Aniversario de la fundación del Directorio Revolucionario de la FEU (Federación Estudiantil Universitaria) y a mediodía, viejos combatientes y estudiantes celebrábamos la fecha también junto al litoral.
Miles de habaneros participaban en esas actividades, despreocupados, sin tener la menor idea de que, en algún lugar más allá del mar alguien planeaba sobrevolar la ciudad para confirmar la peregrina hipótesis de nuestra indefensión.
Otros, allende el Estrecho de la Florida, sí anticipaban lo que iba a suceder. Según la información que Washington entregaría más tarde a la misión de la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional) que investigó el incidente, el Departamento de Estado encargó a un funcionario mantenerse en contacto permanente con el aeropuerto  de Opalocka desde antes de despegar el fatídico vuelo. Tiempo después, cuando la Junta para la Seguridad del Transporte Aéreo discutía el asunto – porque finalmente le retiraron a Basulto su licencia -, un funcionario de apellido Houlihan, responsable de monitorear los radares norteamericanos desde el centro de control en California, testificó que varias semanas antes y la víspera del 24 de febrero le habían advertido desde Washington que vigilase especialmente los vuelos que el grupo de Basulto haría ese día porque se iba a producir un incidente.
Alguien estaba enterado de lo que podía suceder pero no hizo nada para evitarlo como era su obligación y tampoco alertó a Cuba.
Sí, hubo un plan, pero a él eran totalmente ajenos el Gobierno de Cuba y por supuesto, Gerardo Hernández Nordelo.
Gerardo probablemente estaba, como tantos industrialistas, esperando la victoria de su equipo. Nada conocía él ni nadie en Cuba de la provocación aérea que se avecinaba. No podía adivinar que lo que otros planeaban tendría tan graves consecuencias para él.
Él nada sabía de lo que pasaría aquel día. Nunca pudo imaginar que aquella luminosa tarde de primavera anticipada sería transformada, años después, en la vulgar calumnia que lo condujo a un verdadero infierno.

UN “ASESINATO” FABRICADO III 
UNA EXTRAÑA INVESTIGACIÓN                                               por Ricardo Alarcón de Quesada
El 6 de marzo de 1996 en su sede de Montreal el Consejo de la Organización de Aviación Civil Internacional designó una comisión para que realizara una“investigación del incidente del 24 de febrero en todos sus aspectos, tomando en cuenta todos los factores que condicionaron el incidente y que llevaron a que ocurriera” y le encargó que le presentara su informe 60 días después. El 19 de marzo el presidente de esa comisión envió una comunicación a los gobiernos de Cuba y Estados Unidos en la que indicaba los datos e informaciones que requería al tiempo que solicitaba visitar ambos países.
Cuba respondió de inmediato y recibió a los investigadores pocos días después, el 24 de marzo. La misión trabajó intensamente hasta el día 31 de ese mes. De aquí se fue a Washington – 2 al 4 de abril – y Miami – abril 14 al 19.
Pero el 6 de mayo el Informe no estaba listo. La Comisión sólo pudo dar cuenta de lo que había hecho en sus visitas a los dos países y debió pedir un mes adicional para acopiar la información que aún le faltaba.
¿Qué había sucedido? Respecto a Cuba la comisión hizo constar lo siguiente:“para el 30 de marzo  de 1996, las autoridades cubanas habían cumplido totalmente con todas las solicitudes formuladas por este equipo en relación con entrevistas y declaraciones por parte del personal civil y militar involucrado, entrevistas y declaraciones de testigos, informaciones civiles y militares, documentos y cartas, así como registros y transcripciones  de comunicaciones.”
En cuanto a Estados Unidos, sin embargo, mencionó que tuvo varios encuentros con las autoridades, se reunió solamente con un testigo – José Basulto – y estaba a la espera de recibir los datos de los radares norteamericanos. Ni siquiera éstos les habían sido entregados a esas alturas.
La OACI, por supuesto, extendió el mandato de la comisión por un mes más, hasta el 6 de junio. Pero transcurrió la primera semana de ese mes y el informe no aparecía. El Consejo siguió esperando y la comisión no presentó su informe hasta finales de junio para ser considerado en la última sesión del Consejo antes del receso veraniego.
Entonces se supo algo de lo que había hecho la comisión después que salió de La Habana, único lugar donde encontró toda la información necesaria tres meses atrás. Según el informe final la misión no regresó a Washington ni a Miami. Sólo se reunió con funcionarios estadounidenses, en Montreal, los días 2, 3, 6, 7 y 9 de mayo y nuevamente el 3 y el 4 de junio. No hay que ser un oráculo para imaginar que esos cónclaves secretos facilitaron la redacción final del documento.
Aún los datos de las estaciones de radar norteamericanas eran sorprendentes. En una fueron destruidos, en otra se perdieron, otras ofrecían datos confusos aunque en general coincidían con la versión oficial de Washington, según la cual, el hecho habría ocurrido fuera del espacio cubano aunque muy cerca de él.
En Cuba, por cierto, los investigadores no solo habían recibido a tiempo los datos de nuestros radares, también visitaron sus instalaciones, revisaron sus equipos y entrevistaron a sus operadores. Nada de eso pudieron hacer del lado norteamericano.
En vista de las circunstancias, la comisión de la OACI decidió olvidar la información que daban los radares. En un gesto de extraña lucidez pidió a Washington que le entregase las imágenes tomadas por sus satélites espaciales. Pero la petición fue rechazada. Aunque no se quejó, la OACI dejó constancia de la curiosa negativa.
Prefirieron usar al capitán - de origen noruego pero residente en Miami -, delMajesty of the Seas, un crucero turístico que, decían, estaba por allí el día del incidente. Lo conocieron gracias al amable concurso de las autoridades norteamericanas, quienes lo recomendaron y concertaron el encuentro. No entrevistaron a nadie de la tripulación ni a ningún pasajero. Escogieron, como en un juego de azar, la observación visual de una persona que decía que el derribo habría ocurrido fuera del espacio cubano.
Tuvieron los investigadores la prudencia de aclarar que ellos no habían podido determinar independientemente la ubicación real del Majesty of the Seas. Pero no dijeron que ese navío pertenece a una empresa radicada en Miami y que sus dueños y ejecutivos están entre los fundadores y mayores contribuyentes de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA), la principal promotora del terrorismo anticubano y del grupo que provocó el incidente del 24 de febrero de 1996.   Tampoco recordaron que en un reportaje sobre la FNCA publicado en 1995 por el New York Times el mismo patrón del Majesty of the Seas había dicho “queremos ayudar a la comunidad cubana en sus esfuerzos para derrocar a Castro.”
El intrépido marino, en efecto,  no tardó en cumplir su promesa.

UN “ASESINATO” FABRICADO IV
IMÁGENES SECUESTRADAS                                                     por Ricardo Alarcón de Quesada                                                                                                                
La cuestión de las imágenes que los satélites norteamericanos registraron sobre los sucesos del 24 de febrero de 1996, reclamadas sin éxito por la OACI para el informe que enviaría al Consejo de Seguridad de la ONU, reapareció durante el juicio de Miami. La determinación del lugar exacto donde ocurrió el incidente no era relevante para Gerardo pues él era totalmente ajeno al hecho dondequiera que éste hubiera ocurrido. Pero era decisiva para el Tribunal pues sólo tendría jurisdicción si el lamentable suceso hubiese tenido lugar fuera del territorio cubano.
En Miami se repitió la discusión sobre los datos contradictorios de los radares. Fue un experto del gobierno, alto oficial retirado de la Fuerza Aérea, quien destapó la olla. Pensando quizás resolver la disputa preguntó simplemente ¿por qué no vemos las imágenes de nuestros satélites?
De inmediato la Defensa respaldó la idea, la hizo suya y presentó una moción por la cual la Jueza habría instruido al Gobierno que presentase las imágenes. La Fiscalía tercamente se opuso. Ahora la disputa no era sobre la ubicación del incidente aéreo sino sobre la ubicación de las imágenes que supuestamente aclararían el asunto. La Corte se puso del lado del Gobierno y no accedió a la petición.
Desde entonces no han sido pocos los esfuerzos para encontrar las tan famosas como perdidas imágenes. El centro para el Derecho Constitucional y los Derechos Humanos, respetable institución privada de California, desde hace años lleva a cabo incontables gestiones para obtenerlas, hasta ahora infructuosamente. Amparado en la Ley de Libertad de Información (FOIA) las ha solicitado varias veces a los organismos oficiales de Estados Unidos que manejan los satélites de ese país. Todos se han negado a facilitarlas. El Centro ha recurrido también a la vía judicial y está a la espera de un pronunciamiento de la Corte de Apelaciones de California.
Semejante reclamo está incluido en el Habeas Corpus presentado a nombre de Gerardo Hernández Nordelo. Como seguramente habrá adivinado el lector, la Fiscalía en su respuesta se opuso ya a la presentación de las imágenes.
El Gobierno de Estados Unidos ha dado prueba de una rigurosa consistencia en su tenaz negativa a mostrar las imágenes tomadas por sus propios satélites. Sólo las examinaron, obviamente, las autoridades norteamericanas, quienes, al mismo tiempo, se han encargado de impedir que alguien más pueda verlas. No pudo conocerlas la OACI, ni el Consejo de Seguridad de la ONU, ni un tribunal federal, ni la sociedad civil norteamericana. Sólo el gobierno accedió a las imágenes. Nadie más. Han pasado más de 16 años de hermético ocultamiento. Las imágenes satelitales fueron, sencillamente, secuestradas, desaparecieron.
¿Cómo explicar esa conducta? ¿Qué otra explicación puede tener como no sea que los gobernantes norteamericanos, los únicos privilegiados que vieron las imágenes, saben que ellas prueban que el incidente ocurrió dentro del territorio cubano? Sólo eso puede explicar que  las condenasen, también a ellas, al confinamiento solitario y las hayan hundido en un insondable “hueco”.

Un “Asesinato” Fabricado V
MILAGRO EN MIAMI                                                                       por  Ricardo Alarcón de Quesada
El 25 de mayo de 2001, cuando iba a concluir el juicio de Miami, la Fiscalía presentó ante la Corte de Apelaciones en Atlanta una Petición de Emergencia para una Orden Inhibitoria (Emergency Petition for Writ of Prohibition). Lo primero que sorprende es la velocidad –poco más de un par de horas- con que el Gobierno preparó este documento de más de cuarenta páginas. Así describieron lo ocurrido:
“En algún momento durante las horas de la mañana del 25 de mayo de 2001, después de seis días de debate, la corte ultimó las instrucciones que se darían al jurado en este tema. Después de la 1 pm del mismo día, Estados Unidos recibió de la Corte de Distrito una copia de esas instrucciones. Estados Unidos puso objeciones a varias de estas instrucciones.” (Petición de Emergencia, página 3)
Esa misma tarde, la Fiscalía dió “el paso sin precedentes de solicitarle a esta Corte una orden inhibitoria” (Idem, p.4 y 5).
¿Qué buscaba prohibir la Fiscalía? Leamos la Petición de Emergencia:
“Que se le ordene a la corte que instruya al jurado que no es necesario hallar que el acusado Hernández, o sus co-conspiradores en el Cargo Tres de la acusación, haya acordado que los asesinatos ocurrirían en la jurisdicción especial marítima y territorial de Estados Unidos.
Que se le prohíba a la corte darle al jurado una pauta de instrucción de asesinato en primer grado e instruir al jurado que debe hallar que el acusado Hernández conspiró para cometer asesinato premeditado.
Que se le prohíba a la corte darle al jurado una instrucción basada en la teoría de defensa en relación con el Cargo Tres que incluya las cláusulas de las convenciones y anexos de la OACI.” (Idem, Páginas 39 y 40)
Pero sucede que, al redactar sus instrucciones al jurado la Jueza no hizo más que ajustarse a la acusación que la Fiscalía había formulado en mayo de 1999:“el acusado Gerardo Hernández a sabiendas, intencionada e ilegalmente se unió, conspiró, fue cómplice y acordó con personas conocidas y desconocidas para este Gran Jurado, perpetrar asesinato, que es la muerte sin justificación legal de seres humanos con premeditación, en la jurisdicción especial marítima y territorial de Estados Unidos, en violación del Título 18, Código de los Estados Unidos, Sección 1111.” (Segunda Acusación Sustitutiva, página 14)
Basta comparar esta acusación del Gobierno con la instrucción de la Jueza para comprender que son idénticas:
“El Cargo 3 refiere que el acusado Gerardo Hernández conspiró con otras personas para perpetrar un asesinato, es decir, la muerte sin justificación legal de seres humanos con intención criminal y premeditación en la jurisdicción marítima y territorial especial de los Estados Unidos.” (Transcripción del juicio ante la Honorable Joan A. Lenard, páginas 14587 a 14.588)
La jueza Lenard en consecuencia señaló que Gerardo:
“Puede ser encontrado culpable de ese delito sólo si todos los hechos siguientes son probados más allá de cualquier duda razonable.
“Primero. Que las víctimas nombradas en la acusación están muertas.
“Segundo. Que el acusado causó la muerte de las víctimas con intención criminal.
“Tercero. Que el acusado lo hizo con premeditación.
“Cuarto. Que el asesinato ocurrió dentro de la jurisdicción marítima y territorial especial de los Estados Unidos.” (Idem páginas 14598 a 14599)
¿Cómo podía objetar el Gobierno una instrucción que calcaba exactamente su propio alegato?
Habían transcurrido dos años desde que el gobierno lanzó esa calumnia sin fundamento contra Gerardo Hernández Nordelo y durante ese tiempo  organizó y financió una feroz campaña de propaganda y sometió al jurado y a los testigos a numerosas presiones pese a las reiteradas quejas de la propia jueza.  Desde mayo de 1999 Gerardo había sido declarado culpable no sólo por la prensa local sino también por todas las autoridades y personajes de Miami.
Dentro de la sala del tribunal, sin embargo, el infundio torpemente fabricado se deshizo ante los argumentos de la defensa y las declaraciones de especialistas de ambos bandos. Consciente de su fiasco, la Fiscalía se sintió obligada a objetar las instrucciones de la Jueza o, lo que es lo mismo, a negar su propia acusación: “teniendo en cuenta la evidencia presentada durante el juicio, esto constituye un obstáculo insuperable para los Estados Unidos en este caso, y probablemente tendría como consecuencia el fracaso de la acusación en este cargo.” (Emergency Petition, page 21).
La Fiscalía, en fin, reconocía su fracaso. Era una acción “sin precedentes”, según sus propias palabras.
La Corte de Apelaciones no accedió a la petición.  Tampoco concedió la suspensión temporal del juicio que igualmente le habían pedido los fiscales.  El asunto regresó a Miami.  Tocaba al Jurado pronunciarse.
Y lo hizo también con insólita velocidad.  Los jurados no hicieron ninguna pregunta ni expresaron la menor duda.  A nadie se le ocurrió siquiera solicitar aclaración sobre la Emergency Petition for Writ of Prohibition.  Ya lo había dicho la Jueza Lenard.  Tenían miedo.  Por eso, frente a aquellos rostros amenazantes, encarando por última vez las cámaras y micrófonos que los habían asediado por largos meses, dieron el veredicto de culpabilidad que se les exigía.
Gerardo Hernández Nordelo fue condenado a morir en prisión por un crimen que no existió; por un suceso con el que él no tuvo relación alguna; por una acusación fabricada que los propios fiscales admitieron que no podían probar y habían tratado de retirarla.
Pese a su derrota, la Fiscalía ganó, logró lo que buscaba, castigar a un inocente y robarle la vida.  A fin de cuentas, sucedió en Miami.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

UN RETO AL PERIODISMO I, II y III por Alarcón


Un reto al periodismo / Ricardo Alarcón

El Gobierno de Estados Unidos incurrió en flagrante violación de la Constitución y las leyes para asegurar las injustas condenas a los Cinco patriotas cubanos que pronto cumplirán 14 años de castigo arbitrario e ilegal. No fue un hecho aislado sino un empeño sistemático que abarcó todo el tiempo del proceso contra los Cinco y en el que invirtió muchos millones de dinero público. Acerca de su duración, las personas involucradas, el volumen de recursos utilizados y otros aspectos importantes de esta operación sólo se tiene una información muy parcial.

Comoquiera que esa conducta obligaría a las autoridades - tanto a los tribunales como al Ejecutivo - a disponer la inmediata liberación de nuestros compañeros, Washington ha conspirado también para ocultar lo que hizo, incurriendo en un delito adicional, el del encubrimiento.



Un reto al periodismo II/  Ricardo Alarcón de Quesada

La gran ironía del caso de los Cinco parece ser su relación con los medios de comunicación.

En Miami el caso tuvo una cobertura desmesurada y los “periodistas” y medios locales fueron instrumentos claves para crear un ambiente de odio irracional que condicionaría un resultado preestablecido por el Gobierno. Los supuestos profesionales de la prensa distorsionaron los hechos, mintieron y fabricaron una imagen que mostraba a los acusados como amenazas inminentes para la comunidad. En su condición de asalariados encubiertos del Gobierno los tales “periodistas” cumplieron con lo que orientó quien les pagaba.

Coordinaron su actividad con la Fiscalía y con los grupos terroristas desde la fase de selección del jurado y lo hicieron especialmente para introducir, más de siete meses después del arresto, una nueva y totalmente inventada acusación de “conspiración para cometer asesinato”. Alrededor de esta infame calumnia giró la mayor parte del juicio y de la atención mediática. El jurado se vio asediado constantemente por entrevistas y conferencias de prensa de colegas y familiares de las víctimas, realizadas ante ellos a la entrada y a la salida del tribunal. Después volverían a encontrarlos en sus casas por la radio y la televisión. En sus propios hogares podían además verse a sí mismos perseguidos por cámaras y micrófonos cuando abandonaban la sede de la Corte.

Más allá de Miami el proceso de los Cinco no atrajo el interés de las grandes corporaciones de la información. Del caso no se habló en los despachos de las agencias cablegráficas, no apareció en las publicaciones impresas ni en la radio y la televisión fuera de la Florida. No encontró espacio una sola vez ni en los canales de televisión dedicados exclusivamente a los tribunales que transmiten veinticuatro horas diarias en Estados Unidos.

¿Cómo explicar ese desinterés? Era, entonces, el juicio más prolongado en la historia de Estados Unidos; en él comparecieron, como testigos, generales, coroneles y altos oficiales y expertos militares, un almirante y un asesor del Presidente de la República; desfilaron ante la Corte connotados terroristas, que se identificaron como tales, algunos ostentando indumentaria guerrera¸ se trataba de un pleito que implicaba las relaciones internacionales y cuestiones vinculadas, real o supuestamente, con la seguridad nacional y el terrorismo, tópicos predilectos de los grandes medios. Pero nadie dijo nada más allá de la prensa local, para el resto de la gente el juicio sencillamente no existió.

Ignoraron el tema fuera de Miami, aunque sus corresponsales y emisoras filiales en ese lugar lo reportaron todos los días y participaron con entusiasmo en el frenesí mediático que inundó la ciudad.

La férrea censura impuesta a este caso permitió la asombrosa impunidad con la que las autoridades protegieron a los terroristas y castigaron injusta y cruelmente a cinco hombres que los enfrentaron heroicamente, desarmados, sin emplear la violencia, sin hacer daño a nadie. La Fiscalía nunca escondió que ese era su propósito. Lo dijo con todas las letras, muchas veces, como consta en las actas del proceso, sin preocupación alguna porque confiaba en el riguroso silencio de los grandes medios, porque sabía que el público normalmente no lee las transcripciones oficiales ni asiste a las sesiones del tribunal y se entera de lo que allí ocurre por las versiones periodísticas.

Los jurados, por su parte, veían cada día, durante más de medio año, cómo en la sala del tribunal los fiscales charlaban amistosamente con testigos que alardeaban de su militancia violenta y su trayectoria terrorista, escuchaban las encendidas arengas de unos y las amenazantes peroratas de los otros.

Al regresar a casa con sus familias y sus vecinos, las mismas imágenes los acosaban. Eran rostros y voces conocidas.

Poco antes habían surgido por los mismos medios cuando secuestraron a un niño de seis años, Elián González, desafiaron al Gobierno federal y a sus jueces, crearon el caos en la ciudad y amenazaron con incendiarla. Recordaban que nadie fue castigado ni enviado ante ningún tribunal. Los jurados, habían sido testigos de aquella insólita impunidad y temían que se repitiese y se volviera ahora contra ellos si no entregaban el veredicto exigido por la turba y así lo habían confesado muchas veces cuando se les entrevistó durante el proceso de selección del jurado. Tenían miedo.

Y el miedo aumentó después, según pasaban aquellos largos meses y crecía, cada vez, más cuando los “periodistas” los perseguían con sus luces y sus micrófonos. Muchas veces se quejaron y la Jueza les dio la razón. Pero todo siguió igual.

Los fiscales, por su parte, les repetían hasta el cansancio que ellos, los jurados, tenían una grave responsabilidad, de ellos dependía, nada más y nada menos, que la supervivencia de los Estados Unidos y de esa comunidad que los estaba mirando.

Tenían miedo y se sentían abandonados. Ni una sola voz se alzó en los medios locales para defenderlos y llamar al sosiego y la prudencia. Querían sobre todo terminar con aquel maldito juicio, regresar a casa y ser olvidados.

Les tomó poco tiempo decidirse. El juicio más largo de la Historia concluyó con el veredicto más rápido. Pero eso, tampoco fue noticia.


Un reto al periodismo III/  Ricardo Alarcón de Quesada

Las peticiones de Habeas Corpus a favor de los Cinco cubanos condenados injustamente en Estados Unidos y especialmente la declaración jurada de Martin Garbus, abogado de Gerardo, tienen como foco central el papel desempeñado por “periodistas” que, pagados por el Gobierno norteamericano, crearon un ambiente de histeria y odio irracional que atemorizó al jurado hasta declararlos culpables pese a que la Fiscalía no presentó prueba alguna y, peor aún, reconoció que no podía sostener su principal acusación.

No se trata, sin embargo, de un enfrentamiento de los Cinco y sus defensores con el periodismo y los periodistas. Es más bien todo lo contrario.

La operación montada en Miami por la Fiscalía, además de violar la Constitución y las reglas del debido proceso, fue también un insulto a un oficio que merece respeto. Fue un diario de Miami – The Miami Herald – quien primero reveló la existencia de esa operación secreta en la que participaron algunos de sus redactores a quienes, por cierto, despidió por lo que su editor consideró una violación de la ética periodística.

El autor de la revelación, Oscar Corral, pagó caro su apego a las normas de la profesión. En vez de recibir un premio por su labor investigativa fue objeto, según sus propias palabras, de “una campaña orquestada para intimidar, hostigar y silenciar. Fue un fuego artillero concentrado. Algunas amenazas fueron muy específicas y mencionaban a mi familia” lo cual hizo que sus editores los mudaran a vivir a un lugar seguro.

El periodismo verdadero fue también víctima de la prevaricación gubernamental.

Pero ¿quiénes eran los “periodistas” pagados por el Gobierno y por qué fueron contratados para hacer lo que hicieron?

Todos, sin excepción, eran miembros o estaban estrechamente vinculados a organizaciones que en Miami cultivan la violencia y el terrorismo y algunos son, ellos mismos, terroristas convictos y confesos; algunos habían ejercido funciones periodísticas con anterioridad y son capaces de redactar, más o menos, un par de cuartillas, otros no habrían pasado el examen de admisión a ninguna escuela de periodismo; todos tienen larga experiencia como provocadores y participan asiduamente en programas radiales y televisivos caracterizados por la procacidad y la estridencia en los que se aboga, sin tapujos, por el uso de la fuerza contra Cuba. Todos reunían las cualidades para ser contratados por Washington para el cumplimiento de una labor clandestina. En otras palabras, eran gente de confianza y por eso les encargaron el trabajo y les pagaron generosamente, pues, después de todo, no usaron el dinero de sus bolsillos sino el de los contribuyentes.

Todo se pagó con cargo a los presupuestos de radio y TV Martí, que son empresas del Gobierno, financiadas por el presupuesto federal que se nutre de los impuestos y otros aportes que hace el público, o sea, los ciudadanos y los residentes en Estados Unidos. Pero estos, quienes, sin saberlo, la pagaban, nada supieron de esta operación encubierta.

Por eso la declaración de Garbus destaca que estamos ante un asunto de importancia excepcional. Ante todo para los Cinco compatriotas que pronto cumplirán catorce años privados de su libertad. Pero es importante también, y mucho, para quienes no están encarcelados.

Lo es, especialmente, para los periodistas verdaderos, sin comillas, los que ejercen honestamente una profesión que otros prostituyeron y la convirtieron en instrumento para secuestrar a cinco inocentes.

Al final de su declaración Garbus menciona al Fiscal General de Estados Unidos: “El Fiscal General Eric Holder Jr. no fue responsable por este caso cuando comenzó. Pero lo es ahora.”

Los profesionales del periodismo y los medios de prensa más allá de Miami no fueron responsables de este crimen cuando se produjo. Pero ahora que ya saben lo que ocurrió no pueden evadir su responsabilidad. El silencio ahora sería complicidad.

Periodista en Miami

Imagen agregada RCBáez
Por Salvador Capote*

Las indagaciones del Comité Nacional por la Liberación de los Cinco y de los abogados de la defensa, han puesto al descubierto que varias decenas de periodistas de Miami recibían dinero, a través de Radio Martí, para crear ilegalmente una atmósfera mediática adversa a los cinco patriotas cubanos, antes, durante y después del juicio arbitrario en el que, por razones políticas, fueron éstos condenados a injustas y desmesuradas condenas.
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El gran número de periodistas y las altas cifras de pago puestas al descubierto reflejan sin embargo solo una ínfima parte de la realidad, pues el “Broadcasting Board of Governors”, agencia oficial de propaganda del gobierno de Estados Unidos, se niega obcecadamente y en forma que obstruye el debido proceso de los Cinco, a revelar los nombres de todos los periodistas que fueron contratados y la magnitud de los pagos recibidos, en contra de lo que establecen las leyes de este país.

Pero aunque todo indica que solamente ha salido a la superficie la punta del iceberg, este fragmento que ya conocemos es más que suficiente para que podamos afirmar que nunca antes en la historia judicial de Estados Unidos el espacio mediático en torno a un proceso ha sido tan invadido y controlado por el gobierno y que nunca este espacio se ha viciado tanto con el fin de asegurar oscuros objetivos políticos. En pocos meses fueron publicados miles de artículos en la prensa escrita e innumerables comentarios en la radio y la televisión, saturados de mentiras, manipulaciones y tergiversaciones. Y nunca fue tan abarcadora la guerra mediática contra acusado alguno. Todos los artículos, todos los comentarios de esa avalancha mediática tenían el objetivo de condenar a los Cinco. Ningún artículo, ningún comentario a favor. Sin excepciones. El juicio a los Cinco en Miami no puede calificarse de otra manera que de linchamiento mediático. El gobierno que los juzgó fue el que financió al mismo tiempo la creación de la atmósfera necesaria para condenarlos.

Miami era precisamente la única ciudad de Estados Unidos donde era imposible celebrar un juicio justo. En ninguna otra, un número tan escandaloso de periodistas se hubiera plegado tan fácilmente a las intenciones del gobierno. En ninguna otra, el miedo hubiese paralizado toda posible voz disidente. Solo aquí, en Miami, la ciudad del maniqueísmo político absoluto, era posible utilizar secreta y pródigamente fondos federales para lograr una condena mediática tan coordinada, eficaz y unánime.

¿Qué singularidad existe en esta margen del estrecho de la Florida que durante tantos años sólo ha permitido un periodismo mediocre, siempre al servicio de las peores causas? La explicación no consiste solamente en el incentivo económico representado por los ingresos adicionales a través de Radio y TV Martí, o de agencias gubernamentales como USAID, interesadas en promover la subversión en Cuba. Ni siquiera es fenómeno reservado a motivaciones ideológicas. La respuesta hay que buscarla en el entramado social de Miami que impide un periodismo profesional, independiente. Los pocos que lo han intentado a través de una prensa o una radio alternativa han tenido y tienen todavía que pagar un alto precio por ello.

El periodismo en Miami no tenía los grados de libertad de las actuaciones individuales sino que, con toda seguridad, todos estos periodistas eran miembros o mantenían vínculos con alguna o algunas de las más de 200 organizaciones cubano-americanas cuyas agendas –con frecuencia de índole explícitamente terrorista- son impuestas a todo lo que se relaciona con Cuba. Su actuación no sólo estaba determinada por el pago que recibían sino por la disciplina inherente a la militancia en estas organizaciones, algunas de las cuales, además, contrataban espacios en la radio y la televisión y poseían sus propios órganos de prensa. La condena a los Cinco tenía rango de consigna, era parte importante del credo, de las letanías anticastristas que recitaban diariamente –y todavía recitan- los comunicadores. En los medios de Miami, el mercenarismo no era excepción sino regla de vida.

Por otra parte, al igual que en el caso del niño Elián, la amenaza de represalias paralizó toda iniciativa racional. La demonización de los Cinco se convirtió en parte importante de la plataforma de propaganda de los congresistas cubano-americanos y de otros funcionarios y políticos del Sur de la Florida. Los que, como Janet Rino, propiciaron el regreso a Cuba del niño con su padre, tuvieron que enfrentarse a la difamación y al voto de castigo. Igualmente, salvo en los medios alternativos, ninguna voz se alzó –alzarse era suicida- para defender a los Cinco. Años más tarde, Oscar Corral vio su prestigio personal enfangado y su carrera profesional destruida por haber sido el primero en denunciar el pago del gobierno a diez periodistas de Miami.

Las interconexiones sociales existentes hacían imposible el ejercicio de un periodismo mínimamente objetivo en todo lo que estuviese de algún modo relacionado con el tema cubano. Era el clásico dilema del látigo y la zanahoria. La zanahoria era el pago que recibían del gobierno, y el látigo la posible pérdida del empleo, la exclusión y el temor a represalias aún mayores. Entraba en juego, ciertamente, el dinero que podían ganar pero, también, y en forma no menos determinante, la posición social y el salario que podían perder.

*Bioquímico cubano, actualmente reside en Miami. Trasmite con cierta regularidad por Radio Miami el Programa “La Opinión del Día”, que aparece poco después en laradiomiami.com. Es colaborador de Areítodigital.net; participa, con la Alianza Martiana, en la lucha contra el Bloqueo impuesto a Cuba por Estados Unidos.

sábado, 2 de junio de 2012

Palabras de Ricardo Alarcón


La lucha por los Cinco es de todos
Es el reclamo de todos los hombres y mujeres de Cuba a la vida, la integridad, la paz, y por una sociedad que se perfecciona constantemente, dispuesta a superar sus problemáticas y defender a los pueblos hermanos, destacó Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular

La lucha por nuestros cinco héroes es el reclamo de todos los hombres y mujeres de Cuba a la vida, la integridad, la paz, y por una sociedad que se perfecciona constantemente, dispuesta a superar sus problemáticas y defender a los pueblos hermanos.

Así significó este viernes Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, la importancia de la batalla por la verdad y la justicia en este caso, en la clausura del VI Encuentro Internacional de Justicia y Derecho.

Ante cientos de delegados e invitados de 15 países, el también miembro del Buró Político explicó que uno de los aspectos más relevantes de este proceso que demanda Cuba, es que se trata de cinco personas que han sido castigadas injustamente por algo que, en realidad, merece una medalla al heroísmo, pues sus acciones respondieron a una lucha para preservar vidas humanas contra grupos terroristas.

Denunció la negativa del gobierno estadounidense, desde hace seis años, de dar la documentación en la que se muestran las negociaciones realizadas entre medios de comunicación de ese país y sus instancias gubernamentales, para manipular con mentiras la realidad de todo el proceso judicial contra nuestros compañeros.

Recordó la bochornosa posición asumida por los magistrados de la Corte de Apelaciones de Atlanta, quienes a un año de declarar nulas las condenas a los Cinco —en un documento prácticamente secreto—, ratificaron las sentencias como resultado de la presión abierta de la administración del ex presidente George W. Bush.

Desde que fueron apresados en el año 1998, Gerardo, Antonio, Ramón, Fernando y René han sido víctimas de procesos judiciales turbios e injustos, manipulados por presiones y hostilidades políticas del Gobierno estadounidense contra Cuba.

viernes, 6 de abril de 2012

Agradece Alarcón solidaridad con Cuba a vicepresidente del Parlamento belga

Radio Rebelde - 2 abril

El presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular Ricardo Alarcón de Quesada agradeció al vicepresidente primero del senado del Reino de Bélgica, Danny Pieters las acciones solidarias del parlamento de esa nación europea a favor de la Mayor de las Antillas.

Alarcón hizo especial énfasis en aquellas a favor de la causa de los cinco cubanos antiterroristas injustamente presos en Estados Unidos, al tiempo que reconoció el buen estado de los nexos entre ambos gobiernos.

Por su parte, el Señor Pieters significó que durante muchos años Cuba y Bélgica han mantenido relaciones de intercambio estables, que se fundamentan en el respeto y aprendizaje mutuos y abogó para que continuaran desarrollándose favorablemente.

El vicepresidente primero del senado del Reino de Bélgica sostuvo este lunes un encuentro con el diputado Osvaldo Martínez, Presidente de la Comisión de Asuntos Económicos de la Asamblea Nacional del Poder Popular y posteriormente con la Máster en Ciencias Mariela Castro, Directora del Centro Nacional de Educación Sexual.

Para la jornada de este martes, el distinguido visitante prevé en su agenda una reunión con familiares de los cinco héroes cubanos, presos injustamente en Estados Unidos por combatir contra el terrorismo.