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domingo, 4 de agosto de 2013

Lo Que Hay Del Otro Lado Del Mar- La Verdadera Historia De Los Cinco Cubanos

Por Ricardo Alarcón de Quesada

La editorial canadiense Fernwood Publishing acaba de publicar “Lo Que Hay Del Otro Lado Del Mar- La Verdadera Historia De Los Cinco Cubanos”, el libro más completo hasta ahora disponible en inglés sobre un tema al que los norteamericanos apenas han tenido acceso: el caso de Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René, los patriotas cubanos encarcelados en Estados Unidos por luchar contra el terrorismo.

Es una historia secuestrada desde hace quince años. Los esfuerzos de su autor, Stephen Kimber, para publicarlo en Estados Unidos fueron inútiles. “Qué difícil ha resultado la venta de este libro a las principales editoriales de Norteamérica. Hemos recibido toda clase de explicaciones, por supuesto, pero la principal parece ser la creencia de que no existe en Estados Unidos una audiencia para un libro que podría presentar una imagen favorable de un grupo de ´espías cubanos´. Yo espero que este libro demuestre que ellos están equivocados.”

El libro es resultado de una búsqueda minuciosa y profunda que lo llevó a estudiar las más de veinte mil páginas de las actas del tribunal (Estados Unidos versus Gerardo Hernández et al)y miles de páginas más de documentos legales de lo que fue el caso más prolongado de la historia norteamericana. Leyó además libros y periódicos sobre Cuba y su largo enfrentamiento con Estados Unidos y también entrevistó a numerosas personas a ambos lados del Estrecho de la Florida y de los dos bandos o de ninguno.

No es un texto sobre el complicado e interminable proceso judicial, pero aborda, sin embargo, sus aspectos fundamentales. Tampoco es una biografía de los Cinco, aunque sus páginas los muestran como lo que son: seres humanos cercanos al lector. El libro va más allá y ayuda a comprender el conflicto entre dos países.

Pero no es un trabajo voluminoso ni de lectura difícil. Todo lo contrario. Con lenguaje claro y ágil permite al lector recorrer episodios de ese conflicto y culminar en unas pocas horas una lectura a la que quedó atrapado desde la primera página. Es la obra de un maestro de periodistas, un gran escritor y sobre todo, un intelectual honesto, comprometido sólo con lo que él pudo comprobar independientemente.

Ya en su primer párrafo nos dice que “Este no es el libro que yo pensaba escribir. Ese libro iba a ser una novela, una historia de amor que se desarrollaba en parte en Cuba.” Y por supuesto no era una novela sobre los Cinco acerca de quienes “vagamente había escuchado”. Kimber refiere en el prólogo cómo fue que decidió abandonar su proyecto inicial y ofrecernos, en cambio, un texto que nada tiene de ficción, y es un ejemplo de riguroso, imparcial y objetivo apego a la verdad.

En palabras de su autor, “no es una simple narrativa lineal. Es una acumulación en cascada de incidentes y escollos, de complicidades y consecuencias, una narrativa paralela, convergente, divergente, mostrando un reparto de caracteres eclécticos a ambos lados del Estrecho de la Florida”.

“Quizás fue la engañosa complejidad de todo ello lo que finalmente me convenció de que esta historia necesitaba ser contada, y necesitaba ser contada por alguien que no supiera ya cuales versiones de cuales historias eran las verdaderas.”

En esto radica la importancia verdadera de este libro. Es fruto de una investigación realizada por alguien que al emprenderla no era un defensor o simpatizante de la causa de los Cinco. Kimber, como miles de canadienses que visitan Cuba, tropezó más de una vez con algún cartel de propaganda, escrito con ingenuidad o torpeza lingüística, o escuchó a alguien hablar con admiración de los Cinco Héroes. Pero casi nada sabía al iniciar su indagación.

El autor formula una pregunta que encierra la clave para entender el problema: ¿Por qué el FBI decidió arrestarlos y llevarlos a un juicio público? ¿Por qué si hacía años que los tenía bajo su control y conocía todo lo que habían hecho y hacían? Al actuar de ese modo, apartándose de la práctica normal, el FBI perdió un caudal informativo importante y a la vez seguro. Tampoco podía acusarlos de nada grave y por eso los dos cargos importantes formulados contra ellos no implicaban crímenes sustantivos. Eran de “conspiración” para lo cual no hacía falta presentar evidencias concretas que nunca existieron.

La única explicación es política. En el verano de 1998 se habían dado los primeros pasos en lo que pudiera haber sido una colaboración entre los dos países para poner fin a las acciones terroristas contra Cuba originadas en Miami. Una misión de altos oficiales del FBI, enviada por decisión del Presidente Clinton, había recibido en Cuba copiosa información sobre tales actividades y había prometido actuar. Cuando la noticia de esos contactos llegó a Miami, el señor Pesquera, jefe local del FBI, quien mantenía estrechos vínculos con los terroristas, procedió al arresto y lo hizo empleando métodos que revelaban su motivación y el carácter político de la operación. “Si los cargos de espionaje contra los cubanos parecían poco convincentes – y lo eran, incluso entonces – ¿por qué el FBI decidió darle tanta importancia a esa parte del caso? ´Hemos hecho esto de forma pública,´ explicó Héctor Pesquera en español en un mensaje que fue transmitido frecuentemente en las estaciones de radio hispanas durante los días siguientes, ´para reunir información del público.´ ¿Qué? ”

“Intencional o no, las noticias sobre los arrestos y las acusaciones contra los cubanos sirvieron para incrementar los niveles de histeria en la siempre al límite comunidad de exiliados de Miami. La comentarista de la WQBA-1140 AM – y no olvidar vocero de la FNCA – Ninoska Pérez Castellón anunció en el aire el número de la centralita del FBI e invitó a llamar al Buró (y a su programa) para informar sobre “personas sospechosas”.

“Los grupos de exiliados como la Fundación Nacional Cubano-Americana se cebaron en las noticias de los arrestos, “que ahora vemos han estado amenazando intereses de seguridad vitales para Estados Unidos,” para hacer lobby por medidas aún más fuertes contra Cuba. Al día siguiente de la conferencia de prensa de Pesquera, el presidente de la FNCA Alberto Hernández y su vicepresidente Jorge Más Santos enviaron una carta al Senador Bob Graham, un miembro del Comité de Inteligencia del Senado que los apoyaba, para solicitarle que organizara una audiencia pública en Miami acerca del espionaje cubano.”

Mientras esto sucedía, allí mismo, en Miami, ante las narices del señor Pesquera, sin que nadie los molestase, se entrenaban los terroristas que realizarían el brutal ataque del 11 de septiembre de 2001.

El ambiente de odio creado por los medios locales de Miami, definido en 2005 por el panel de la Corte de Apelaciones como “una tormenta perfecta de prejuicios y hostilidad”, llevó a la decisión unánime de esos magistrados de anular el juicio. Fue más tarde, en 2006, que se supo que quienes desataron dicha “tormenta” recibían generosos, y ocultos, pagos del Gobierno federal.

El libro de Kimber aparece cuando el caso ha llegado a un momento crucial, a la espera de que el tribunal de Miami se pronuncie sobre las apelaciones colaterales (Habeas Corpus) cuyo fundamento principal es precisamente la conspiración gubernamental, financiando y organizando la campaña mediática que en Miami envenenó todo el proceso y que fue iniciada, precisamente, por el mismísimo FBI.
Ojalá la Jueza lea este libro antes de emitir su fallo.

Nota:
En junio del pasado año, y por cortesía del autor, publicamos un fragmento de la obra“'Shootown” [Derribo] es un extracto de 'Lo que hay al otro lado del agua: La verdadera historia de la Los Cinco Cubanos' ". Pueden descargarlo allí (en inglés, .pdf)

viernes, 23 de septiembre de 2011

La Poderosa - Editorial dedicada a Los CINCO

17/09/2011
Editorial dedicada a Los Cinco en la revista "La Garganta Poderosa" con el Indio Carlos Solari en la tapa. (ver en: www.lapoderosa.org.ar).
Cómo callar al cantor, Víctor Jara, justo hoy que los estudiantes alzan tu voz. Y qué fuerte se oye el silencio del Padre Mugica, con tantas villas empuñando la ilusión. Pero no está Rodolfo, para escribirla con fuego en este editorial. Ni está Miguel en la cooperativa de distribución, para llevar la revista corriendo, por 30 mil casas levantadas hasta el cielo, por Jorge López, el obrero. Quién más que un televisor pudiera decir que se trata de cinco desaparecidos, de cinco ausencias, si todavía circula la sangre de la historia. Será septiembre, el Día de Fuentealba y la Noche de los Lápices. Será septiembre, sin Julio, por quinta vez. Pero un día vendrá la primavera. Y se abrazará con el Che.



Mientras tanto, esperan los Cinco Héroes. Ni Jara, ni Mugica, ni Miguel, ni Walsh, ni López. Todos están ahí, caminando. Tras sus huellas, la historia se hace Garganta y la utopía, Poderosa. Pero a la balanza de la justicia, otra vez, le faltan 5 para el peso. ¿Qué cinco? Millones, millones los esperan en Cuba, esa isla que supieron proteger, para protegernos a nosotros también. A la sombra de la única libertad encorsetada en una estatua, cinco antiterroristas cubanos permanecen secuestrados en los Estados Unidos. Ausentes en los diarios y la televisión, llevan ya 13 años como prisioneros, porque sí, como tantos de los villeros enjaulados por un sistema que, libres, nos tiene miedo.

Más de 600 atentados a Fidel y a centros turísticos de Cuba, esencial fuente de divisas para un país bloqueado económicamente por los mismos terroristas, motivaron a Gerardo, Antonio, Fernando, René y Ramón a infiltrarse entre agrupaciones criminales de Miami, que amenazaban a su pueblo. Señalados como “espías”, fueron aislados en celdas de castigo durante 17 meses, hasta que su caso pasó al tribunal. Y contra la constitución, que exige un juicio imparcial, se los expuso en La Florida, donde residen los gusanos a la espera del cadáver de la revolución. Sin pruebas, el proceso duró seis meses, más que ningún otro en la historia. Y aun así, con la careta de la legalidad y los dedos verdes que armonizan la incomunicación mundial, resultaron condenados por “intento de espionaje”, a cárceles separadas, de máxima seguridad.
No por semejante falta de información, pero sí por “la falta de educación”, suelen horrorizarse las señoronas al difamar nuestras villas. Alarmadas por algún improperio o ultrajadas por la repugnancia de una bombilla babeada, no se ven conmovidas por la muerte de un chiquito chileno que, de tan bien educado, perdió la vida luchando por ir a la escuela. Cuánto nos falta aprender. Naufragando las rebeliones estudiantiles, por la fiesta que nunca llega para los egresados del sistema, Cuba se hace universidad, pero aun ante la escalofriante sonrisa de Piñera, debemos reconocer, públicamente, cuántos saberes le debemos a la voracidad de ese salvajismo que, cuando no se cobra cuotas, se cobra muertes o libertades, en los alambrados electrificados de su maleducada educación.

De ausencias, de estigmatización y del terrorismo impartido por los antiterroristas imperiales, nadie sabe más que nosotros, los villeros y los cubanos. Treinta mil compañeros y un tal Ernesto, nos han enseñado que el presentismo no se rige por la normativa del capital. Si Cuba va, por sus Cinco Héores ausentes, nosotros estamos presentes. ¿Pero cómo las villas van a gritar por 5 cubanos prisioneros en Miami? Con gran empeño, intentaron desconectar los cables de la base; alejar a los jóvenes cubanos, que sólo han conocido del capitalismo a sus privilegiados viajeros, de todos los latinoamericanos que, privados de volar, sólo conocimos Cuba mediante esos medios que, de medios, no tienen nada. Pero no han podido. La Revolución, al final, pesa más que la televisión. Y ahora, con Garganta propia, somos nosotros los que gritamos nuestras prioridades, empezando justamente por aquellas que olvida el mercado de la incomunicación.
La brutalidad de tantos letrados no ha permitido aún erradicar al analfabetismo en América Latina y la universidad continúa siendo un salón protocolar ajeno a las villas, mientras Cuba exporta solidaridad a esos rincones del mundo que necesitan huracanes o Mundiales de fútbol para salir en televisión. ¿O alguien cree que ahora hay un Disney en Haití? Se fueron las cámaras y los mercaderes de la caridad, pero ahí están todavía los médicos de Cuba, como están sus alfabetizadores en todo el planeta, regando conocimiento, esa variable del desarrollo que suelen dejar de lado las Descalificadoras de Riesgo. ¿Del riesgo para quién?

Para la salud villera, no hay mayor amenaza que la impunidad legalizada, de traje y corbata, pero con la bragueta abierta, para mearnos desde arriba, donde un condecorado operario del Plan Cóndor se puede chocar en el súper contra Luis Posada Carriles, como si no hubiera derribado un avión. No desentona entonces que, justo ahí, se enjaule a cinco luchadores antiterroristas, para resguardarlos de tantos mercenarios que se pasean con changuitos y bolsillos llenos. Por supuesto, los noticieros se ocupan de ellos, de los supermercados, de los clientes y de los pibes chorros, esos cipayos del hambre que hacen espionaje entre las frutas. Pero tristemente, tanta sobreprotección al consumidor impide abordar otro tipo de injusticias, como esas que padecen Zavaleta y Cuba, mientras resisten la embestida mediática, haciendo equilibrio en ese pedestal demonizado, donde nos vamos turnando villeros y cubanos.
Quizá resulten suficientes las gargantas de García Márquez, Galeano, Manu Chao, Oliver Stone, Sean Penn, mil organismos de Derechos Humanos, 109 países y diez Premios Nobel, para gritar justicia a los Cinco vientos. Y para entender la misión antiterrorista de los agentes cubanos, tal vez baste el dolor de las 3.478 muertes y las 2099 personas heridas o discapacitadas por los atentados a Cuba, apadrinados por la CIA y el Departamento de Estado norteamericano. Pero para justificar el “espionaje”, no bastaron ni 119 volúmenes de transcripciones. Hoy, por combatir al terrorismo, los Cinco están secuestrados, con condenas de 15 años a cadena perpetua. Y Obama no quiere escuchar al cantor, ni al clamor internacional, mientras su simulador de rescate sigue hurgando en el capital, para no remover los escombros de la moral. No vaya a ser que descubran, en medio del vendaval, que a los Estados Unidos el negro le queda mal.
Cómo borrar al pintor, Gerardo, justo hoy que las villas están tomando color. Y qué fuerte brilla la licencia de Ramón, cuando se derrumba la economía que jamás se derramó. Pero no está Fernando, para cobijarnos con sus relaciones internacionales del corazón. Ni está René en la cooperativa de distribución, para llevar la revista volando, por 30 mil casas levantadas hasta el cielo, por Antonio, el ingeniero. Quién más que un televisor pudiera decir que se trata de cinco presos, de cinco ausencias, si todavía circula la sangre de la historia. Será septiembre, el Día del Estudiante y el grito de Allende. Será septiembre, sin los Cinco Héroes, por decimotercera vez. Pero un día vendrá la primavera. Y se abrazarán con Fidel.