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lunes, 23 de junio de 2014

Diario judio en EEUU pide canje de presos

Junio 21 de 2014

Por Manuel E. Yepe

Un artículo firmado por Armstrong T. Fulton, ex asesor principal del Presi ente del Comité de relaciones exteriores del Senado y ex oficial de Inteligencia Nacional de Estados Unidos para América Latina, publicado el 16 de junio en el diario judío de Nueva York “Forward” (Adelante) se pronuncia contra la política de doble cara de Washington en las gestiones para obtener la liberación del sargento del ejército Bowe Bergdahl, prisionero en Afganistán de las fuerzas del talibán, y la del  mercenario estadounidense Alan Gross, quien lleva 4 años y medio cumpliendo condena en La Habana por probados delitos contra la seguridad del estado cubano.

“Las actividades que Gross estaba realizando en Cuba cuando fue detenido a finales de 2009 fueron instigadas, aprobadas y financiadas íntegramente por el gobierno de Estados Unidos y eran operaciones a las que este país dedica 45 millones de dólares al año como parte de su estrategia para cambiar el régimen de Cuba promovida por la
administración Bush.  
Washington no puede esconder esa responsabilidad más de lo que podría negar que Bergdahl era un soldado estadounidense”.

A juicio de Fulton, el gobierno cubano arrestó y condenó a Gross por tres razones principales: por su participación en el "programa de promoción de la democracia" que violó la ley cubana (y, como puede verse claramente en los informes de su viaje que enviaba, sabía bien lo que estaba haciendo); porque La Habana quería poner coto a
actividades similares a las que Gross realizaba, y porque el gobierno cubano, atendiendo a la retórica del Presidente Obama sobre un "nuevo comienzo" en las relaciones bilaterales, vio una oportunidad para obligar a Washington a un diálogo creíble.

“Con tales acciones la administración Obama rechazó la mano tendida por los cubanos y denigró las leyes cubanas sabiendo bien que un agente del gobierno cubano enfrentaría graves cargos si intentara establecer redes sofisticadas de comunicaciones secretas en Estados Unidos, como lo hacía Gross en Cuba”.

Luego de algunas tímidas reformas iniciales para suavizar los programas de cambio de régimen contra Cuba, Obama cedió a la presión del puñado de legisladores cubano norteamericanos que pretenden que cualquier operación relacionada con Cuba sea tan provocativa y bien financiada como sea posible, considera Fulton.

Así, pese a algunos posibles actos de cuestionable conducta personal, Bergdahl ha podido regresar a casa a cambio de la liberación de cinco peligrosos comandantes del talibán y a Gross le tocó sentarse a esperar, según valoración de Fulton. “¿Cómo es posible que la administración pueda negociar con un grupo como los talibanes y no pueda hacerlo con Cuba, que no plantea amenaza alguna para Estados Unidos?”.

Por supuesto –dice el ex alto oficial de inteligencia de Estados Unidos-,  hay muchas diferencias entre Bergdahl y Gross. Uno lleva un fotogénico uniforme militar con la bandera de su país en el hombro, el otro una guayabera que necesita planchado. Uno es un suboficial en el ejército de Estados Unidos, el otro un subcontratista civil. Uno trabajaba para terroristas y torturadores conocidos, el otro para un gobierno que no nos gusta pero que tiene a nuestro recluso en una celda de hospital con buena atención médica.

Para Fulton, los argumentos en el Congreso a favor de uno y otro prisionero también han sido radicalmente diferentes: los defensores de Bergdahl insisten en que los militares nunca deben abandonar a un hombre suyo y que Washington está en el deber de traerlo de regreso a casa. Quienes apoyan a Gross defienden sus actividades secretas, exigen su liberación incondicional y unilateral, enérgicamente instan a incrementar los programas de cambio de régimen para provocar a Cuba y se oponen a las negociaciones. (El senador Patrick Leahy, que considera "locuras" esos programas y sugiere dialogar con los cubanos, es la excepción).

Pero Fulton admite que las similitudes son más importantes: Ambos realizaban operaciones aprobadas por y en nombre del gobierno de Estados Unidos. Ambos sabían del riesgo que corrían como agentes de Estados Unidos y ambos conocían las limitaciones que tendría el gobierno para ayudarles. Ambos aceptaron pagos especiales o subsidios por estos riesgos. Obviamente ambos llevaban a cabo actividades
destinadas a socavar la legitimidad y la autoridad de sus captores.
Fulton se pregunta y se responde: “¿Por qué excluir a Gross de este solemne contrato? ¿Porque no era un empleado a tiempo completo del gobierno? ¿Porque algunos en Washington no quieren ver progresos en las relaciones con Cuba? Los cubanos son difíciles y, como a nosotros, les preocupa aparecer débiles. Pero son inteligentes, saben que los intereses de nuestros dos países pueden ser servidos por la negociación y tienen una buena reputación en materia de implementación de los acuerdos”.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Los 5 pacifistas cubanos deben ser liberados


Por Manuel E. Yepe*/Foto Virgilio Ponce - Martianos-Hermes-Cubainformación.- De la calidad y pureza de los sentimientos humanos, capaces de promover increíbles sacrificios individuales o colectivos en aras de objetivos superiores para la especie humana, hablan las virtudes y actitudes asombrosas que genera la lucha de los pueblos por la Paz.
Uno de los más elevados ejemplos de ello ha sido el de los cinco jóvenes cubanos que entregaron sus vidas al propósito de salvar a sus compatriotas, y a la humanidad toda, del flagelo terrible del terrorismo que, infiltrándose en las bandas auspiciadas por sectores extremistas de las élites del poder que rigen los destinos de Estados Unidos, tienen en el sur del estado de la Florida un verdadero cuartel general de operaciones criminales.
Ellos asumieron el riesgo y, totalmente desarmados, penetraron las filas terroristas en Miami y lograron obtener las evidencias que eran necesarias para alertar a las autoridades policiales de Estados Unidos, que alegaban para su desidia, una supuesta falta de pruebas para actuar contra los preparativos criminales que Cuba venía denunciando y sufriendo dolorosamente.
Un avión civil cubano dinamitado en pleno vuelo con más de 70 pasajeros civiles a bordo, todos muertos; bombas en hoteles de turismo en Cuba con victimas mortales; asesinato en Nueva York de un diplomático cubano acreditado en la ONU, y múltiples acciones terroristas contra centros hospitalarios, escuelas y fábricas en la isla, no eran evidencia suficiente para que las autoridades estadounidenses se dispusieran a actuar contra los culpables, en evidente contubernio con éstos que frenaba a la justicia e impedía la convivencia pacífica entre ambas costas del Estrecho de la Florida.
Pero estos cinco valientes defensores de la Paz no vacilaron ante las circunstancias y en cumplimiento de su misión - con grave peligro para ellos y sus familias- penetraron las filas terroristas. Lograron tras ello hacer llegar al gobierno de Cuba abundantes pruebas fehacientes de los preparativos terroristas para que, por canales oficiales, se pusieran éstas en manos del gobierno estadounidense en su más alto nivel.
Así se hizo, pero el control criminal del ambiente policial y político en el estado de la Florida determinó que, hace por estos días 15 años, en vez de ser arrestados los terroristas, fueran apresados los valientes denunciantes,
Luego vendría una tortuosa manipulación de los procedimientos judiciales que condujo a abultadas penas de hasta tres cadenas perpetuas sin que se hubiera probado un solo muerto, herido o hecho de violencia imputable a los inculpados.
Se escondieron pruebas que obraban en poder del gobierno de Estados Unidos que desmentían las más graves acusaciones contra los cinco cubanos acusados; se ignoró la demanda de que el juicio tuviera lugar en un lugar distinto a Miami, donde no habían las mínimas condiciones para tener un proceso justo, y se financió, con pagos ilícitos a los medios y a numerosos periodistas corruptos, una intensa campaña de prensa para asegurar un ambiente de odio contra los acusados durante el juicio. A ninguno se le pudo probar siquiera el delito de espionaje por cuanto se evidenció claramente que ellos no habían buscado ni obtenido información alguna que pusiera  en peligro la seguridad de Estados Unidos sino solo aquella relacionada con los preparativos terroristas de las bandas de emigrados extremistas cubanos.
Como no podían ser acusados de algo suficientemente grave para cumplir los objetivos políticos que se proponía la fiscalía, los cargos más importantes formulados contra ellos se limitaron a la acusación de “conspiración para cometer delito” que no exigía evidencias concretas que jamás existieron.
Y, para evitar la reacción de la población estadounidense contra tan escandaloso fraude legal, en la llamada “gran prensa” - que en Estados Unidos se conoce como “mainstream media”- se aplicó una política de rígida censura a la divulgación de las actuaciones judiciales y sobre las condenas solicitadas e impuestas.
Estos bravos luchadores por la paz han estado cumpliendo de manera ejemplar, y con sus frentes en alto, sus infames condenas en prisiones dispersas por el amplio territorio estadounidense.
A uno de ellos se le reconoció el cumplimiento total de su injusta sentencia y, tras una complementaria reclusión domiciliaria en territorio de Estados Unidos, pudo regresar a su patria y su familia, no obstante lo cual los cinco se mantienen articulados solidariamente hasta que todos juntos puedan disfrutar de libertad y celebrar el cumplimiento del deber patrio.
El Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los Pueblos, al igual que todas las personas dignas de esta Isla, exige la inmediata excarcelación y el regreso a su patria de estos héroes antiterroristas.
Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González son paradigmas del pacifismo revolucionario, apóstoles de la lucha por la Paz cuya injusta permanencia en cárceles del imperio constituye un baldón imborrable para la historia del sistema de justicia en Estados Unidos. Su resistencia y lealtad patriótica ha confirmado la capacidad de la voluntad humana de vencer a la violencia guerrerista con actos de razón y sacrificio que ningún imperio puede impedir.
*Palabras pronunciadas a nombre del Secretariado de Movimiento Cubano por la Paz en el IV Foro de la Sociedad Civil Cubana efectuado en La Habana el 20 de septiembre de 2013.
Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González son paradigmas del pacifismo revolucionario, apóstoles de la lucha por la Paz cuya injusta permanencia en cárceles del imperio constituye un baldón imborrable para la historia del sistema de justicia en Estados Unidos. Su resistencia y lealtad patriótica ha confirmado la capacidad de la voluntad humana de vencer a la violencia guerrerista con actos de razón y sacrificio que ningún imperio puede impedir.
*Manuel E. Yepe, periodista cubano especializado en temas internacionales.

martes, 26 de marzo de 2013

La revolución de la desobediencia


 
Por Manuel E. Yepe*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.-

El triunfo de la revolución en Cuba en 1959 significó el primer caso de acto sostenido de desobediencia al imperio que haya logrado resistir exitosamente las represalias de éste. Ello revela –a falta de cualquier otra explicación o teoría razonable- la razón de la agresividad, intensidad y persistencia en el tiempo de la política de Estados Unidos contra este pequeño archipiélago del Caribe.
Cuba ha logrado resistir cualquier cantidad de agresiones del Gobierno estadounidense: invasiones con mercenarios como la de Bahía de Cochinos, actos terroristas contra aviones de pasajeros, buques mercantes, hospitales, escuelas, hoteles y otras áreas de población civil, así como más de 600 atentados contra Fidel Castro y otros líderes de la revolución y el más largo bloqueo económico, financiero y comercial que haya sufrido una nación en la historia. Todo ello junto una sostenida campaña difamatoria en los medios corporativos estadounidenses y de todo el mundo.
El triunfo de los cubanos sobre la tiranía de Batista por medio de la lucha armada popular impulsó a patriotas de muchos países del continente a asumir ese camino en aras de la liberación de sus países del yugo extranjero.
Pero, bajo la batuta de Estados Unidos y con asesoramiento de expertos militares de la superpotencia, las tiranías militares de Latinoamérica reprimieron cruelmente ese accionar inspirado por la victoria de los cubanos. Torturaron, asesinaron y desaparecieron en las décadas de los años 60 y 70 del pasado siglo a decenas de miles de jóvenes revolucionarios, o sospechosos de serlo, sin juicio previo.
La Operación Cóndor, el más desmedido operativo de las dictaduras latinoamericanas en esos años, fue diseñado e impulsado por la CIA en su carácter de organización clandestina global para practicar el terrorismo de Estado contra los movimientos populares latinoamericanos. Fue un plan de inteligencia y coordinación entre los servicios de seguridad de los regímenes militares en Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia, pero sus efectos criminales se hicieron sentir en todos los países de la región.
Paradójicamente el papel de las fuerzas armadas en la represión popular en función de los intereses de las oligarquías, estimuló no pocas actitudes dignas en los cuarteles por oficiales y soldados que promovieron en las filas militares ideas patrióticas revolucionarias en aras de revertir la indignante situación.
Luego vendría un período en el que estas dictaduras militares al servicio del imperio, desprestigiadas en su gestión de gobierno, debieron ceder espacios a procesos de la llamada “democracia representativa” con la pretensión de que los partidos oligárquicos tradicionales recuperaran sus anteriores posiciones de control y subordinación a Washington para continuar implementando el esquema de globalización neoliberal que habían iniciado en el continente por medio de las tiranías.
Las luchas callejeras y las contiendas electorales que vinieron con el repliegue de los militares a los cuarteles sirvieron de marco para que los pueblos impusieran la fuerza de su número por sobre las fortunas de las oligarquías.
La desobediencia ante los dictados de Estados Unidos, que Cuba no dejó de practicar ni un solo segundo desde 1959 como afirmación de su independencia, se vio estimulada por los éxitos de la revolución bolivariana que, a su vez, fertilizaron el terreno para una proliferación que hoy abarca a la mayoría de las naciones latinoamericanas y caribeñas.
Con las motivaciones para el enfrentamiento al imperialismo siempre vigentes y la revolución cubana firmemente demostrando la factibilidad de romper el mecanismo del fatalismo geopolítico de sometimiento a Estados Unidos, en Venezuela el joven comandante Hugo Chávez, inspirado en los ideales libertarios e integracionistas de Bolívar -tras fracasar en un levantamiento armado- adoptó la estrategia política que las circunstancias demandaban y, con un programa de gobierno de alto contenido social, triunfó en tres sucesivos comicios presidenciales posteriores.
La llegada al poder en los años iniciales del Siglo XXI de varios gobernantes populares, partidarios de la autodeterminación de sus países y de la integración regional como recurso fundamental para hacerla viable, determinó el surgimiento de diversos proyectos integracionistas que desembocaron en la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) como nueva organización hemisférica, excluyente de Estados Unidos y Canadá, como alternativa para la Organización de Estados Americanos (OEA) dominada por Estados Unidos.
Ha sido éste el momento culminante de un proceso que podría llamarse “la revolución hemisférica de la desobediencia”.
Para llegar a él ha habido que recurrir a variados métodos de lucha pero el objetivo final sigue siendo el de lograr una América Latina verdaderamente democrática, independiente, con identidad regional propia y el máximo de justicia social.
*Manuel E. Yepe periodista cubano especialista en política internacional.

Enviado por el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación