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jueves, 26 de junio de 2014

Silvio habla en una entrevista sobre Gera y Los Cinco

"-Hay una cosa que te quiero decir antes de que te vayas, dice: Me parece muy importante. Ayer me llamó Gerardo Hernández, ¿sabes quién es Gerardo?

Lo observo con sospecha, porque quién no conoce en Cuba a Gerardo Hernández, si en cada esquina hay un afiche donde se puede ver su rostro junto al de los otros cuatro que han pasado a conocerse como: Los Cinco.
-Sí, respondo.

-Yo nunca había hablado con él. Cuando estuve en Estados Unidos hace tres o cuatro años tratamos de hablar pero no fue posible. Hablé con otros dos o tres compañeros suyos, pero con él no pude. Primera vez que hablo con él y fue una conversación extraordinaria. Y es porque en Mayarí sentí que el teléfono me sonaba cuando estaba cantando las últimas canciones. Me tapaba el atril y lo saqué disimuladamente. Vi que habían unas cuantas llamadas. Lo desconecté porque estaba sonando y tenía miedo de que se metiera por el micrófono.
Cuando terminé volví a fijarme. Era una llamada de los Estados Unidos porque tenía un uno delante. Y sonó otra vez. Era una emisora de los Ángeles que hacía un programa especial para Gerardo por el día de su cumpleaños. Me hicieron una entrevista. Hablé un ratico con la muchacha que me entrevistó y él oyó la entrevista. Entonces localizó mi teléfono y me llamó, por supuesto que era para agradecerme.
Uno habla con esos hombres que están pasando tantas vicisitudes, que han sido tan maltratados, y tratados con tanta injusticia y realmente le dan lecciones a uno de supervivencia, uno se queja… Yo había llamado a alguien para que me mirara el aire acondicionado, porque no estaba funcionando bien. Y me dije: Caballero, le ronca. Uno está preocupado porque no funciona bien el aire acondicionado y este hombre lleva 16 años presos, tiene dos o tres condenas de por vida y te habla con un optimismo, con una seguridad, con una firmeza, con una fe tan grande en que se va a hacer justicia, en que va a estar un día aquí. Realmente es muy conmovedor. Y nos hace pensar mucho.

Me preguntó: "¿Dónde tú estás?" Le digo: Estoy en Holguín. Entonces dice: "Coño, Holguín, ¿tú sabes, por cierto, que Holguín es una de las provincias de Cuba de las que yo recibo más cartas?"Digo: ¿De verdad? Dice: "Sí, no te puedo decir ahora que es la que más porque tendría que contarlo, pero te garantizo que es una de las provincias de Cuba de las que más cartas recibo. Tú pudieras transmitir de mi parte…" Me dijo eso y por eso te lo estoy trasmitiendo: Tú pudieras transmitir de mi parte mi gratitud al pueblo holguinero por no olvidarse de nosotros. Así que tienes para mí esa mínima misión".

Fragmento de la entrevista de Leandro Estupiñán Zaldívar a Silvio publicada en Cubadebate "Silvio Rodríguez: Uno no es ni famoso, ni exitoso, ni ningún oso"

Gracias a Rosa CBaez por el envio

domingo, 1 de junio de 2014

Cumpleaños de Gerardo y Ramón en Junio


Queridos amigos de los Cinco:
 
¡Envíen una felicitación de cumpleaños a
Gerardo Hernández y Ramón Labañino!

2009 Ramon, Gerardo gradient
Gerardo y Ramón cumplen años en junio.

¡Asegúrese de enviarles una felicitación por sus cumpleaños!

Usted puede escribirles directamente a la prisión, (a las direcciones abajo) y también si desea, transmitir su mensaje de felicidades a nuestro correo electrónico abajo. Entonces enviaremos sus mensajes a Gerardo y a Ramón.

Gerardo Hernández nació el 4 de junio del 1965.
Su dirección es:
Gerardo Hernández, #58739-004
U.S.P. VICTORVILLE
P.O. Box 3900
Adelanto, CA 92301

Ramón Labañino nació el 9 de junio del 1963.
Se conoce a Ramón oficialmente en la prisión como Luis Medina, entonces hay que dirigir la carta o tarjeta (en el sobre) a:
Luis Medina, #58734-004
F.C.I. ASHLAND
P.O. Box 6001
Ashland, KY 41105
Luego, puede escribir dentro de la carta o tarjeta usando el nombre de Ramón.

jueves, 29 de mayo de 2014

Gerardo y los bates Cubacan

Obsesiones para un jonrón

Que Gerardo Hernández Nordelo es un «fuera de serie» ya se sabe. La historia de los bates Cubacan aporta aún más argumentos, un proyecto con su amigo Bill Ryan y en el que Adriana es esencial
Nyliam Vázquez García 
juventudrebelde.cu

24 de Mayo del 2014
Alexander Malleta camina lento hasta el cajón de bateo. Cuando levanta el madero ahí está la marca que indica que ese no es un bate cualquiera. A la espera del lanzamiento del pitcher, es como si Gerardo Hernández Nordelo no estuviera en Victorville, California. De algún modo, mientras el slugger del equipo Industriales se dispone a conectar, pareciera que Gerardo está más cerca de cumplir el sueño de sentarse en el estadio Latinoamericano, al lado de Armandito el Tintorero. Aunque, si uno mira bien, «el jugador de pelota más malo del mundo», pero el fanático más ferviente, según su esposa, está al lado de la estatua. Expectante.
Cuando Malleta da un jonrón o incluso cuando se poncha, Gerardo está menos preso. Mientras otros peloteros del equipo Industriales juegan o entrenan con los bates Cubacan, fabricados en su tiempo libre por el amigo canadiense Bill Ryan, hay motivos extra para las sonrisas. Y se multiplican cuando el equipo ganador de la Serie Nacional recibe su bate-trofeo o llegan los de otros peloteros destacados.

Una obra de amor

Más de 200 maderos con la marca y el logo creados por Gerardo han llegado a Cuba desde que hace alrededor de cuatro años inició este proyecto junto a Bill. Los bates, a fuerza del fanatismo de nuestro héroe por la pelota y el amor por su equipo azul, se han convertido en otra de sus obsesiones.
Entonces, Bill le había preguntado a Gerardo: «¿Qué más puedo hacer?»; y a él, aprovechando la calidad de la madera del bosque del amigo y su gesto desinteresado, se le ocurrió proponerle hacer bates para Industriales, su equipo. Otra vez Gerardo sorprende. En medio de su injusto encierro en una prisión de máxima seguridad en Estados Unidos, logra que todo fluya para que finalmente se concrete esta obra de amor.
Adriana, puente esencial y obsesión primera de ese hombre bueno, recuerda esos primeros tiempos en que hizo falta mucha entrega y paciencia para lograr la fluidez que ya tiene la fabricación de los bates Cubacan. Gerardo, en la prisión, y Bill, en Canadá, estudiaban e investigaban sobre medidas, calidad y viabilidad del uso de la madera de arce, posibles regulaciones sobre su empleo y otros mil detalles. Cartas o alguna breve llamada que pudiera hacerse para intercambiar información, ajustaban los planes. Gerardo mandaba apuntes a Bill para que los ampliara y este se aventuraba con los primeros prototipos en el sótano de su casa en Ottawa y con herramientas muy primarias.
Desde La Habana, Adriana consultaba con Pedro Medina, «el hombre de Edmonton», ex receptor de Industriales, las dudas que le surgían a su esposo. Pedro contestaba, ella enviaba las respuestas y así, una triangulación que parecía infinita.
«Lo que hace falta es acabar de averiguar si hay alguna regulación que les prohíba a los peloteros usar un bate mandado a hacer especialmente para ellos, o si las regulaciones permitirían usar los bates de Bill para jugar, o si se podrían usar al menos para las prácticas», fue una de las consultas de Gerardo.
«Pienso que se pueden hacer bates personalizados con estas medidas que le estoy enviando, que pueden llevar sus nombres y el logo de Gera, sin problema, por el contrario, la idea es magnífica y los jugadores van a estar muy motivados», respondió Medina.
«…es un árbol de madera muy dura, por lo que estoy seguro será buenísimo para jugar béisbol, pienso que va a ser algo muy útil para nuestro equipo ya que en la Serie recién concluida se partieron una buena cantidad de bates, puede ser que la madera no sea buena o también un mal agarre del mismo, pienso que es lo primero. Si está en tus medios enviar algunos te lo vamos a agradecer porque estamos necesitados en estos momentos y también nos da la posibilidad de irlos probando antes que comience la Serie 52».
Adriana en diálogo con JR revela detalles.
«Es a mediados de la Serie 51 que Bill manda el primer envío de bates; una cantidad numerosa. Cuando Gerardo ve las primeras fotos que Bill le mandaba de lo que iba haciendo (recuerda que Gerardo no puede verlos ni tocarlos), piensa que los bates no tienen el tamaño para el juego, que son para el «fogueo», para el entrenamiento, que son más finos.
«Gera me pidió que le preguntara a Medina y él, efectivamente, se sorprendió de cómo pudo darse cuenta solo por las imágenes de un detalle tan técnico. Eso da la medida de su afición, de lo detallista que es».
Después de corregir las medidas y ajustar detalles, los bates comienzan a llegar a través de la Embajada cubana en Canadá o aprovechando el viaje de cualquier amigo. Adriana siempre recuerda el apoyo en esos primeros momentos de la embajadora cubana Teresa Vicente y su esposo, quienes respaldaron incondicionalmente el proyecto e iniciaron un camino, mantenido luego por la sede diplomática de Cuba en Canadá. Una vez llegados a Cuba los bates, la esposa de Gerardo se los da en el mismo Latino a Medina, a Vargas o a los peloteros.
Durante una entrega de bates al equipo Industriales, en 2012, Bill Ryan comentó a un colega de Granma: «Con Gerardo aprendí cómo hacer bates y creo que los resultados son satisfactorios, pues Sam Bat, compañía canadiense que produce cientos de maderos de distintos tipos para las Grandes Ligas, aprobó nuestro modelo».
En un correo de Gerardo a Adriana se nota el entusiasmo, el carácter de este hombre que no sabe hacer otra cosa que entregarse, aunque la injusticia estadounidense se empeñe en esa condena absurda de dos cadenas perpetuas, más 15 años por haber salvado la vida de muchos.
«Mi reina: este es el segundo capítulo de “la novela” de los bates Cubacan, y lo empiezo con algo MUY IMPORTANTE: En el anterior te decía que yo no sabía que con los bates de madera se batea con la parte donde está el logo, pero ahora me estoy releyendo las cartas de Bill, más unos documentos que me mandó, y veo que fue un error de interpretación mío. El logo sí tiene que ver con la parte por donde se batea, y para eso el fabricante lo pone en un lugar determinado, en correspondencia con el “grano” o fibra de la madera. Pero en realidad, cuando se agarra el bate, el logo debe quedar de frente al bateador, para que el bate golpee la bola a unos 90 grados de donde está el logo. Que me perdone Medina si acabo de “descubrir” la Calle Zanja (con todos los chinos adentro) pero como yo me enteré ahora, y como lo había dicho mal en el anterior, quería aclarártelo, por si acaso. O sea, con estos bates que estamos haciendo hay que batear como con todos los demás, con el logo de frente al bateador».
En este mismo mensaje le comentó a Adriana que Bill había tenido en cuenta las nueve recomendaciones para los fabricantes de bates de arce, resultado de un estudio que hicieran las Grandes Ligas, a un costo de medio millón de dólares. Como siempre firmó el correo: «Te amo+! Gera».

Bill y Nora

Bill tiene 60 años. Trabaja durante toda la semana vendiendo autos. Cualquier rato libre lo aprovecha en el taller sacando los bates de los trozos de arce amontonados en un rincón, y que a su vez, provienen de un bosque del que es propietario.
Por su decisión, llevan también grabada la firma de Gerardo, si es para el equipo Industriales, y de Ramón, Fernando, Tony o René, si es para otro. Aunque en la última entrega, el equipo Industriales recibió bates firmados por Fernando y por Ramón. Si se trata de uno personalizado, se hace a la medida y con el nombre del elegido, y se añaden otros detalles si es un bate-trofeo. A petición de Gerardo, en la empuñadura lleva el nombre de Bill y el de su esposa Nora.
«Ellos tienen una relación muy bonita, muy sólida. Es un matrimonio que tiene más de 30 años, viven solos. Ese deseo de Gerardo da la medida del respeto que siente por las relaciones de pareja, por la compañera, pero también es el reflejo de lo que yo significo para él, de lo que significamos cada una de nosotras», comenta Adriana.
«Porque Bill hace los bates, pone los recursos, pero cuando analizas que, para que Bill pueda hacer todo eso necesita una retaguardia, una compañera que lo motive, para la que ese tiempo no sea un conflicto... Es también reconocerle a Nora su aporte.
«Eso te da la medida de lo delicado que es Gerardo con todas las personas, es un hombre de muchos detalles, muy caballeroso y muy respetuoso por las otras personas».
Las palabras de Adriana llevan ese tono de admiración por el hombre amado, por el hombre que le falta a su hogar, por el que espera.
Adriana, como le ha tocado en estos casi 16 años de encierro de su esposo, se convierte en su voz. Ambos le agradecen a Bill por su entrega sistemática.
«Si Bill no fuera un hombre disciplinado en su quehacer, no hubiese podido emprender con tanta vehemencia y con tanto rigor este proyecto de los dos (…) Lo ha hecho con mucho valor, porque Bill no sabía hacer los bates, y empezó a usar su tiempo para dedicárselo a Gerardo y a sus compañeros», asegura Adriana.
«Pudo hacer unos cuantos, pero hacerlo con esa sistematicidad, estar pendiente de las medidas, de los cambios para que se ajusten a cada jugador... No hay duda de que Bill también es un hombre muy meticuloso, y eso ha ayudado a que la comunicación entre los dos sea muy buena», apunta.

Gerardo, Adriana y la pelota

El amor por la pelota él lo lleva en la sangre más allá de sus habilidades. Gerardo sabe que es muy malo jugando y no es fama que ella le dé. A Adriana le sale una sonrisa amplia cuando recuerda fragmentos de vida en común.
«Cuando me enamoré de Gerardo, un industrialista fanático, veíamos los juegos en su casa o íbamos al Latino, … a veces yo no podía estudiar porque a él, a su papá y a su sobrino les gustaba gritar… yo tenía que emigrar con mis libros para la casa de mi cuñada que vivía arriba».
—Gerardo, por favor no grites más.
—A mí el psiquiatra me dijo que cuando estuviera muy estresado fuera a gritar al Latino, pero como me queda muy lejos…
Cuando supo que vivimos tan cerca, que el hogar que lo espera está a unos pasos del templo de los azules, me dijo: ¡Qué bueno, dile a la gente que me guarden un asiento al lado de Armandito el Tintorero.
Adriana también recuerda los juegos a los que iban en la Universidad; al equipo del ISRI (Instituto Superior de Relaciones Internacionales) y los de otras facultades que se juntaban para pasar un rato.
«Aquello no tenía comparación, porque ese Gerardo jugaba mal, mal, mal…» Adriana se ríe. «La pelota venía por aquí y él estaba parado por allá», y vuelve a reírse a carcajadas.
«Le decía: “Ay, Gerardo, no me traigas más a estos juegos de pelota que tú juegas muy mal”, y él me respondía: “Ah, no importa, pero nos divertimos”.
«Fíjate, le conté en una llamada telefónica que las glorias de Industriales, Anglada, Javier Méndez y otros peloteros que recibieron un bate-trofeo, lo estaban esperando para un piquete y yo les dije: “Caballeros, mejor lo ponen de observador”, y Gera comenzó a reírse, porque él sabe que tengo razón. Tiene conciencia de que en el barrio lo dejaban jugar, porque era el dueño del bate y el guante», y vuelve la carcajada.
Esta idea de los bates, de aportar para el desarrollo de la pelota, ese amor por el deporte no es algo reciente, ni mucho menos una afición ligada a su resistencia en prisión. Adriana lo explica mejor.
«No viene de ahora. Yo recuerdo que Industriales pasó muchos años sin ganar una Serie y nosotros siempre seguíamos la pelota. El asunto es que siempre perdíamos y yo le decía en broma:
—Gerardo, tú deberías cambiarte de equipo, si al final Industriales siempre te deja con la miel en los labios.
—Eso es traición, mi equipo es mi equipo, gane o pierda…, respondía él.
«Cuando Gerardo cayó preso, me di cuenta que esa palabras encerraban más que un juego de béisbol, encerraban su fidelidad, su lealtad. Si era así para su equipo, cómo no hacerlo con la Patria y lo que estábamos defendiendo».

Pendiente de lo importante

Correos, llamadas, horas dedicadas al proyecto. ¿Cuánto ha influido en el ánimo de Gerardo? Ella que lo conoce, que lo acompaña, que lo sabe de memoria, aunque se empeñen en obstaculizar su comunicación, responde sin pestañar.
«Muchísimo, muchísimo, muchísimo… Yo te lo puedo decir, porque es un proyecto en el que Gerardo está inmerso, en que está buscando un cambio, una transformación, mejorar… Eso le da a él un espacio más abierto fuera de las rejas de la cárcel y se aleja de todo lo que está pasando allí, porque está pendiente de escribirle a Bill, de recibir información, de darle seguimiento a los juegos… Está atento a todos los cambios y transformaciones que emprende el deporte cubano. (…) Deja de estar pendiente de otras cosas, más dañinas porque no tenemos solución para ellas.
A pesar de la complicidad entre Gerardo y Adriana, a veces ocurren desencuentros. Ellos no discuten. En todo caso, «conversan acaloradamente» por teléfono y con los minutos contados. No ocurre con frecuencia, pero cuando pasa, en ese rincón hogareño, cerquita del estadio Latinoamericano o en la celda que ocupa Gerardo, no hay paz hasta que no se aclara aquello que les ha dejado el pecho apretado.
«11 de febrero 2012
Mi reina bella: Lamento mucho que hayamos... vaya... no discutido, porque no fue discusión, sino que hayamos conversado acaloradamente por lo de los bates, pero tú tienes parte de la responsabilidad, porque —al parecer por haber estado leyendo mi correo sobre el tema— cuando te llamé y dije la palabra “bate” ya estabas indispuesta... (yo creo que tú tienes un poquito de celos por la pasión que yo he depositado en los bates, pero tú misma me sugeriste que me buscara un entretenimiento para que dejara la obsesión contigo... o no? Y entonces ahora no te conviene mi obsesión con los bates tampoco. En qué quedamos, chica?)».
Gerardo y Adriana han aprendido por la fuerza de una injusticia que ya dura demasiado a intuirse por el tono de voz, por la oración sobre el papel o la página en blanco. Han aprendido a sobreponerse a las escaramuzas del silencio, a aferrarse a las sonrisas, por más esquivas que parezcan, a querer el amanecer, aún en la distancia, porque saberse uno en la vida del otro resulta una fuerza poderosísima.
«Discúlpame, mi niñita. Todavía me quieres un poquito?. Felicidades!!!. Qué sería de mí sin ti chica... Caballerooo!!!! Estoy al retirarme de esto de los bates y obsesionarme contigo otra vez! Y voy a comenzar poniendo orden en el ropero, así que prepárate... (O quieres que siga con los bates?). Te quiero mucho mi niña».
Y no hay sonrisa más amplia, ni luz más brillante en el rostro de esta mujer que cuando recuerda alguna de las ocurrencias de su «niño».
«…me disculpo también por cualquier cosita injusta que te pueda     haber dicho en el calor del debate, porque la realidad, realidad, realidad es que yo no tengo nadie más con quien contar, y que me consta que tú te desvives por complacerme y porque las cositas que te pido queden bien, porque te gusta verme contento, y… (toda esta guataquería es por el Día de los Enamorados, tú sabes, no?)».
Y aunque no hay dudas sobre quién lleva ventaja en la lucha de obsesiones, más allá de los debates, tensiones y alegrías, Adriana disfruta convertirse en piedra angular de los infinitos puentes que se tienden desde Estados Unidos, Canadá y La Habana para que los bates sean útiles, como quiere su esposo.

¿Sirven o no sirven?

«La preocupación mayor de Gerardo es que le digan que los bates están buenos porque es él quien los envía; quiere saber la realidad, si de verdad sirven para jugar», explica Adriana.
«Quiere saber quién lo está usando, a quién le es más cómodo, por qué unos lo usan y otros no… si no sirven, no sirven, quiere saberlo todo para ir ajustando y aprovechar la calidad de la madera, y el gesto desinteresado de Bill, que no le cuesta nada a Cuba, (…) es la forma que él tiene de aportar y así lo siente».
En el año 2013 fueron entregados más de cien bates Cubacan, y al término de la Serie 53 ya Adriana había distribuido unos 80 maderos. Los últimos llegados estuvieron en manos de quienes los usarán el 31 de marzo de 2014. Lo tiene anotado en una libreta con fechas y números.
«Entregué diez el 30 de enero de 2013: Malleta, Tabares, Rudy, Urgellés… estos fueron los primeros personalizados; 18 de marzo 2013, Despaigne recibió el suyo, firmado por René González y otro por Fernando. Hay bates personalizados para Chirino, para Frank Camilo Morejón, para Lisbán Correa, Malleta, Rudy, Tabares…». Y así una larga lista.
Gerardo y Adriana siguen haciendo planes con la pelota y con todo lo que desean hacer cuando por fin puedan estar juntos. No importa mucho que la jueza Joan Lenard lleve más de dos años sin dar respuesta sobre el hábeas corpus de Gerardo, a pesar de las nuevas pruebas incorporadas al caso y el hecho de que solo esté pidiendo una audiencia oral, la posibilidad de que lo escuchen.
«A Gerardo le gustaría un encuentro con varios peloteros, para compartir con Medina, con Javier Méndez…». Brilla cuando habla de sus deseos: «A veces yo me imagino a Gerardo en el Latino, a los dos viendo un juego. Salir por ahí, pasar por la casa a merendar algo y seguir para el estadio».
De algún modo, cuando Alexander Malleta o cualquier otro pelotero cubano levantan el bate Cubacan, ocurre la magia. Gerardo deja de estar en la celda de Victorville y si se trata de su equipo, es posible presentirlo gritando al lado de Armandito el Tintorero en el Coloso del Cerro, o en ansiosa espera, alzando plegarias por un buen batazo. Cuando el Cubacan hace contacto con la Mizuno 200, incluso si fuera solo un machucón por tercera, es posible que por un instante tanto a él, como a Bill Ryan, a Nora o a la propia Adriana, les sepa a jonrón.
Vea especial multimedia 15 Años de Injusticia

La inocencia de Gerardo

 NOTICIAS DE HOY   No. 213  Año IV
           
Servicio de INFORMACION
         
                    VIERNES 23 MAYO (III)   2014    Hora de Cierre  11:10

La inocencia de Gerardo

Por: Ricardo Alarcón de Quesada

La reunión en Londres de la Comisión Investigadora del caso de los Cinco examinó a fondo la situación específica de Gerardo Hernández Nordelo y la acusación infame (el Cargo 3 “conspiración para cometer asesinato”) presentada sólo contra él y que fundamenta su condena a morir dos veces en prisión. Se le atribuye, calumniosamente, haber participado en el derribo el 24 de febrero de 1996 de dos aeronaves del grupo terrorista autotitulado “Hermanos al Rescate”.

Desde el punto de vista legal para que un Tribunal de Estados Unidos pudiera actuar, el hecho en cuestión tenía que haber sucedido en el espacio aéreo internacional, fuera de la jurisdicción cubana. Caso contrario ninguna Corte norteamericana habría podido abordarlo.

Por eso en el juicio de Miami se discutió bastante la cuestión de la ubicación exacta del incidente, repitiendo lo que antes pasó en el Consejo de Seguridad de la ONU y en la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI). En esas discusiones surgieron siempre las contradicciones entre los radares cubanos y los de Estados Unidos. Sobre los datos norteamericanos, por cierto, habría mucho que escribir, por ejemplo, la demora en entregarlos, varios meses, que obligó a dilatar el trabajo de la OACI y la sospechosa destrucción de algunos registros, todo lo cual consta en el informe de la OACI.

Para tratar de resolver la discrepancia en lo que mostraban los radares, la OACI pidió a Estados Unidos que entregase las imágenes tomadas por sus satélites espaciales, petición que fue rechazada en 1996. Tampoco Washington permitió que las viera el Tribunal de Miami y lleva mucho tiempo oponiéndose a las repetidas solicitudes del Centro para el Derecho Constitucional y los Derechos Humanos de California y litiga ante las Cortes de ese Estado en su afán de mantener ocultas las imágenes. Pronto se cumplirán veinte años de obstinada censura.

Sólo Estados Unidos ha podido examinar lo que filmaron sus satélites, pero no permite que lo haga nadie más. Ni el Consejo de Seguridad de la ONU, ni la OACI, ni los tribunales norteamericanos. ¿Por qué?

Sólo puede haber una respuesta. Washington sabe que el incidente ocurrió dentro del mar territorial cubano, muy cerca del litoral habanero y en consecuencia, jurídicamente, nunca tuvo jurisdicción alguna sobre él. Porque las imágenes satelitales son prueba irrefutable de la mentira yanqui nadie más que las autoridades estadounidenses podrá verlas nunca.

Pero no se trata de que las imágenes exculpen a Gerardo. No eran necesarias porque para condenarlo la Fiscalía tenía que demostrar que él, personalmente, había participado en el incidente, algo totalmente absurdo, imposible de sostener, independientemente del lugar donde hubiera ocurrido el derribo de las aeronaves invasoras. El problema era y es para Washington.
Porque las imágenes prueban que Estados Unidos, sus autoridades y sus tribunales no tenían derecho alguno para juzgar un acontecimiento ocurrido más allá de su jurisdicción territorial. Debe destacarse que, según los radares norteamericanos, los aviones volaban, siempre juntos, rumbo sur y uno de ellos, al menos, conforme a su propia versión, había penetrado el territorio cubano. Incluso, si se aceptase la teoría estadounidense sobre la ubicación de los aviones, estos se hallaban en las inmediaciones de la capital cubana, muy cerca de su parte central y más poblada y en pocos minutos la habrían sobrevolado y hubieran podido atravesar la isla hasta la costa meridional.

No fue algo acontecido en la cercanía del espacio norteamericano, sino mucho más abajo del paralelo 24 que marca la separación entre las zonas de supervisión aérea de ambos países. Fue ahí, dentro del área bajo control cubano, que transcurrió buena parte del vuelo, siempre rumbo sur, hacia La Habana y desoyendo las indicaciones y advertencias emitidas por el centro de control de tráfico aéreo de nuestro país.

Pero, en todo caso, Gerardo no tuvo absolutamente nada que ver con el hecho, en cualquier lugar en que este ocurriese. Y eso lo sabían perfectamente las autoridades norteamericanas.

Según el Acta Acusatoria de septiembre de 1998, el FBI había identificado a Gerardo, conocía la misión que desempeñaba y revisaba sus comunicaciones con Cuba desde 1994, más de dos años antes de aquel suceso que agravó sensiblemente la situación entre ambos países. Las turbas de la mafia batistiano-terrorista llamaban entonces a la guerra en las calles de Miami, mientras, según escribió el Presidente Clinton en sus Memorias, en la Casa Blanca discutían un posible bombardeo a Cuba y él optó por promulgar la Ley Helms-Burton acompañada de amenazas belicosas. ¿Puede alguien imaginar que no habrían hecho nada contra Gerardo si él hubiese sido culpable? Nada hicieron, precisamente, porque les constaba su inocencia.

Por eso tampoco lo inculparon cuando fue detenido, junto a sus compañeros en septiembre de 1998. En la acusación inicial no se dice una palabra sobre lo ocurrido el 24 de febrero del 96, ni se habla de derribo de aeronaves o algo parecido. No lo hicieron porque el FBI, que poseía y había leído los mensajes entre Gerardo y La Habana, sabía que era inocente.

El Cargo 3 (“conspiración para cometer asesinato”) fue formulado, sólo contra Gerardo, más de siete meses después del arresto de los Cinco cuando ellos permanecían en confinamiento solitario –el infame “Hueco”- aislados del mundo, imposibilitados de defenderse. Para hacerlo la Fiscalía presentó una Segunda Acta Acusatoria que, y así lo registró la prensa de Miami, fue elaborada en reuniones que abiertamente celebraron el FBI, la Fiscalía y jefes de grupos terroristas.

Era una acusación arbitraria, fabricada de pies a cabeza, con el único propósito de complacer a los criminales, inflamar el odio contra Gerardo y sus compañeros y garantizar de antemano las peores, ilegales y más irracionales condenas.

El Cargo 3 fue el centro de la desaforada y vulgar campaña mediática promovida y financiada por el Gobierno Federal, con su presupuesto, que cayó como un tsunami de mentiras, sobre una comunidad inerme y paralizada por el terror –cinco artículos por día en los periódicos impresos, incesantes comentarios, día y noche, en la radio y la televisión locales –conformando lo que justamente el panel de jueces de la Corte de Apelaciones, en 2005, calificó como una “tormenta perfecta” de odio, prejuicios y hostilidad.

Gran parte del juicio giró alrededor del Cargo 3. Dentro y fuera de la sala del tribunal, individuos vinculados a “Hermanos al Rescate” alborotaban y hacían declaraciones estridentes que amplificaban los medios locales. Ellos y los “periodistas” pagados por el Gobierno perseguían y asediaban a los miembros del jurado quienes se quejaron a la jueza y ella, por su parte, varias veces también se quejó al Gobierno, por supuesto, sin resultado alguno.

En la sala del Tribunal, pese a todo, el infundio de la Fiscalía fue derrotado. Los acusadores, tan eficaces insuflando odio y prejuicios contra él, no pudieron presentar una sola prueba para vincular a Gerardo con los sucesos del 24 de febrero. Nada.

Tan contundente y obvia fue la derrota que el Gobierno hizo algo totalmente inusitado. Al final de las discusiones, cuando la jueza iba a dictar las instrucciones para guiar al jurado a la hora de emitir su veredicto, los fiscales se opusieron sorpresivamente al texto que, ajustado palabra por palabra al Acta Acusatoria, ella había preparado. Propusieron cambiarlo radicalmente. La Magistrada, con buenas razones, no aceptó la petición alegando que habían empleado siete meses discutiendo esa acusación fiscal y era ya demasiado tarde para modificarla. Ese mismo día la Fiscalía se precipitó a hacer algo aun más insólito: en una acción que reconoció “carecía de precedentes” recurrió ante la Corte de Apelaciones con una “moción de emergencia” buscando paralizar la decisión del tribunal inferior e incluso la posposición del proceso.

En el extraño documento la Fiscalía sostuvo que “a la luz de las evidencias presentadas en el juicio las instrucciones presentadas por la jueza constituyen un obstáculo insuperable para esta Fiscalía y pueden conducir al fracaso de la acusación en este Cargo”.

Debe subrayarse que, según un principio universal de Derecho, toda persona es inocente salvo que se demuestre lo contrario y que es obligación del acusador presentar las pruebas o evidencias necesarias para demostrar la culpabilidad del acusado. La Fiscalía encaraba ciertamente “un obstáculo insuperable” por la sencilla razón de que no podía mostrar prueba alguna contra Gerardo, simplemente porque estas no existen, ni pueden existir.

Carecían de cualquier prueba contra él y peor aún, sabían, pues poseían todos sus intercambios con La Habana desde hacía varios años –incluso años antes del incidente de las avionetas-, que él no había tenido relación alguna con ese hecho. En otras palabras, cuando presentó su Segunda Acta Acusatoria la Fiscalía conocía cabalmente que estaba acusando a un inocente y en consecuencia, prevaricaba imperdonable y groseramente.

El Cargo 3 fue una grave violación a la Constitución y las leyes y también a la obligación legal y hasta profesional de los fiscales. Actuaron, mano a mano con el FBI de Miami, como agentes y cómplices de una mafia terrorista que ellos debían combatir y en realidad la sirvieron con docilidad escandalosa.

La Corte de Apelaciones tampoco aceptó la tardía solicitud fiscal y a partir de ahí se produjeron acontecimientos que serían sorprendentes si no se tratase de un caso que, de principio a fin, ha sido y es un escarnio mayúsculo a la justicia.

Rápidamente, sin expresar duda alguna, sin hacer preguntas, en unas pocas horas, el Jurado declaró culpables a los Cinco de todos y cada uno de los Cargos formulados contra ellos, incluyendo el Cargo 3, sin importarle a nadie que respecto al mismo la Fiscalía había admitido su fracaso y se había empeñado por retirarlo.

Al concluir el juicio, en la primera semana de junio de 2001, la jueza anunció que dictaría las sentencias a mediados de septiembre. El abominable acto terrorista del día 11 de ese mismo mes y año al parecer la hizo cambiar de opinión. Ni ella ni el Gobierno se sentirían cómodos penalizando brutalmente a unos héroes antiterroristas mientras W. Bush se lanzaba, gozoso y con gran fanfarria, a hacerle la “guerra al terrorismo” a todo lo largo y ancho del planeta. Esperaron tres meses más.

Finalmente, el 14 de diciembre de 2001, Gerardo fue sentenciado a dos cadenas perpetuas más 15 años.

Todos, en la sala del Tribunal, sabían que castigaban a un inocente.

sábado, 12 de abril de 2014

Gerardo, las fiestas del sábado y lo que nunca vio

8 de Abril de 2014  -   Recibido del Comité Internacional por la Libertad de los Cinco cubanos

Nuestros jóvenes son muy dichosos, nos dijo Gerardo Hernández Nordelo en esta suerte de testimonio que revela simpáticos destellos de sus años de muchachón. Las palabras de este Héroe y joven sempiterno son un regalo para quienes, como él, celebran en nuestra Patria este día feliz
Rouslyn Navia Jordán – Juventud Rebelde

Desde la prisión de Victorville, en Estados Unidos, y gracias a la colaboración de Adriana Pérez O’Connor, su esposa, Gerardo Hernández Nordelo testimonió para el sitio web Soy Cuba, de nuestra editora, historias cómplices de sus años de juventud.
«Nací en 1965 y cuando se fueron los años 70 yo era casi un niño todavía. Arroyo Naranjo fue “mi mundo” hasta que estuve bastante crecidito.
«Recuerdo que todos los sábados había fiesta en casa de alguien. Creo que hoy les llaman descarga. Durante la semana, ya todos los muchachos andábamos averiguando: “¿Dónde hay fiesta el sábado?”, y nos pasábamos la información: “en calle 1ra. del Rosario”, “en Penichet, en el Capri”. Y el sábado por la noche el grupo de amigos arrancaba para allá. Donde se escuchara la música ahí era, y entrábamos muchas veces sin siquiera saber quién vivía allí. Si te ponías de suerte, se te pegaba un vasito de ponche preparado con alcohol y frutas; pero muchas de aquellas fiestas eran secas, porque si había bebida, era para los conocidos.
«Unos se pasaban la noche bailando, y otros haciendo bulto, pero casi siempre tratando de “cuadrar” con alguna muchachita. Los más afortunados lograban una cita para ir al siguiente día a la playa, al cine, a Coppelia... Aunque casi todos mis domingos comenzaban con un “Gera, te llama tu papá”. Porque el viejo, que no podía estar sin hacer nada, madrugaba los fines de semana y bien temprano ya estaba chapeando el jardín, guataqueando el patio, pintando, lijando, mecaniqueando... Yo creo que cuando no había nada roto, él lo rompía, para tener algo que arreglar.
«Yo me la pasaba protestando, porque muchas veces los sábados me acostaba tarde por las fiestas, y ya a las siete de la mañana del domingo mi papá me estaba mandando a levantar. Pero después de adulto me di cuenta de que él lo hacía con toda intención, y se lo agradezco porque, aunque no salí tan diestro como él para las labores manuales, sé manejar las herramientas básicas para hacer trabajos de mantenimiento, chapea, mecaniqueo…, mezclo concreto y soy chofer A de carretillas, todo gracias a aquellas jornadas dominicales de trabajo (in)voluntario».

¡Vaya, tu cervecita aquí!

«El cine siempre me gustaba mucho, a veces hasta iba solo. Salía de uno y entraba en otro, y veía varias películas en el día. En aquellos tiempos había muchísimos cines que, lamentablemente, ya desaparecieron, o están cerrados o tienen otros usos.
«El problema mío era que casi siempre estaba “pasma’o” con el dinero. Cuando mis hermanas eran ya trabajadoras, de vez en cuando me dejaban caer algo, pero mi mamá era ama de casa, y el estipendio venía de mi papá, que en eso nunca fue demasiado generoso, porque decía que uno tenía que sudar para saber lo que cuesta cada cosa en la vida.
«Recuerdo que una vez, cuando ya tenía edad para aprender a manejar, el viejo me dio un dinero para que pasara la escuela y sacara la licencia, y me lo gasté en otra cosa. Eso me costó que por años él se negara a enseñarme, y vine a aprender bastante tarde.
«Otra vez, en unas vacaciones, ya en los años 80, cogí una contrata para trabajar en los carnavales y ganar unos pesos. Aquella experiencia como gastronómico fue tremenda. Andaba con dos latas llenas de hielo vendiendo cerveza en las tribunas en pleno Malecón. “¡Vaya, tu cervecita aquí!” Pero con lo que me pagaron, más las propinas que me dejaban todas las noches, recuerdo que me compré un reloj Vostok y un pitusa, porque el único que tenía, hecho por mi mamá, había caminado más kilómetros que un “almendrón”».

¡Tremenda pena pasé ese día!

«A los 21 años ya yo era novio de Adriana, y mi suegro, que trabajaba en un Pío-Pío, con frecuencia hacía alguna “donación” para que pudiéramos salir a algún lugar. Aun así, la primera vez que invité a Adriana a un restaurante fue al Castillo de Jagua, en 23 y G, y a la hora de pagar no me alcanzaba el dinero. Tuve que ir a buscar más en casa de los suegros y regresar a pagar lo que faltaba. ¡Tremenda pena pasé ese día!
«En general, aquellas fiestecitas de los sábados, el cine y la playa eran mis actividades favoritas. A veces organizábamos fiestas y otras salidas con compañeros de las escuelas donde estuve. Las etapas de escuela al campo las disfrutaba también y no me perdí una.
«Ahora que han pasado los años, cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que hay vivencias de esa etapa que, en su momento, no pensé que fueran tan importantes, no las valoraba. Uno no se percataba de que estaba viviendo ciertos momentos históricos. Ir a los actos en la Plaza de la Revolución con mi CDR y escuchar un discurso de Fidel, por ejemplo; desfilar cada Primero de Mayo con Arroyo Naranjo... Cuando la despedida de duelo a las víctimas del crimen de Barbados yo tenía 11 años. Viví ese fervor revolucionario rodeado de tanta gente de todas las edades… Fueron eventos que hoy me doy cuenta de cuánto influyeron en mi formación.
«Lo otro es que uno se percata ahora de cuán sana era aquella juventud, y cuán dichosos fuimos, a pesar de las carencias. Aquí converso con muchos jóvenes, y otros que son contemporáneos conmigo, que me cuentan de que, desde que tienen uso de razón, en sus hogares se usaban drogas o las probaron en la escuela o las consumieron con sus amiguitos del barrio. Muchos de ellos me explican que sus abuelos y sus padres fueron pandilleros, y ellos no conocieron otra cosa. Asistieron a escuelas que tenían detectores de metales en las entradas, y desde chiquitos solo tuvieron dos opciones: ser pandilleros o ser abusados por las pandillas. Casi todos tienen amigos y familiares que han muerto víctimas de la violencia.
«Y cuando les digo que nunca he visto la marihuana, y mucho menos otras drogas, se ríen y no me creen. Por eso digo que nosotros fuimos dichosos, porque a lo largo de estos años he podido ver de cerca el daño que hacen las drogas: violencia, personas destruidas, familias desintegradas porque sus seres queridos cumplen largas condenas; otros seres que, por culpa del vicio, ya no son tan queridos, y sus familiares han preferido olvidarlos; unos que mueren, otros que están muertos en vida.
«Mientras más casos conozco, más me doy cuenta de lo dichoso que fuimos nosotros, de lo dichosos que son nuestros jóvenes hoy todavía, y más me convenzo de que ese ambiente sano, esa tranquilidad y seguridad de la que gozamos en Cuba, es algo que tenemos que luchar por mantener, cueste lo que cueste».

martes, 25 de marzo de 2014

El centro de todo es Gerardo Hernández

Seguidores del pensamiento de José Martí

Por Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce -
Martianos-Hermes-Cubainformación.- He observado que mi artículo donde pretendo hacer un símil entre Gerardo Hernández Nordelo con el caso Dreyfus, ha tenido poca circulación en los medios que usualmente me publican, a la cual por cierto no aspiro, aunque considero que la arbitrariedad del juicio y las sentencias, así como la necesidad de hacerle justicia a estas personas, no debe tener barreras, ni ser patrimonio de entidad alguna y requiere todo tipo de cobertura.
El esfuerzo para que liberen a estos cinco agentes cubanos injustamente procesados y sentenciados a exagerados años de prisión, es una manera más de protestar los procedimientos inhumanos utilizados por Estados Unidos de Norteamérica en contra de Cuba, donde no han faltado bajezas como esta de condenar a cinco personas que luchaban precisamente en contra del terrorismo y a quienes nunca se les comprobó cargo alguno de espionaje.
 El ángulo del mencionado artículo, escrito hace una semana, es resultado del desenvolvimiento del caso desde el momento de la detención de estas personas en 1998, hasta la fecha.
Dicho enfoque no sería correcto si nos retrotraemos a junio del 2001 cuando terminó el infame juicio. Entonces la injusticia era una sola, materializada en Cinco personas. Los Cinco se convirtieron en una entidad. Sin embargo, la actualidad no se parece a la de aquel tiempo. Dos de dichos agentes ya cumplieron las injustas sentencias, a otro sólo le aguardan tres años y un cuarto, Ramón Labañino, supuestamente le esperarían diez largos años más. Pero el tiempo de cumplimiento de la sentencia de ambos está cronológicamente determinado.
Para estas dos personas que ya cumplieron, continúan siendo injustas las condenas y las excesivas sentencias que recibieron, pero su liberación ha sido alcanzada.
En cambio, Gerardo no tiene límite o para decirlo con toda crudeza, su sentencia termina con la muerte. Está condenado a cadena perpetua que, para mayor exageración y una mejor visión de las aberraciones legales estadounidenses, son dos, como si una sola no bastase.
Quizás la poca atención a dicho artículo ha sido, porque no me referí al mismo de la manera ortodoxa que ha sido acuñada por el Estado cubano y aceptado por la generalidad de quienes nos sentimos moralmente obligados a protestar ante dicha injusticia. El lema libertad para los Cinco tiene vigencia si lo analizamos en su origen pero no exactamente en la actualidad. Desde ese ángulo he tratado el asunto exhaustivamente desde que fueron juzgados, por acusaciones de las cuales algunas son falsas y otras ciertas y obvias. A la gravedad de las acusaciones calumniosas se sumó el de condenas exageradas, basadas en lo verdadero y en lo falso. Es de señalar que de las acusaciones graves ninguna fue probada más allá de toda duda razonable y la peor de todas, la de Gerardo Hernández por asesinato, no pasa de ser una obra tragicómica de mal gusto.
Los Cinco son un solo caso y cinco personas. Una sola injusticia y Cinco voluntades, de aquí que englobar el asunto, bautizándolo con el nombre de Los Cinco tiene sentido y hace honor a la verdad.
El asunto, que en un comienzo el gobierno cubano pudo haberlo considerado como una reclamación al estilo del entonces niño, Elián González, un caso de secuestro, víctima del fanatismo de una comunidad histérica, dista hoy mucho de parecerse a aquella realidad.
Para el gran público estadounidense aquel asunto de un niño separado de sus padres, luego de circunstancias que causaron la muerte de su madre, era cuestión de sensibilidad y un derecho que sólo personas con desórdenes graves pueden impugnar.
El caso de los Cinco agentes es diferente, pues se trata de personas infiltradas en Estados Unidos, realizando labores a favor de su país, lo cual puede interpretarse como una injerencia que, inclusive para muchos impregnados de la propaganda de los medios, pueden entenderlo como un peligro para la integridad de la ciudadanía.
La realidad no fue esa. Los Cinco agentes trabajaban para detectar personas que estaban planeando atentados en contra de Cuba, realizando actos de terrorismo y colocando bombas en centro turísticos en Cuba. Estas bombas eran preparadas previamente en Salvador y luego colocadas por personas inescrupulosas de ese país, pagadas por cubanos que se llaman exiliados y quienes a nombre de supuestas libertades asumen que tienen licencia para matar y para aterrorizar al ciudadano cubano por cualquier medio, especialmente sembrando terror y muerte.
Si bien en los primeros momentos de la detención de estas personas y con posterioridad al juicio, cabía la posibilidad de que el gobierno estadounidense, en aras de las mejores relaciones con Cuba, hubiese decidido deportarlos, al menos a los tres cubanos de origen, a estas alturas y dada la vejez del caso, no es posible vislumbrarlo de igual manera.
Las consignas tienen límites cuando las realidades no las acompañan y funcionan sin vacilación cuando los convocados bajo dicho lema conocen sus partes sensibles y sobre todo cuando constituyen una militancia que en gran medida ha sido protagonistas de su origen.
A estas alturas no es tan importante movilizar militancias o a grupos de solidaridad por la libertad de los Cinco, sino de llegar a un público que especialmente y por sobre todo, desconoce el enorme crimen cometido con Gerardo Hernández, condenándolo a muerte entre paredes, por un acto que no cometió.
La sensibilidad del pueblo estadounidense y la de ningún otro, se levanta haciendo alusiones a violaciones judiciales de un caso criminal. Esas cuestiones existen en todos los lugares y en Estados Unidos de Norteamérica son quizás más comunes.
En cambio cuando de condenas a muerte se trata y al cabo de decenas de años se descubre la inocencia del reo, el hecho cobra mayor significación y entonces también se puede hacer la historia completa del caso y poner los hechos en perspectiva.
Tela por donde cortar en el caso de Gerardo sobra y periodistas, con ambición suficiente para cobrar celebridad (y dinero) con un asunto que al gran público estadounidense con toda seguridad podría interesarle, identificándose con el dolor ante la gran injusticia cometida, estoy seguro que abundan.  
Pero el asunto debe dirimirse en territorio estadounidense, especialmente en Washington y específicamente en la Casas Blanca.
Hasta que el falso asesinato imputado a Gerardo no sea puesto en dudas dentro de las altas esferas de la política de Washington, culpables de permitir que el juicio se politizara hasta el extremo de convertirlo en una farsa judicial, nada se habrá adelantado.
 Los Cinco seguirán existiendo, la injusticia en contra de los Cinco continuará siendo un baldón más para la justicia estadounidense, pero el centro de la atención gravita en la TOTAL inocencia de Gerardo del cargo de asesinato en primer grado.
 Así lo veo y así lo digo.
*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.  

domingo, 16 de marzo de 2014

El Caso Dreyfus del Siglo XXI


Por Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- En medio de una sociedad medianamente dividida por razones étnicas y raciales, una persona resulta acusada de espionaje. Ninguna prueba fehaciente del delito fue presentada en el juicio, pero las presiones del medio, la prensa siempre sensacionalista y la cólera nacida de las radicalidad política, confluyó en una condena de por vida. 
La familia, abrumada por la injusticia, logró en un momento hallar un periodista llamado Bernard Lazare, para que enfrentase la tremenda injusticia. 
Más tarde, un escritor famoso de la época, Emilio Zola, escribió un alegato a favor de quien había sido víctima de una legalidad, que fundamentó su decisión exclusivamente en razones políticas y en las pasiones del medio. Como consecuencia de ese proceso injusto y la existencia de una rabia nacida de un infundado espíritu de revancha, un hombre fue llevado a las ergástulas, en una época donde las condiciones penales aún se remontaban al primitivismo romano.  
Dos años antes, en el año 1896, un funcionario honesto y justiciero relacionado con las estructuras de Estado, descubrió que el culpable había sido otro, pero el sistema jurídico que lo había condenado se negó a reconsiderar su decisión. 
El caso al cual nos referimos es conocido como el Caso Dreyfus, un capitán del ejército francés de origen judío, acusado falsamente de espionaje.
En la ciudad de Miami, en setiembre de 1998, fueron apresadas 10 personas de origen cubano, a quienes desde el inicio se les consideró espías al servicio del gobierno cubano. De estas diez personas, cinco fueron instruidos de cargo acusadas de varios delitos, las otras hicieron arreglos con la fiscalía a cambio de no ser enjuiciadas. 
Dichas acusaciones fueron las siguientes:
A)  Conspiración para cometer asesinato en primer grado
B)   Conspiración para cometer espionaje
C)   Conspiración para cometer delito en contra de Estados Unidos
D)  Identidad y Documentación falsa 
De todos estos cargos, el más grave de ellos, “Conspiración para cometer asesinato en primer grado”, fue imputado a Gerardo Hernández, jefe operativo de una red de agentes de la inteligencia cubana, enviada a Miami para detectar a terroristas que en la década del noventa estaban desarrollando una intensa actividad de esa índole, orientada a desestabilizar al Estado cubano. 
En realidad, de acuerdo a la defensa, el cargo de conspiración para cometer espionaje nunca fue probado. 
Del mencionado cargo fueron instruidos Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero, implicando el mismo que dichas personas habían robado información sensible del Estado de Norte de América llamado Estados Unidos. (Siempre es importante aclarar que en el Norte de América existe otro Estado llamado Canadá). 
De los tres acusados, sólo Ramón y Antonio podían presentar ligeras dudas sobre la veracidad de la acusación, pero en ninguno de los dos casos hubo pruebas contundentes para que pudiesen resultar culpables “más allá de toda duda razonable”.
Las condiciones políticas del medio donde se desarrolla el juicio estaba compuesto por 50% de cubanos, la mayoría de los cuales tenían (especialmente a comienzos del Siglo XXI), grandes prejuicios, reservas y espíritu de revancha, respecto al gobierno de Cuba. Lamentablemente el reducido número que padecían el síndrome de la revancha, dominaban los gobiernos locales, la prensa privada y los medios informativos federales llamados Radio y TV Martí.    
El más grave de los cargos, el imputado a Gerardo Hernández por asesinato en primer grado, era a todas luces una vileza jurídica que estaba dirigida precisamente a satisfacer la irresponsabilidad de un grupito de personas que ocasionaron el derrumbe de dos avionetas que incursionaban y habían incursionado con anterioridad, el espacio aéreo cubano, en varias oportunidades, lanzando panfletos que alentaban a la población a rebelarse en contra del gobierno cubano. Los autores tienen cargos en los tribunales cubanos y por supuesto son reclamados por la justicia de ese país. 
Para lavarles la cara ante la irresponsabilidad de haber volado en territorio cubano, a pesar de haber sido advertidos por el propio gobierno estadounidense de que serían derribados en caso de violar nuevamente un territorio extranjero, Gerardo Hernández fue convertido en el Alfred Dreyfus de Estados Unidos. 
Lo que añade iniquidad a la injusticia de un caso obviamente politizado, es que toma lugar en el país que con mayor seriedad y certeza, se pusieron en vigor los aportes liberales que dieron al traste finalmente con el feudalismo y por el otro lado, por ocurrir ciento dos años después de la terrible injusticia que llegó incluso a poner en peligro a la República en Francia. 
La diferencia principal en este caso es que no ha surgido un periodista como Bernard Lazare o un intelectual de fama equivalente al Emilio Zola de la época, que pongan a rodar el caso y lo proyecten universalmente como su justa dimensión merece. 
Los cinco agentes en general han cumplido sus delitos reales en los casi quince años que llevan en prisión. Dos de ellos incluso ya cumplieron sus sentencias, aunque vale mencionar tanto en el caso de estos dos, como el de los tres aún en prisión, que no todos los cargos fueron comprobados en su totalidad y las defensas no tuvieron acceso (aún no la han tenido), a todas las supuestas pruebas de la fiscalía. Las huellas de la injusticia continúan para los Cinco y no serán borradas hasta que una Corte de Casación como en el caso Dreyfus en 1906 o un Perdón Presidencial, no anule el juicio o les conceda inocencia, para que se haga justicia. 
Pero salvando esos aspectos y sin considerar la gravedad de los mismos, el caso de Gerardo merece una atención de la que ha adolecido, precisamente porque a la injusticia del juicio se agrega la perpetuidad de la sentencia. 
Quizás esta particularidad ha ocurrido porque las personas de nivel gubernamental o con una dimensión pública capaz de llegar a la cúspide del Estado en Washington, no han entendido la politización del caso, careciendo por ende de la suficiente curiosidad para revisar el expediente acusatorio de este nuevo Dreyfusdel Siglo XXI. 
Dejo por ahora el asunto, siempre con la esperanza de que un articulista, de centésima importancia como es mi caso, sea leído o escuchado por un oído justiciero y haga el trabajo que la ética periodística requiere ante sucesos como este. 
Pero quiero señalar ante de concluir, que la prensa ha sido tan ruin y abyecta, que aún se refiere a estas cinco personas como “los espías cubanos”, cuando en realidad ninguna de las acusaciones menciona esa palabra, simplemente porque no existe en la jurisprudencia estadounidense, excepto conspiración para cometer espionaje, lo cual tampoco fue probado más allá de la duda razonable.
Así lo veo y así lo digo.
*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Participa Adriana Pérez en exposición fotográfica y presentación documental en Bruselas

Participa Adriana Pérez en presentación el documental « Las esposas cubanas » en festival de la solidaridad en Bélgica

Bélgica 23 de septiembre. En el marco de las actividades del evento “Che presente – Manifiesta” y como parte de las acciones de la Jornada Internacional por la Liberación de los Cinco, tuvo lugar la proyección del documental “Las esposas cubanas”, el cual aborda el caso de los Cinco Cubanos injustamente encarcelados en Estados Unidos por proteger a su pueblo de acciones terroristas. La presentación del filme estuvo a cargo del diputado belga Kurt de Loor y del dirigente sindical Barend Claessems, así como de Adriana Pérez O´Connor, esposa de Gerardo Hernández y Katrien  Demuynck, coordinadora del Comité para la Liberación de los Cinco en Bélgica quien explicó las acciones que se han llevado a cabo en Bélgica y en Europa a favor de la liberación de los Cinco Cubanos, así como la importancia de la solidaridad internacional y la necesidad de seguir apoyando y reclamando con insistencia al gobierno norteamericano la libertad de estos hombres y su inmediato regreso a Cuba.

En sus palabras al nutrido público que colmó la sala, el diputado De Loor reiteró su compromiso como ser humano con la liberación de los cubanos antiterroristas encarcelados desde hace 15 años, y detalló algunas de las acciones que ha llevado a cabo para sensibilizar al pueblo y la opinión pública norteamericanos y al mundo en general, destacando que no puede abandonarse la lucha por la liberación de los cuatro cubanos que aún permanecen en prisión, que ahora es el momento de aumentar la presión internacional para que el presidente Obama ejerza sus prerrogativas y los ponga en libertad. Por su parte Barend Claessems explicó que los sindicatos han enviado cartas al presidente Obama, al parlamento, al Ministro de Asuntos Exteriores y a la embajada norteamericana, demandando la liberación de los Cinco. Explicó las acciones llevadas a cabo por el Grupo de Trabajo sobre Cuba y expresó el compromiso de continuar trabajando para la causa de los Cinco.

Muchas emociones embargaron a los presentes, que, al terminar la película tuvieron la oportunidad de conversar con Adriana Pérez, quien abordó la situación que viven hoy los cuatro compañeros que permanecen presos y sus familiares, así como el significado de portar una cinta amarilla, como forma de decirle al pueblo norteamericano en su propio lenguaje, que el pueblo cubano espera el regreso de sus hijos presos y que hay cuatro familias cubanas incompletas.

El documental, realizado a partir del testimonio de las esposas y familiares de los Cinco, muestra al espectador el lado personal de la historia y la batalla por la liberación de estos hombres que han guardado prisión durante quince años. Igualmente, las entrevistas al diplomático norteamericano Wayne Smith, al abogado José Pertierra, a Ricardo Alarcón y al teólogo brasileño Frei Betto; entre otros, exponen las irregularidades del amañado proceso legal seguido contra los Cinco que trajo como consecuencia su condena a penas exageradas aun cuando la mayor parte de los cargos imputados no han podido ser probados.

Participa Adriana Pérez en exposición fotográfica sobre Cuba en Bruselas

Bélgica, 23 de septiembre. El pasado 18 de septiembre tuvo lugar el vernissage de la exposición “Cuba, mi amor” del fotógrafo belga Regi Rotty, quien es miembro de la organización de solidaridad con Cuba “Amigos de Cuba”. En el evento estuvo presente Adriana Pérez O´Connor, esposa de Gerardo Hernández Nordelo, uno de los Cinco cubanos injustamente encarcelados en Estados Unidos. Adriana asistió a la exposición acompañada por funcionarios de la Embajada de Cuba en Bélgica.

A partir de participación de Adriana en la exposición, los asistentes tuvieron la oportunidad de conocer de primera mano la situación del caso de los Cinco, especialmente de Gerardo, quien fue condenado a dos cadenas perpetuas más quince años por delitos que no han sido probados y quien, junto a sus hermanos ha cumplido 15 años de cárcel.

La exposición “Cuba, mi amor” muestra en fotos de primeros planos las características del pueblo cubano, su alegría y también las manifestaciones culturales que lo identifican, como la música y el baile, dejando ver la espiritualidad de un “pueblo grande”, como fue expresado por varios  de los presentes en el evento.

Embacuba Bélgica